Con el paso de los meses en el internado, Agatha se dio cuenta que cada vez se ponía más nerviosa estando con chicas. 'Ridículo' pensó, pero era una realidad. Le incomodaba y se avergonzaba cuando ellas le abrazaban sin reparo o la tocaban, al igual que verlas en pijama o incluso en ropa interior.
Era consciente de que su forma de ser no encajaba con el suyo, pero ¿acaso ese era el motivo real?
Por las noches se quedaba en vela pensando en su amigo y recordando los buenos momentos y lo mucho que lo echaba de menos. Deseaba con todas sus fuerzas estar con él, se dio cuenta que era con la única persona con la que podía ser ella misma. Se sentía muy sola.
Por otro lado agradeció apenas el contacto con hombres, ya que lo ocurrido con Enrique seguía carcomiendo su cabeza.
Contaba los días para regresar a casa y alejarse de aquel ambiente que tanto le incomodaba.
Pero por desgracia hasta verano no regresaría a Las Fraguas ya que en vacaciones de semana santa sus padres bajarían a Madrid y se alojarían en una de sus casas de la comunidad.
Los meses pasaron lentos y aburridos. Disciplina, aprendizaje y soledad.
No se metía en líos e intentaba pasar lo más desapercibida posible a pesar de que su carácter le suplicase acción, debía comportarse y madurar para no decepcionar a su padre.
Lo único destacable que ocurrió fue cuando una de sus compañeras, Alfonsina Pietro, enseñó los pechos desnudos por motivo de un juego atrevido al que jugaban algunas noches. Esto descolocó tanto a Agatha que no pudo olvidarlo, se ruborizaba de solo pensarlo, pero lejos de olvidar aquel hecho como cualquiera de las demás niñas, ella lo recordaba de vez en cuando.
· Agatha, te toca – dijo una de las niñas.
Agatha tardó en reaccionar, estaba pensando en sus cosas mientras hacía como que acompañaba a sus compañeras en una de sus muchas reuniones donde cuchicheaban sobre chicos, moda o temas que a ella poco le interesaban, pero que soportaba para no quedarse sola y ser acosada como hacía con las marginadas.
· Eh...
· Vamos, seguro que ya tienes algún pretendiente... - dijo otra con tono persuasivo.
· Ah... yo... no, todavía no
· Una leche, he visto a quién van dirigidas las cartas que escribes, es a un tal Maxi – rio una rubia con rizos
Agatha se sentía algo ofendida por saber que tocaban sus cosas, pero no dijo nada, no le sorprendía del todo viniendo de aquellas jóvenes dispuestas a todo con tal de salirse con la suya.
· Vamos, dinos quien es Maxi.
· ¿es rico?
· ¿es pobre?
· ¿es mayor? ¿está casado?
· ¿a qué se dedica?
· ¿tiene futuro?
El bombardeo de preguntas sobre Maxi le produjo algo de ansiedad a Agatha, todas las jovencitas la miraban y esperaban su respuesta a la vez que no dejaban de preguntar. Nunca se había sentido tan popular y aquello le producía mucha vergüenza, se sonrojó y no supo qué decir.
Alicia Miró, la joven con más amigas del internado mandó callar a las demás, era lo más parecido a una líder ahí dentro.
· Bien Agatha, cuéntanos de ese chico
Agatha la miró con timidez.
· Maxi... es un buen amigo...
· y...
· Es rico – las jóvenes corearon un gran oh a modo de interés - su familia se dedica a la metalurgia... son de Italia... - esto último también hizo que alguna emitiera un sonido de emoción
· Italiano... dicen que son muy románticos.... - dijo una con tono enamoradizo
· ¿cuántos años tiene? - preguntó Alicia
· 15, la próxima semana cumplirá 16
· Ohh
· No es justo, es perfecto
· ¿perfecto? - preguntó Agatha
· A mí me tocará casarme con un viejo seguro... - reprochó una de las jóvenes
· Y a mí... - dijo otra con el ánimo caído
Agatha cayó y agachó la cabeza.
· ¿Es bueno? - volvió a preguntar Alicia.
Tardó un segundo en contestar.
· Es la mejor persona que conozco – dijo con orgullo.
Se escuchó a las demás emitir sonidos de envidia y emoción a la vez.
Aquella noche Agatha se quedó despierta pensando en su futuro. Las demás daban por hecho que ella se casaría con Maxi y le daría muchos hijos. Pero Agatha por mucho que quisiera a su amigo era incapaz de imaginarse un futuro así. No amaba de esa manera a Maxi y eso le enfadó en parte ya que era el mejor candidato que podría encontrar, sin duda, pero ella no era capaz de amar a Maxi de aquella forma que se reflejaba en los libros románticos. Empezó a dudar si el amor verdadero existiese de verdad y no fuese solo un invento de las novelas.
También pensó en su futuro, por mucho que quisiera sería difícil convencer a su padre de ir a la universidad. Aquel era su penúltimo año de escuela, un año más y su vida daría un cambio decisivo, o bien iba a una escuela de mujercitas o bien, cumpliría su sueño de ir a la universidad.
Suspiró, aquellos pensamientos solo le producían dolor de cabeza.
El 13 de junio fue el cumpleaños de Maximiliano. Le escribió una carta, una más de las muchas que ya le había escrito durante aquellos meses sin verse. No podía esperar para volver a Las Fraguas y reencontrarse con su buen amigo.
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Agatha conoce a Maxi.
RomanceAgatha y Maxi, dos amigos aristocráticos cuyo amor traspasará los muros de la sociedad de principios de siglo 19.
