CAPÍTULO EXTRA IV |Tú no lo elijes|

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«Es absolutamente erróneo suponer que los demás están en condiciones de comprender nuestros sentimientos más profundos».
—Yukio Mishima.


★★★


Ella miraba por la ventana mientras la nieve caía. Habían muchas personas afuera, en el jardín, parecían no tener frío pese a los bajos grados de temperatura; ella los miraba felices a pesar de llevar una vida desgraciada .Aunque, en el fondo anhelaba perder la razón como aquellos que hablaban con árboles o sonreían solos, o en los peores casos…no saber que estaban respirando.

El aire frío del ambiente hacía que los vellos de su piel se levantaran de forma que le parecía graciosa, tenía ganas de abrigarse para calmar esa reacción pero, necesitaba sentir algo en su cuerpo, algo más que dolor…aquel dolor que no podía curarse con clonazepam.

Sintió la presencia de alguien a sus espaldas, pero no estaba segura si era producto de su imaginación o si alguien verdaderamente se encontraba ahí. No giró ni un centímetro su cuerpo para averiguarlo, estaba muy cansada de todo. Permaneció quieta y continuó observando a los que iban y venían.

Se escucharon pasos caminar hacia su dirección, de nuevo no hizo caso. Habían días que su mente le jugaba malas pasadas. Quizá esta vez no era la excepción. Movieron una silla y la pusieron a su lado, Anne tuvo que ladear la cabeza, esto se sentía muy real.

Sus ojos cayeron en una señora de pelo canoso. Aquella mujer le sonrió, Anne apenas y movió los labios tratando de formar una sonrisa de boca cerrada.

Ninguna dijo nada por varios minutos. Margot parecía muy tranquila a pesar de que hace unas horas Anne intentó acabar con su vida, y no es que no le preocupara sino que era casi un hábito de la joven, no tenía caso vivir sobrepensando y con una fuerte preocupación. Nunca sabía de donde sacaba todos esos utensilios filosos, pero de una u otra forma, casi siempre estaba al borde de la muerte.

Anne por su parte, estaba entumida, apacible y muy…muy sedada. Eso era obra de las pastillas antidepresivas, pero no le ayudaban en nada, sólo le hacían no sentir físicamente pero el dolor estaba ahí, en ese rinconcito de su pecho.

Margot soltó un suspiro, la joven estaba segura que venía una plática motivacional.

—¿Cómo te sientes? —le preguntó tratando de sonar lo más melosa posible.

—¿Te digo la verdad o la mentira?

—Es de mala educación responder con otra pregunta—le recordó—. Dime la verdad.

—No siento nada…—confesó ella—al menos no físicamente.

—Sabes que me refiero a tus sentimientos—Anne soltó una risa irónica, sonó como un «». Mayormente luego de no haber logrado suicidarse, la pasaba de malas—. Anne, hemos pasado por esto tantas veces y…

—¿Y qué? Tú sabes que ya nada cambiará, que seguiré aquí por el resto de mi vida, ya no existe un futuro par.

—¿Es por él?

Anne se tensó ante el la mención de él. No le gustaba hablar de Dorian después de haberse intentado matar. Le dolía recordarlo. Ardía más que poner una mano en la brasa.

Pasó de sentirte triste a sentirse furiosa. Se levantó de la silla y la aventó con coraje hacia un lado. La enfermera siguió con la mirada el movimiento que dio la silla hasta estrellarse contra el suelo.

Esa joven de cabello largo hasta los hombros y ojeras de color verde debajo de sus ojos marrones, comenzó a frotar sus manos en su cara de forma brusca y seca. Así que a Margot no le quedó de otra que acercarse para impedir que siguiera lastimándose.

—Annie, cálmate—recibió unos sopapos pero no desistió—. Hablemos tranquilamente, cariño.

Ese «cariño» hizo efecto en Anne y bajó las manos de su rostro. La enfermera la llevó a sentar a su cama, y ahí acarició con gentileza su cabello.

— ¿Quieres hablar de él? —inquirió sin ejercer presión. Anne asintió lentamente—. En aquel capítulo…él regresa, ¿Porqué?

—¿Lo has leído?

—Sí. Entonces…¿Porqué lo hiciste? —Margot siempre había tenido la duda de “¿porqué lo sigue justificando a pesar del daño?”

—Lo extraño.

—Él te hizo daño. Te arruinó la vida, Anne.

—No.

—Anne…

—Él hizo las cosas pero yo decidí si me afectaban o no—la respuesta no era la esperada, no había justificación para que él haya hecho lo que hizo.

—No tiene sentido. Él no volvió, te trataba mal, te usó…te ilusionó y…

—Lo sé, pero no todo es su culpa. Yo nunca lo detuve, jamás le dije: “no me toques, no quiero acostarme contigo”…si nosotros nos tocábamos era porque lo permití, lo disfruté al igual que él…—tomó su pausa—nunca dejamos en claro qué éramos. Mantuvimos encuentros, él asumió que yo estaba bien así…y era la verdad, yo no lo amaba, me atraía porque era guapo…pero me enamoré al final…con el tiempo, con el trato—arrugó su nariz.

«Solo yo sé cómo era Dorian conmigo. Sé que hubo una temporada que me trató como cabrón, pero luego lo compensó, me trató bien, me atendió y me compartió sus secretos más dolorosos… él me quiso Margot—ella lo dijo con mucha seguridad, todas fueron palabras salidas de sus recuerdos— . Quizá lo hizo a su forma, rara y poco convincente pero el hecho que no me demuestre amor como quiero…no quiere decir que no lo sienta.

Dorian tiene la culpa de no haber cumplido su promesa—recordarlo le hacía un nudo en la garganta, uno que apretaba su respiración y oprimía su pecho—, pero es una culpa compartida porque yo permití que me afectara. Pude haber tomado una decisión muy diferente a esta que me lleva a la autodestrucción, pero no quiero.

A Margot no dejaba de parecerle que él había tenido toda la culpa. Él la había dañado y punto. No le importó ilusionarla y dejarla a su suerte. Eso no fue muy “te amo” de su parte.

—Eso es masoquista. Debes amarte a ti misma.

—Lo hago, por eso mismo lo sigo teniendo en un pedestal…en mi libro, porque así duele menos—sintió humedad en su cuello, no se percató de que había llorado—. En la escritura encontré mi refugio, mi anestesia al dolor…poder tener a Dorian como el bueno me ayuda a creer que pudimos serlo todo…que pudo haber un final feliz en nuestra historia.

—No te comprendo—Margot sacudió la cabeza.

—No espero que nadie lo haga, sólo yo sé lo que sentí…lo que sentimos—sonrió con nostalgia.

—¿Quieres que vuelva? ¿Lo perdonarás? —la enfermera estaba consiente que era imposible, pero no estaba de más preguntarle. Aunque, ya sabía la respuesta.

—Sí, el corazón quiere lo quiere…el mío lo quiere a él. A mi corazón no le importa el pasado porque él lo eligió, porque aunque lo rompa en mil pedazos...se reconstruirá para volver a amarlo.

Anne no necesitaba escuchar que lo que ella sentía era masoquismo y toxicidad. Las personas no siempre entienden que sólo tú has tomado un lápiz para escribir la historia, que sólo tú has visto el trasfondo de absolutamente todo. Tal vez sí era una forma enferma de amar, de querer a alguien a tu lado, pero ¿Cómo dejas de acariciar una rosa llena de espinas si te resulta hermosa?

FUISTE TÚ PRIMEROHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora