CAPÍTULO 22

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«Una historia sólo la conocen de dos, porque sólo ellos la escribieron»
—Daniel.

DANIEL

Mi horario como residente en el hospital había terminado.

Caminé por los pasillos abarrotados de médicos y enfermeros. Pasé al lado de Fabiola, una residente española que al igual que yo, eligió un hospital extranjero para sus prácticas. Le hice un asentamiento amistoso con la cabeza y apresuré el paso antes de que se acercara a mí, no quería entablar una conversión amena. Al menos no después de que pasara lo que pasó entre nosotros. Sólo fue una noche de sexo y ya está, pero siento que ella no quiere sólo eso, así que mejor me evito más problemas de los que ya tengo.

Ni siquiera estoy seguro por qué llegué a México para continuar la carrera si mi vida ya estaba hecha en Estados Unidos, lejos de todos.

Sonreí un instante al recordar la sonrisa de una pequeña en particular.

Claro, lo había hecho por Annie.

Estoy consiente que ella nunca fue ni será para mí, pero me he conformado con verla feliz…aunque no sea conmigo.

Sabía que de alguna forma, Anne siempre quiso a Dorian. Desde el primer día que lo conoció. Aunque traté tantas veces, jamás pude lograr que ella sintiera la mínima parte de lo que yo la quería.

Y me sigo aferrando a una idea, aunque la entendí; y es que no puedo evitar amarla. Y eso es una realidad que me acompañará por el resto de mi vida, para mi desdicha.

Mientras iba manejando puse en la radio del vehículo música para relajarme. En el instante en el que comenzó a sonar You're Beautiful de James Blunt, la imagen de Annie abordó mi mente.

Mis labios se curvaron en una sonrisa triste.

Terminé aparcando la camioneta enfrente de la casa de Dorian.

Sin tocar, ingresé por la puerta principal y caminé hasta llegar al jardín. Como lo supuse, Anne se encontraba tomando una clase—la cual por la hora que era, ya había terminado—. Estaba completamente sola.

Llegué a su lado y deposité un beso en su frente antes de sentarme a su izquierda.

—¿Día difícil? —me preguntó mientras arrugaba la nariz.

—Como todos los días—dije en un aliento—. ¿Cómo estás?

—Muy bien, pero sí estoy un tanto agotada, ya sabes, los niños…la escuela y todo eso.

Rasqué el puente de mi nariz y bajé la mirada a mis manos que descansaban en regazo. Ladeé un poco mi cabeza y noté un moretón en la pierna descubierta de Annie.

—¿Te pasó algo? —señalé la zona.

—No, a veces me salen de la nada.

Por los nervios le resté importancia y sólo le sonreí.

—¿Dorian no está? —inquirí tratando de saber si era prudente hablar de ciertos temas con ella y que tuviéramos privacidad.

—No, salió con los niños al parque.

Asentí y me removí para estar más cerca de su cuerpo, a una distancia que mantienes cuando estás por revelar grandes secretos.

—Annie, ¿Recuerdas cuando pasábamos tiempo juntos en el internado?

—Claro que lo recuerdo. Cómo olvidarlo.

—¿Recuerdas en específico aquella noche?

Me dio una mirada extrañada.

FUISTE TÚ PRIMEROHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora