CAPÍTULO 5

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«Pertences a aquel lugar al que aunque pasen los años siempre volverás».
~ Dorian Maslov


DORIAN


—Dorian, lo siento de verdad, no fue mi intención hacerte eso a ti—las súplicas de Anne me trajeron a la realidad.

—¿Qué día es hoy Anne? —apenas pude preguntar en un susurro átono.

—Dorian…—tiró de mí para tomar mi cara—¿Podrías olvidar algún día que..?

—¿Qué día es hoy? —repetí mientras quitaba sus manos de mi rostro.

Hizo un movimiento de volver a tocarme pero di dos pasos hacia atrás.

Estaba completamente consiente que lo que ella había mencionado era algo imposible, que sólo era parte de aquel libro, sin embargo, nada quita el hecho que me afecte de la misma forma el solo imaginarme que…

—¿Sigues molesto conmigo? —sollozó—¿Quieres que me ponga de rodillas y te pida perdón?

Quería formular palabras, pero ellas no salían de mi boca.

Anne iba a arrodillarse, pero antes que su rodilla tocara el suelo la tomé del brazo, usé más fuerza de la que debería pero no fue con la intención de lastimarla.

—¿Qué día es hoy Anne? —volví a hacerle aquella pregunta y ella acortó la distancia que nos separaba y recostó su cabeza en mi pecho.

—27 de enero—murmuró con voz vulnerable.

—No, hoy es 22 de marzo—le informé para sacarla de su trance.

Movió frenéticamente su cabeza contra mi pecho, negando.

Se despegó de mí y comenzó a correr en dirección opuesta.

Me quedé un segundo ahí parado, todavía aturdido y confundido. No sé cuánto tiempo pasó pero cuando vine a reaccionar comencé a caminar a paso rápido hacia donde Anne se había ido. Justamente ese camino llegaba a la salida del zoológico.

—Yebat'. Joder.

Por ninguna parte había rastro de Anne. Le pregunté muchas veces a las personas que por ahí pasaban, pero ninguna supo darme información de ella.

¿Qué voy a hacer?

¿Y sí le pasa algo? No, no lo podía permitir.

Salí del zoológico para buscarla por las calles. Caminé por la redonda, y nada.

Sentimientos se mezclaron para dañar mi sentido racional.

Eran la frustración y desesperación aquellas que te impiden pensar bien, con razón; es como si estuvieras encerrado dentro de una caja y al dar el primer golpe para salir ésta no abre y te quedas quieto, llorando y sin esperanza de algún día salir.

Cuando estaba por llamarle a Daniel y a mis guardaespaldas para que comenzaran la búsqueda, la vi. Estaba sentada con los pies arriba sobre la banca, los tenía pegados a su pecho.

Corrí hasta donde se encontraba y sin importarme nada la abracé con fuerzas, intentado protegerla. Me separé un poco y la jalé de su cuello para besar su cara.

FUISTE TÚ PRIMEROHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora