CAPÍTULO 4

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«No le importaba morir, aunque sabía que su único inconveniente sería que su corazón seguiría latiendo».
~ Dorian Maslov

Dos semanas después

DORIAN

Mi abuela me decía que si una persona trata de entender tus demonios y hace lo posible para ayudarte a salir del infierno es porque te ama. Que no hay gesto más bello que ese: “ayudarte cuando estás lidiando contigo mismo”.

¿Esto es lo que me pasa con Anne? No dudo que la quiera, pero ¿Amarla intensamente?

No, aún no.

Tengo sentimientos reales por ella, pero no sé si basta como para admitir que la amo.

Negué con la cabeza, un poco aturdido por los pensamientos que llegan a atormentar mi paz y tranquilidad.

Para nadie en casa ha sido fácil la situación que estamos pasando con Anne. Mucho menos para mí que trato de estar 24/7 a su lado para que…no esté sola. No se sienta sola.

Desde la última vez que salimos a aquel restaurante y ella mencionó a ese tal Alan, todo se fue al caño. Ese mismo día, ella volvió su mirada a Daniel y lo comenzó a agredir aventándole los platos de la mesa, insultándolo y haciendo un escándalo dentro del lugar. Fue incómodo y vergonzoso. Pero eso no quedó ahí, sino que en todo el camino ella lloró y habló de forma incoherente de cosas que no pasaron.

Anne cuando logró controlarse, se quedó en un silencio absoluto, ida de este mundo, ida de sí misma. Era como un maniquí que miraba un punto fijo sin hablar y sin alguna expresión en el rostro, sólo estaba sentada respirando sin vivir.

No ha vuelto a tener un ataque psicótico sino algo peor. Ella se dejó caer en un precipicio sin un paracaídas, solo se dejó ir ignorando las consecuencias. No le importaba morir, aunque sabía que su único inconveniente sería que su corazón seguiría latiendo.

Quisiera ayudarla y decirle que todo estará bien y que pronto pasará si ella se lo propone, pero sé que de nada serviría. Decirles a personas con depresión “Ya no estés triste” o “Haz algo que te guste y olvídalo”, es como pedirle a un ciego que camine sin caerse en una zona llena de agujeros.

Lo único que he podido hacer es quedarme a su lado, no hago preguntas ni la presiono; eso causaría que se sienta peor por no poder hacer las cosas.

Ella necesita tiempo, y yo tengo paciencia de sobra. Sólo por y para ella.

Tocaron la puerta, dos veces repetidas.

—Adelante— di permiso mientras dejaba de acariciar el cabello de Anne que reposaba en la cama boca abajo.

Escuché el crujido de la puerta al abrirse y unos pasos acercándose a nosotros.

—¿Cómo sigue? —preguntó Margot con una cara de preocupación.

Le di una sonrisa triste — Igual que antes. La acabo de bañar, pero no ha querido comer— comenté y Margot se acercó a Anne para acariciar su mejilla.

Anne no se inmutó ni siquiera por eso, tan sólo tenía los ojos abiertos mirando por la ventana.

—Annie, ¿Quieres comer algo? Puedo prepararte los panecillos con queso, los que tanto te gustan—Margot dijo animosa.

FUISTE TÚ PRIMEROHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora