CAPÍTULO 34

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Pueden reproducir la canción al finalizar el capítulo***

«Cometió el delito de estar enamorado, y fue condenado a no ser correspondido».
—Mateo Mora.

DANIEL

Regresé a la sala donde todos estaban descansando. Había venido a la cocina para lavarme las manos como todos los días, esta rutina igual la realizaban los demás, ya que de esto dependían los cuidados de la salud de Annie.

Me aventé al sofá y puse mis manos detrás de mi cabeza. En el sitio donde me posé, tenía una vista más amplia para ver lo que Anne se dedicaba hacer.

Hoy, ella estaba dándole de comer a sus dos bebés con ayuda del pequeño Dorian. Le gustaba alimentarlos y pasar el mayor tiempo posible con ellos. Incluso, creo que ese es su hobbie favorito porque solo se despierta para poder jugar con sus hijos y hacer otras actividades.

—Annie, ¿Porqué no vas a descansar? —sugirió mi abuela. Ella era la indicada para medir lo horarios de Annie, ya que no debía pasar mucho tiempo expuesta porque su sistema inmune estaba debilitado.

—No he terminado de alimentar a mis bebés—se inclinó hacia Ari y arrugó la nariz, la bebé balbuceó algo incomprensible pero con aura feliz.

—Yo les daré, anda a descansar—mi abuela se levantó de su asiento y a Anne no le quedó de otra que darle la cucharita con la que le daba el cereal a su hija.

—Cuando Dorian regrese le diré que estás en tu habitación—prometió Irina con su usual sonrisa.

Annie se despidió de los presentes y caminó hacia las escaleras para volver a su habitación.

Luego de varios segundos, me animé a seguirla. Anduve a paso rápido para poder alcanzarla, a lo lejos pude ver que ella ingresaba a su habitación donde guardaba un sinfín de fotos y vídeos de los momentos con su familia.

Entré y cerré la puerta detrás.

Me aclaré la garganta para que notara mi presencia. Anne estaba de espaldas a mi, guardaba un cassette y unas fotos instantáneas en su álbum.

—Hola, Daniel. ¿Qué te trae por acá?

—Solo venía a hacerte la vida imposible.

Se volteó y me sonrió una vez me vio.

—Como todos los días, ¿No?

—No siempre es a solas—su sonrisa se esfumó, me sentí culpable de inmediato—. Es decir…yo…

—No te preocupes, no pasa nada.

Rasqué el puente de mi nariz. Estaba nervioso por lo que iba a confesar, pero no podía ocultarlo más, quería que ella lo supiera de mis labios…,no bastaba que ya lo hubiera escuchado, hoy sí me encuentro sobrio.

—Anne, sí, yo realmente quería decirte algo…

—Te escucho—se sentó en una silla frente a un escritorio. Sus ojos estaban clavados en los míos.

—Te amo.

Me dio una sonrisa amorosa, y después dijo: —Yo también…,eres mi mejor amigo.

FUISTE TÚ PRIMEROHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora