«Y tu cuerpo era el único país donde me derrotaban»
–Juan Gelman.
DORIAN
Permanecí taciturno mientras ella continúa explicándome detalles del libro que me había leído en voz alta. Me preguntaba muy a menudo «¿No se cansa de hablar?». Ella parecía muy feliz de hacerlo, de decirme todas sus teorías o lo que no había comprendido del todo de la historia. Yo disfrutaba escucharla, tanto que no quería decir algo o corregirla si se trababa al verbalizar una palabra.
Cuando Anne hablaba movía mucho las manos. Era un hábito que lo hiciera, a veces creo que concentrarse en aquel movimiento manual le hace pensar más rápido.
Anne llevaba tanto tiempo leyéndome libros o contándome sobre la trama si lee un libro sin mí. Tiene muchos porque de eso me encargué yo, le acondicioné una biblioteca en casa para que sea su lugar favorito.
—¿Te gustó? —me preguntó. Sus ojos marrones me miraban con ilusión.
—Sí.
—¿Crees que Leigh se quede con Heist? —me quedé helado, sumamente quieto. Joder, yo no recuerdo el final del libro, ¿De qué hablaba?. Ella notó mi confusión y me apretó una mejilla—. Siempre es lo mismo contigo, Dorian. Ese es mi libro favorito, esperaba que te emocionaras como yo.
—Sí lo hago—me removí para sentarme sobre la hierba—. Pero no por los libros, sino por ti.
Me dio mirada de fastidio. Este huroncito ha andado muy de malas últimamente.
—Para verme solamente, mejor no te leo nada y ya está.
—No te enojes por esto. Es que cuando estoy pensando en ti no quiero tener nada más en mi mente—pareció relajarse y suspiró—. ¿Me perdonas?
—Siempre lo hago.
—Anne…¿Te sientes mal? —me incliné un poco y hundí mi nariz en la curva de su cuello.
—No, sólo quiero dormir—casi caigo de frente cuando ella se incorporó.
Se alejó hacia la casa.
Me pasé las manos por la cara, frustrado.
No me gustaba que Anne estuviera así de triste. Me preocupaba que sus ataques psicóticos vuelvan, no ha tenido en todo este tiempo pero, esa enfermedad la atacará algún día de una u otra forma.
Me iba a levantar para irme pero el sonido de un llanto de bebé me hizo detenerme. Me acerqué a su cuna y tomé entre mis brazos a los bebés que lloraban desconsoladamente.
—Yo te puedo ayudar—la voz de Mini Dorian me sobresaltó—. Yo sé por qué lloran…
—¿Porqué? —inquirí mientras dejaba al bebé en la cuna y me quedaba acurrucando a la niña.
—Tienen hambre—se acercó con dos biberones y puso uno en mi mano, y el otro lo usó para darle al bebé.
Milagrosamente, se callaron.
Le di una mirada curiosa a Mini Dorian.
Siempre creía que este niño era muy maduro para su edad, parecía como un niño de diez años dentro del cuerpo de uno de casi tres.
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FUISTE TÚ PRIMERO
JugendliteraturEn toda historia como en la vida, existen dos versiones. No es fácil identificar cuál es la verdadera, pero puede que las dos sean reales dependiendo de la persona que se la crea. ¿Hay algo de malo en eso? Probablemente sí, porque a veces, sin quere...
