EPÍLOGO

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«A veces me siento como si estuviera caminando en una niebla densa, perdido y desorientado, sin saber hacia dónde ir o qué hacer, todo porque ya no estás aquí para guiarme».
—Nestor L. Sequera

5 años después

DORIAN

El cielo veraniego a mi cabeza hacía que mi piel ardiera por el contacto con los rayos del sol. Debí usar protector solar, pero ella solía aconsejarme que me expusiera un poco más para que mi piel no estuviera tan pálida. El día estaba soleado y luminoso, lo cual quedaba perfecto para lo que venía hacer, necesitaba esta vibra animosa.

Paseé descalzo por la arena caliente, mi camisa desabotonada en el primer botón me brindaba la oportunidad de sentir la frescura del aire natural del ambiente. Me sentía cómodo pasar por aquí, no escuchaba el bullicio de la ciudad o la interacción con otros seres humanos. Puede que por eso a mi pequeña le gustaba venir a nuestra playa.

Después de unos minutos llegué a dónde ella se encontraba. Entré a la capilla y dejé las flores, unos dibujos de los niños y mi carta.

Sentí nostalgia al leer su nombre en la lápida y en la caja donde están sus cenizas. Aquí es donde me pongo a pensar: «¿Para qué la lápida si ella solo está en la caja?». Nunca me he atrevido a preguntar por qué decidieron hacerlo. Quizá fue algo simbólico, quiero pensar.

Besé la cajita de madera y acaricié el borde con ternura, como si la estuviera acariciando a ella.

Han pasado cinco años, mil ochocientos veinticinco días…y yo todavía seguía sin asimilar su partida. Parece que apenas ayer ella estaba pidiéndome que no la mirase hasta que me avisara…, que apenas ayer ella ya no me respondía y su cuerpo estaba inerte sobre el mío.

Un nudo se formó en mi garganta, y ese cosquilleo en mis ojos me estaba agobiando porque en cualquier momento rompería en llanto. No quería llorar, al menos no por ahora.

Ha sido un proceso difícil, tantas noches de insomnio donde lo que haces es llorar y llorar hasta que la cabeza duele, tantas veces que tuve que explicarle a mis hijos que si mamá no iba a volver, tantos momentos en los que necesité escucharla para sentirme bien y que me felicitara por mis pequeños logros.

Quisiera volver a ver sus ojos con ese brillo en vivo, pero por lo menos en mis sueños aún puedo verla, o tan solo cuando cierro mis ojos. Ella no hace más que quedarse grabada en mi mente, actualmente agradezco que sea así, antes dolía pero, me he visto forzado a acostumbrarme a los recuerdos.

No tenerla quemaba por dentro, sólo que he llegado a la conclusión de que ese día que me di cuenta de que ya no tenía signos vitales, yo también morí junto a ella. Siento dolor, pero sé que soy un muerto viviente. Solo hago las cosas por obligación, para sobrevivir, pero no disfruto casi nada. No hay nada que celebrar al cien por ciento si no está junto a mí.

Suspiré hondo.

—Hola, Khorek curiosa…—mis primeras palabras salieron temblorosas. Tomé una pausa y tragué saliva—. Perdón por no haber venido antes. Sé que debí hacerlo desde el primer año pero, tú sabes lo que pienso de ir al panteón o a un sitio para convivir con los que ya no están—yo suelo creer que no valía la pena venir a estos lugares, ¿Para qué? Al venir aquí no ibas a volver a ver a tu ser querido—. Pero no por eso no te he estado pensado todo el tiempo…

FUISTE TÚ PRIMEROHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora