CAPÍTULO 35

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DORIAN

Dimitri me acompañó a firmar los documentos para hacer el traslado del puesto al nuevo CEO de mi empresa. Me había librado de encima ese peso, el traspaso fue como un contrato hacia mi libertad; ya no quería continuar haciendo algo que me drenaba demasiado. Total, ya había ganado el dinero suficiente como para vivir ostentosamente por varias generaciones, ¿Para qué seguir trabajando?

Viajamos hasta Estados Unidos para hacer el procedimiento. No me agradó esa idea porque eso significaba dejar a mi Khorek sola, pero debía hacerlo si quería en un futuro entregarme al cien por ciento para ella y para mis hijos.

Mi financista me acompañó a mi casa, hoy mi familia estaba preparando una cena y él estaba invitado. A mí me avisaron a última hora de que había una comida especial.

Antes de entrar al lugar, Dimitri me tocó el hombro y me detuve.

—Te mereces todo lo bueno que la vida pueda ofrecerte—sus palabras tuvieron un efecto positivo en mí, jamás había escuchado algo así de su parte, él siempre fue un hombre duro y frío.

—¿Estás intentado ligarme? Porque créeme, te está funcionando—le guiñé un ojo y él me dedicó una sonrisa de burla.

—Necesitas comer, te está afectando un poco.

—¿Me estás diciendo que ando alucinando?

—No exactamente, pero si lo preguntas es por algo.

Le fruncí el ceño antes de continuar mi camino hacia mi hogar.

Anne al llegar se lanzó a mí para abrazarme con fuerza, no me dio la oportunidad de verle la cara, así que solo miraba cómo iba vestida, de nuevo eligió un vestido rojo entallado. Se separó unos instantes y su rostro lleno de felicidad fue un grito glorioso de que algo bueno estaba pasando.

Me tomó de la mano y nos adentró hacia el comedor. Todos estaban aquí: los cuatro idiotas, mis padres, mi abuela, mis tías y tíos junto con sus hijos y mi suegra. Ellos igual me sonrieron en grande, lucían felices.

¿Qué estaba pasando?

Samantha tenía los ojos rojos. ¿Había estado llorando?

Me giré a Annie buscando una respuesta del porqué su mamá estaba así. Ella me sonrió de vuelta sin decir nada.

—¿Qué pasa? —quise saber, esto estaba tornándose raro.

—Hay algo que tengo que decirte, —dijo y tomó una larga inhalación—tu mamá me dio la gran noticia de que mi cuerpo ya está produciendo glóbulos blancos por su cuenta…

Pero…

Mi Anne…estaba mejor, ella…

No medí mi fuerza y la atraje hacia mí para abrazarla.

Estaba sintiendo una felicidad inmensa, una felicidad incontenida que quería salirse de cada rincón de mi piel. Comencé a besar su rostro sin importarme que hubieran personas presenciando esto.

Después de mucho tiempo, la separé de mí.

Bajé mi mirada al suelo cuando sentí mis ojos húmedos, habían límites y no quería cruzar este de mostrarme ante todos así. Mi parte real solo le pertenecía a mi esposa.

—Estarás bien…—murmuré en voz baja sólo para ella—, estaremos juntos por siempre.

—Sí, te dije que tenías a Annie para rato.

—Desgraciadamente—bromeé pero ella me pinchó la mejilla derecha.

—Eres un tonto.

FUISTE TÚ PRIMEROHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora