CAPÍTULO 31

189 26 5
                                        

«Que te disparen si quieren, al final podrán ver qué no tienes un corazón roto...porque debido a todo el dolor, logró convertirse en uno elástico».
— Anne Miller.

DORIAN

Solo pude observar desde la puerta lo hermosa que mi Khorek se veía con ese vestido rojo y el maquillaje que le hicieron. Estaba ya casi lista para irnos a la ceremonia de graduación.

Ella había elegido un vestido color rojo porque resaltaba más con su tono de piel. El detalle de los hombros desnudos y la tela corrugada en el escote le da un toque sexy pero formal a su diseño. Ese vestido se pegaba en su abdomen pero se quedaba holgado de la cintura para abajo, era el clásico vestido de satín.

—Señorita, ¿Qué color de peluca usará? —una de las estilistas le preguntó a Annie.

—Ninguna. Iré así—le sonrió al espejo, contenta con su apariencia.

Contuve mis lágrimas.

Este era uno de los grandes pasos para Anne, y estaba orgulloso de que hoy ella quiera mostrarse como es: libre, segura de sí misma, feliz y plena.

***

El lugar estaba completamente lleno de universitarios con toga, maestros encorbatados y de familiares de los graduados. Al parecer la temática que el lugar estaba manejando era el de colores vibrantes y elegantes, estos no dejaban de verse en la alfombra que era de color rojo; las togas carmesí y los grilletes con hileras doradas; y en la decoraciones de las sillas y mesas que eran detalladas con el moño color oro.

La invitación estaba abierta solo para el graduado y seis acompañantes, así que solo Samantha y los cuatro idiotas que juraron no perderse este momento, vinieron con nosotros.

Dejé de observar cada arreglo del lugar para centrar mi atención en mi pequeña financista. Analizando su mandíbula tensa y sus movimientos de chasquear los dedos, era evidente que estaba ansiosa.

Annie quería ocultar su nerviosismo pero la conozco tan bien que estaba seguro que quería salir huyendo, pero también estaba con el dilema de querer quedarse aquí a dar su discurso.

Me acerqué a ella para calmarla, pasé mi pulgar en su mentón con delicadeza antes de alzar su rostro para que me mirara a los ojos. Ella decía que mis ojos le daban paz, no me gustaba que lo dijera porque el mayor fan de sus ojos era yo, pero si en ocasiones como éstas sirve para ayudarla, está bien.

Sus pómulos se remarcaron cuando sonrió.

—¿Te sientes bien? —quise saber ya que además de su notable inquietud por los nervios, entre ratos hacía gestos como si el aire le faltara.

—Sí. Estoy cansada pero dispuesta—enarcó una ceja y me sacó la lengua momentos antes de separarse y hacerse a un lado para caminar hacia las sillas de honor.

Iba a impedir su huida pero en eso me di cuenta de que un maestro de su carrera la había llamado. Aquel hombre era uno de los que la ayudó como supervisor en su tesis, varias veces fue a nuestra casa para recomendarle algunas ideas para que todo saliera perfecto.

—¿Qué más te dijo mi padre? —la voz de Samantha interrumpió mi silencio interno—. Y no me niegues nada, yo te escuché hablar con alguien hace unos días.

FUISTE TÚ PRIMEROHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora