Acabé de responder lo que creí normal para Jacaerys incluyendo la respuesta de Aemond de que iriamos gustosos por Aegon.
Hermanito quiero que me cuentes en una carta privada por que te molesta tanto el matrimonio de Aegon. -Coloque en el papel antes de darle al ave y mandarlo de regreso a Dragónstone.
-¿Cuanto crees que tarde en llegar?. - Aemond vio al ave irse.
-Uno o dos días, dependiendo el clima Luce, si vuelve a llover como ayer probablemente dos. - Asentí.
-Tienes que reoarar el techo mi amor. - Le dije a Aemond señalando que al techo de nuestra casa se le había caído una buena parte de paja del techo.
-Lo hare, guardas a las cabritas. - Las señaló y ahora ya estaban atadas al corral ya que Aemond las había agarrado a todas y estaba todo manchado por tanto revolcarse en el suelo.
-Si, a mi no se me escapan. - Le presumi y corrí a agarrarlas de la sogas y a llevarlas dentro del corral con su mamá, había aprendido algunas cosas de animales y como cuidarlos viviendo con Aemond, había empezado a entrenar con un palo y costales cuando Aemond no estaba, había decidido que necesitaba dejar de ser un pies izquierdos, no necesitaba usar la fuerza en este lugar pero yo siempre había sido un guerrero, Jacaerys y yo entrenabamos juntos siempre, había pensado en decirle a Aemond que me entrenara pero no quería sujetar un arma contra el por miedo a quitarle un ojo y que la historia se repitiera.
-Lucerys. - Me grito.
-Dime. - Dije viendolo en el techo.
-Deja de estar por las nubes y pasame el material para arreglar el techo. - Lo ayude pasandole las herramientas y las ramitas de paja, cuando termino se bajo del lugar. - Espero no vuelva a llover o perderemos más techo y no quiero estar trepado allí arreglandolo, cuando mi asistente se queda viendo a la nada.
-Perdón cariño. - Me rei abrazándolo, disculpa.
-No te preocupes. - Me beso. - Que hambre.
-Si, duchemonos y te preparo algo. - Le dije.
Estaba cortando la carne y algo a lo que me había acostumbrado era a revisar cosas que necesitabamos por que ibamos a cosechar cosas con Aemond y el iba a comprar carne o cazaba y traía carne.
-Nos hace falta verduras. - Pense en voz alta, acabando las ultimas en una ensalada. - Ven a comer. - Le llame quitandole su atención del libro.
Se sentó y comimos en silencio todo, lave los platos y nos fuimos al cuarto.-Que cansado estoy. - Me tendí en la cama, escuche la lluvia volver a caer contra la casa.
-Maldito clima. - Se quejo Aemond.
-Ven a recostarte conmigo, no podemos controlar el clima. - Le Sonreí.
-Lo se, eso me enoja el doble. - Se acostó a mi lado, estabamos recostados y Aemond me leía, un estruendoso golpeteo contra nuestara puerta me espanto, sonaba como loca y Aemond dejo de leer.
-HOLA, VIVE ALGUIEN AQUÍ. - Gritaron.
-Ahí alguien fuera. - Le susurre a Aemond.
El asintió. - Quedate aquí voy a ver. - Aemond se levantó y escuche que abrio la puerta.
-Gracias a los Dioses. - Estaba mirando desde la puerta del cuarto, una mujer entro cuando Aemond abrio la puerta y Aemomd la miro mal y cerró la puerta de la entrada.
-¿Quien eres?. - Le dijo.
-Gracias por ayudarme. - La mujer quito de su cuerpo una tela grande dejando ver entre sus brazos a un bebé. - Soy Myra.
-¿Por qué golpear mi puerta? ¿De donde eres?. - Le interrogo aún con la guardia alta sin tomar en cuenta a la bebé.
-Una embarcación nos trajo del norte, y corrí cuando me liberaron.-le mostro su pie que tenía guella de una cadena no muy antigua.
-El recién nacido que traes ahí es tuyo.-Ella nego.
-Una joven que estaba cerca mío lo tuvo en medio de la embarcación y murio yo me lo quede, no lo iba a dejar, moriría. - Aemond no parecía convencido y la mujer se veía helada con esa ropa.
-¿Cómo se que no mientes?. - Dijo molesto.
-No miento, ayúdeme por favor puedo dar lo que pida a cambio, fuera el clima es horrible. - Le suplicó.
-Luce que opinas de ésto. - Me habló y la mujer automáticamente busco a la otra persona con la que Aemond hablaba.
-No puedes dejar a la mujer o al recién nacido fuera. - Salí de mi escondite.
-Puedes quedarte por esta noche, mañana no te quiero en mi casa. - Habló. - ¿Puedes encargarte?. - Me preguntó y asenti, el regreso a la habitación y yo camine a la mujer y tomé al bebé qe estaba mojado.
-Uh.. Estas frío. - Le dije, el bebé me miraba sin llorar. - Yo les calentare agua.
Calenté la bañera y la mujer se ducho, yo limpié al bebé con agua y le preste ropa a la mujer y secaba al bebé con la tela iba a enrollarlo en una manta y Aemond puso una caja frente a mi. - Creo que le servirá. - Abrí la caja y era la ropa de un bebé, se la puse ante los ojos curiosos de la mujer, me intrigaba saber de donde había salido aquella caja con ropa para bebé.
-Espero estén comodos. - le devolví el bebé a la mujer.
-Muchas gracias por recibirnos en ésta casa. - Sonreí.
-No es nada, Aemond no hubiera podido dejarlos fuera. - Aemond elevo la ceja desde la puerta, en realidad el si era muy capaz de dejarlos fuera.
-Aemond no ibas a dormir. - Le dije.
-No. - Parecía que desde donde estaba vigilaba a la pobre mujer a quien era evidente intimidaba.
-La asustas. - Le susurre.
-Eso es bueno, no quiero despertar mañana y no tener mis cosas de valor. - El era un desconfiado.
-De donde salió esa caja de ropa. - Le Cuestione.
-Lo compre para mi hermana, para desearle qe su matrimonio sea lleno de felicidad y descendencia, la tengo desde hace bastante guardada, y ahora ya ocupamos mi obsequio. - Con razón la tela de la vestimenta era tan fina, Aemond la había comprado para alguien importante.
-Podemos comprar más. - El asintió.
-No me gusta tener extraños en casa. - Se quejo.-Si esa mujer no se hubiera metido.
-Y planeas pararte allí toda la noche. - Le susurre y el asintió.
-Vamos, podríamos dejar que duerma y ya los mandas mañana.-Aconseje.
-Y mañana despertar con la noticia de que nos robaron, no lo creo.
Aemond era un paranoico, así que preferí no insistirle.
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El final de la guerra.- En edicion.
Fiksi PenggemarLa guerra había comenzado y todo era cuestión de tiempo para definir quien estaría al mando, sin embargo que caprichoso es el destino y cuan complicados son sus caprichos. El dragón de Aemond estaba tan cerca de mi que todo el cuerpo se me heló, lo...
