Dorian
Era la cuarta llamada de Mirsaev y, era la cuarta vez que yo no respondía.
Negocios, empresa, cócteles, inversionistas… ese era su único vocabulario.
Qué aburrido.
¿Por qué no seguí estudiando Medicina?
Suspiré agotado.
—Dorian Maslov—escuché la voz femenina a mis espaldas.
Giré mi rostro.
—Lara Portov— le dije con una expresión seria.
Ella abrió la boca para hablar pero la corté.
—Firma estos papeles—le extendí una hoja sobre la mesa—. Rápido porque no tengo mucho tiempo.
—¿Disculpa? —lo dijo como si fuera una ofensa.
—¿Cuánto quieres por firmarlos?... Te dije por llamada qué eran—le recordé y ella cambió su semblante a uno más tenso—. Me haré cargo de ella, pero para eso necesito que le den de alta de ese hospital.
—¿Si sabes que está enferma?
—Yo la cuidaré…
—¿Por lástima? —enarcó una ceja—o, ¿Por qué quieres remendar el daño que le causaste?
—Fírmalos—le ordené—, te pagaré lo que me pidas…sólo firma los papeles y ya está.
—No puedo—hizo un ademán de comenzar a caminar para alejarse.
—¿No puedes o no quieres?
—No quiero—se corrigió—, ¿Qué harás cuando te canses y te des cuenta que no puedes con su enfermedad?
—Firma los papeles, lo que pase con Annie no es algo que te importe. Hace años cuando decidiste abandonarla en ese lugar no te quitó el sueño sabiendo que si ella estaba ahí iba a empeorar su estado.
***
Tomé un avión comercial para regresar a Estados Unidos, principalmente porque si Mirsaev se enterara que vine a Rusia comenzaría con su interrogatorio—como siempre—. No tenía ganas ni fuerzas para lidiar con él y que me diga «¿Estás seguro que quieres un peso así?».
Mi vida ha sido más complicada desde que no la tengo a ella.
Ya tenía en mis manos los papeles que indican que ahora yo soy el tutor de Anne, con esto podría sacarla de ese lugar. Aunque, todavía me faltan muchas cosas por hacer, por ejemplo: chantajear a los psiquiatras para que den el alta.
Cosa que el dinero puede resolver.
Pero, ¿Ella querrá quedarse conmigo?
Hice una mueca de dolor cuando pasé mi dedo índice por mi labio inferior.
Maldita sea.
La imagen de Annie mientras me golpeaba, su mirada de odio, no abandonaba mi mente en ningún instante.
Me odiaba.
—Llegamos señor— avisó mi chófer mientras detenía el vehículo frente al sanatorio.
—Espérame aquí, si te llamo entras inmediatamente—le dije y asintió mirando el retrovisor.
Margot estaba rociando los florales que habían en la entrada del edificio. Cuando me acerqué a ella escuché que tarareaba una canción de cuna. Se notaba feliz.
—Buenas tardes Margot—ella volteó a mí dirección y me sonrió—. Llego un poco tarde pero traje en mis manos la tutoría de Anne—su sonrisa disminuyó de a poco.
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FUISTE TÚ PRIMERO
Novela JuvenilEn toda historia como en la vida, existen dos versiones. No es fácil identificar cuál es la verdadera, pero puede que las dos sean reales dependiendo de la persona que se la crea. ¿Hay algo de malo en eso? Probablemente sí, porque a veces, sin quere...
