«Echamos a perder todas las historias de amor intentando que duren para siempre».
~ Oscar Wilde
IRINA
¿Debería estar acostumbrada a que las personas me traten bien sólo por ser este “tipo de mujer"?
Le di una última sonrisa fingida a los guardias para que me dejaran entrar a la mansión. Ellos con gusto me abrieron el portón de la entrada y me siguieron hasta la puerta principal de la casa. Tan amables como siempre.
Menudos idiotas.
Sé por qué me tratan así.
Noté en primer lugar que, la puerta estaba sin seguro así que se me hizo fácil girar la cerradura y entré sin pedir permiso. Me daba igual, cada vez que venía no tenía por qué pedirlo.
Al estar en la sala, no había rastro de él por ninguna parte. Es raro porque hoy era domingo y se supone que no debería estar en la empresa trabajando.
Di otro vistazo por el lugar hasta que sentí una mirada sobre mí.
Me giré a la dirección de dónde provenía esa sensación de ser vista. Terminé reparando en una señorita de baja estatura, con una camisa ancha que le llegaba hasta la mitad de los muslos y con unas pantuflas de…¿Pato?
La miré de arriba abajo, analizando su presencia en un lugar como éste. Ella hizo lo mismo conmigo, con la misma manera inquisitiva.
Aunque, ella a diferencia de mí, con sus expresiones serias y sus brazos cruzados sobre su pecho, me daba a entender: “Que me quería fuera de su casa”.
Esperen, ¿Su casa?
¿Porqué debería serlo?
Ella no tenía pinta de ser una de esas niñas con las que Dorian se enrollaría. Él era más exigente que nada en el mundo al momento de elegir a alguien con quien pasar el rato. Estaba totalmente segura de que ella no era su tipo.
Además, decir: “su casa” es una expresión errónea. No cabe dentro del vocabulario de Dorian. Darle aquel poder de sus bienes a alguien más eso sí que es imposible, al menos en él.
Pero, ¿Ella que lugar ocupa aquí?
Iba a preguntarle directamente quién era, pero de pronto el guapo con ojos azules se dejó ver por el pasillo, traía dos tazas de café y por lo visto, aún se acababa de levantar porque seguía con su pijama y pantuflas de…¿vaca?
¿Qué es esto?
Dorian…esto es increíble.
No es propio de él ser así de infantil, y menos hacer juego con…
Cerré los ojos un segundo.
Los volví a abrir para verificar si esto era real, y para mí mayor confusión: lo era.
Dorian se acercó a la sala donde estábamos nosotras, traía una sonrisa burlona en el rostro. Se detuvo justamente al lado de aquella niña baja con cabello corto. Le extendió una taza de café, la cual ella no tomó porque su atención estaba puesta en mí.
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FUISTE TÚ PRIMERO
Teen FictionEn toda historia como en la vida, existen dos versiones. No es fácil identificar cuál es la verdadera, pero puede que las dos sean reales dependiendo de la persona que se la crea. ¿Hay algo de malo en eso? Probablemente sí, porque a veces, sin quere...
