CAPÍTULO 17

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«Amo que me vea mirándola. Merece saber lo que provoca»
—Austin Elliott

DORIAN

—¿Está muy apretado? —una vez más mi abuela me preguntó si la corbata estaba ajustada o necesitaba un poco más de amarre. Volví a asentirle y ella suspiró, de forma cansada y hostigada.

—¿Porqué estás tan nerviosa, mami? —le pregunté mientras abotonada las mangas de mi camisa—. Yo soy el que se casará, no tú.

—Créeme, estoy más nerviosa que cuando me casé con tu abuelo.

La mención de mi abuelo fue como poner sal y limón a una herida abierta. Mi abuela bajó la mirada al suelo, tratando de controlar las lágrimas que estaban dispuestas a salir.

Iba a darle unas que otras palabras de aliento, cuando de pronto, mis padres ingresaron por la puerta principal.

—¿Podemos hablar un momento? —me preguntó él y sólo hice un movimiento con la cabeza, aceptando.

—Te ves muy guapo—comentó mi mamá, quién se acercó a darme un abrazo que me costó corresponder—. Estoy emocionada…

Mi papá también se acercó a nosotros para palmearme la espalda.

—Espero que seas muy feliz…te lo mereces—sus palabras fueron cortas, sin embargo, el significado de aquellas me oprimió el pecho. Ese había sido el primer alago que él me había dado en casi diecinueve años.

—G-gracias—respondí apenas, pese al nudo que se me había formado en la garganta.

—¿Podemos darte un abrazo? —inquirió mi mamá con cierto temor a mi respuesta.

No asentí al momento, sino que me acerqué a ellos y les di un abrazo al mismo tiempo, tomándolos por sorpresa.

Perduramos así por varios minutos, mi abuela miraba la escena con alegría, como si hubiese esperado por esto desde hace muchísimos años.

Al separarnos, mis padres tenían lágrimas resbalando por sus mejillas, y supongo que yo estaba igual porque mi mamá pasó sus manos por mis pómulos.

—¡Venga ya!, es hora de la boda— la voz de Irina nos sobresaltó, entró alardeando a la habitación que ya era el momento de ir a la playa para esperar a Anne.

Mi abuela le otorgó una mirada significativa a mi mamá pero ella negó con la cabeza.

—Tú te mereces esto más que yo—le dijo y cuando mi abuela se movió para entrelazar su mano en mi antebrazo, entendí a qué se refería.

***

A pesar del fuerte viento, el área donde estaba la plataforma en la que estaban las sillas y las mesas, estaba en orden. El lugar estaba completamente arreglado con esos detalles florales de tonos brillantes; las sillas forradas con telas de color verde limón y listones de color dorado; el pasillo hacia la mesa del altar era un camino de pétalos rojos y una que otra flor oscura; todo estaba dentro de una enorme carpa en la que entraban alrededor de trescientas personas.

El pasillo por el que iba a caminar tenía un largo de cuarenta metros, era una caminata un tanto larga que se extendía por en medio de las sillas que estaban a los costados.

FUISTE TÚ PRIMEROHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora