CAPÍTULO 8

366 37 14
                                        


«Era una niña, una romántica, pero yo la amaba por eso. Tenía tantos demonios siniestros dentro de sí que no podía menos que agradecer su manera de ser».
~Charles Bukowski.


DORIAN

Mi madre se fue, no sin antes repetirme que volvería la próxima semana para almorzar conmigo y con los chicos.

Mi cabeza era un desastre, pero aquí estaba, sonriendo ante las miradas de Anne para que ella no se diera cuenta de lo que pasaba. No se merecía que yo fuera una carga para ella.

—Dori Toki— su voz me hizo ladear mi cabeza para prestarle atención—¿No has sabido nada de Margot?

Asentí como respuesta a su pregunta.

—Me dijo que vendría mañana a verte, tiene mucho trabajo en el hospital.

Hizo una mueca triste.

Me incliné sobre mis codos para darle un beso en la frente.

—¿Quieres hacer algo? —pregunté y ella negó con la cabeza—. ¿Dormimos?

—Quiero platicar contigo.

—¿De qué? —me senté de manera correcta sobre el lado de mi cama con los pies extendidos delante de mí.

—No he ido a terapias—recordó haciendo que me diera cuenta que estaba haciendo las cosas mal—. Me siento bien, pero hay días que me despierto con una sensación rara, como si no perteneciera aquí…he tratado de hacer la terapia de la respiración y mirar el calendario, pero…no es suficiente, quiero estar bien todo el tiempo, no sólo a ratos.

Le di una mirada comprensiva.

Ella tenía toda la razón del mundo. Necesitaba sanar por completo.

—¿Quieres que te agende una cita con el doctor que te atendía en el sanatorio?

Dudó un segundo antes de asentir lentamente.

—Mañana iremos a tu primera cita—aseguré y ella se movió para quedar a horcadas sobre mí.

—Oye Dorian—acarició mi rostro con las yemas de sus dedos—, ¿Y si hacemos ejercicio antes de dormir?

—Me parece una magnífica idea.

Sonreímos segundos previos a comenzar a besarnos.

En días como estos, es donde me doy cuenta que la vida no es tan mala como parece y que sólo es cuestión de encontrar a las personas correctas para darle color y felicidad a tus días.

***

Desayunamos con los chicos y, después venimos al psiquiátrico, al lugar que lo comenzó todo. Hoy era su cita con el psiquiatra.

Yo estaba hecho un manojo de nervios y Anne estaba serena y tranquila, tomando esto como algo normal.

Pasamos por la recepción donde las enfermeras nos miraron con cierta incredulidad. Y más porque íbamos tomados de la mano.

Anduvimos hasta llegar a la puerta del Doctor Stevens. Toqué la puerta y ésta se abrió dejando ver al hombre.

Se hizo a un lado para dejarnos entrar y nos sentamos cada uno en una silla frente al escritorio.

FUISTE TÚ PRIMEROHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora