CAPÍTULO 33

156 26 0
                                        

«No he malgastado mi existencia, lo he estado invirtiendo en esperarte»
—Dorian Maslov.

Tres meses después

DORIAN

Volteé los ojos por…ya hasta olvidé qué tantas veces.

Estas imágenes se me parecían muy ridículas.

De nuevo presencié la pasarela de Sarifer y los dos bebés. La temática era de animales de granja, por lo que todos presentaban un animal. Sarifer era una vaca, Dylan una oveja y Ariana era un cerdito.

No estaba hastiado por ellos porque…eran mis hijos. Sino porque ya me tocaba pasar tiempo con Anne, desde que salimos del hospital ella se ha desvivido por estar con los niños y a mí me deja apartado.

Igual todos en mi familia lo hacen, ellos se quedaron desde hace meses aquí—ya quería que se fueran— según para pasar tiempo con nosotros pero se mantienen más con los cuatro pequeños. Inclusive mi abuela me ignora cada que puede.

Todos volvieron a aplaudir cuando Sarifer pasó bailando enfrente de ellos, y atrás de ella venían caminando como robots los otros dos. Les aplaudieron, repitieron el lanzamiento de pétalos y de dulces, unos aventaron dinero que Leonardo se tomó la molestia en recoger. Anne por su parte, estaba grabando todo, llevaba así más de dos horas.

El pequeño Dorian miraba la escena con el ceño fruncido. Me daban risa sus reacciones.

—¿Quieres ir por un helado a la cocina? —le propuse con voz baja en su oído.

—Sí.

Nos disculpamos y salimos rumbo a la cocina. Una vez allí, lo senté sobre la barra y le servía una copa de helado de limón.

—Me aburre estar ahí—comentó el pequeño—. Mi mamá me iba a vestir como un pollo pero comencé a llorar para que no lo hiciera.

—Qué bueno.

—No.

—¿No qué? Lograste que no te humillaran—hice una mueca de asco.

—Es que ella lloró porque yo lloré.

Resoplé con resignación.

Lo comprendía. Tenía una mamá muy sensible.

—¿No te gusta que tú mamá llore?

—No. Me duele que lo haga…la amo mucho—le di una mirada de compresión y revolví sus cabellos que cada vez eran más claros de color.

—¿Quieres que te cuente un secreto?

—Sí.

—Yo también la amo.

Frunció el ceño y le apreté las mejillas.

¿Porqué no me respeta? Joder, solo tiene tres años y medio. ¿Qué será de mí cuando sea adolescente?

—Ese no es un secreto—reprochó.

—Sí lo es.

—No, ella lo sabe y todo el mundo también.

FUISTE TÚ PRIMEROHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora