Capítulo 14.

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-Lucerys, necesito ayudarte, reacciona. - Eso no de nuevo, me quede con los ojos cerrados y sin moverme, sentía la mano de éste Aemond en el brazo sano, esta ves si sentía dolor, me dolia horrible todo, jamás en mi vida había sentido tanto dolor.

-Alejate de mi. - Susurre molesto. - Esto duele como el carajo y tu tienes la culpa.-Respire profundo, me dolía.

-Yo no quice hecerlo, Arrax lo atacó y no pude controlar a Vhagar, déjame ayudarte.oude vendar todo en la noche pero has pasado inconsciente. - Negué a dejarme ayudar.

-Quiero ir a casa por favor. - Llore.

-Te llevare a casa. - Quería que se callara, su voz era idéntica a la del hombre que amaba, y este y mi Aemond no eran los mismos.

-DEJA DE HABLAR MALDITO IDIOTA. - Grite.

Todo se volvió negro muy rápido -LUCERYS. - Mis ojo se abrieron de golpe y vi a mi Aemond.-Carajo ardes en fiebre, qué te pasa. - No respondí, esto era horrible, que mierda pasaba, me dolia todo pero aquí no estaba herido, aquí estaba bien.

-El bebé. - Susurre al escuchar a Kai llorar.

-Me procupas más tú, estas ardiendo, ire a por el médico. - Sujete la mano de Aemond.

-Mira a Kai, no lo dejes llorar, hay medicamento para la fiebre en ese cajon. - Señalé.

Aemond me dio el medicamento y me bebí una cuchara, vi a Aemond calmar al bebé y acostarlo de nuevo.

-¿Me preocupas amor?, ayer asustado hoy gritando. - Respire pesadamente.

-Ya estoy mejor son solo pesadillas. - Hablé. - Unas muy feas.-Lo abracé el miedo parecía desvanecerse en sus brazos.

Cuando amaneció me levante de la cama, no podía quedarme postrado en una cama, tenía una familia y cosas por hacer.

-¿Seguro estas bien?. - Dijo Aemond mientras desayunavamos, antes de irse a trabajar.

-Si, solo fue un sueño. - Le Sonreí. -Estaré bien aquí no te preocupes, cuidare a Kai y estare tranquilo.

Hice todo normal y la tarde no tardo en llegar, había empezado a pintar a Kai, era un bebé tan tierno, estaba enamorado de mi pequeño niño.

-Hola. - Aemond entro y me miro pintando.-Me gusta verte activo. - Me abrazo. - Te ves bien cosa. - Le dijo al bebé.

-Aemond, se llama Kai, no cosa. - Me rei.

-Cosa. - Repitió. -Mira ésto. - Me entregó  una pócima. - Es para que puedas dormir, me la dio el médico. - De seguro era un medicamento que me doparia las noches y evitaría que sueñe.

-Que te dijo el médico. - Señalé.

-Te relajara, me preocupa que te enfermes por no dormir como se debe. - Suspiré.-Y traje ésto. - Me entrego tela fina, parecía costosa. - Supuse que ibas a querer hacerle más ropa a la cosa, además el lino es para ti podrás hacerte algo lindo con eso.

-Eres el mejor. - Lo abracé. - En serio eres el mejor.

-Espero poder seguir siendo el mejor siempre para ti, mi amor. - Me beso en los labios delicadamente.-Me encontre con Eryn. - Mire mal a Aemond, por lo que entendía el muchacho se insinuaba a el.

-Y.-Deje la pintura.-De nuevo se te insinua.

-No, no es eso, el cargamento de mujeres en donde llego la mujer que venía con Kai están trabajando en el pueblo pues las compraron los que emplean a Eryn. - Suspiré.

-Ah, y por que te lo contó. - Me molestaba que ese vendedor de cuerpo estuviera cerca de Aemond.

-Por que me lo encontré. - Me miro riendose. - ¿El gran Lucerys Velaryon, está celoso?. -Me dijo en el oído.

-No estoy celoso. - Me queje. - Solo que el se dedica a conquistar gente y por si no lo sabias Aemond ERES MIO.

-Lo se.-Susurró. - Sabes perfectamente que no habra nada entre el y yo, yo te amo y no te engañaria.

-Pero eso no quita que sea un vendedor de sexo, Aemond. - El me tapo la boca.

-El niño te escucha. - Le pegué.

-CLARO, PON DE PRETEXTO AL NIÑO. - Me escandalise y Aemond me beso.

-Para que voy a querer otro cuerpo, si tengo el tuyo. - Me beso de nuevo mientras me sujetaba firmemente.

Dos días despues de eso las pesadillas no habían regresado, la pócima para dormir me mantenía tranquilo y en mi mundo.

La carta de respuesta de mi hermano llego esa misma tarde, mientras yo veía a Aemond pasear a la "Cosa" en el caballo mientras lo cargaba.

Aun que a Aemond no le gustara admitir, Kai había ganado su corazón también.

El final de la guerra.- En edicion.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora