La joven corrió del coche a la entrada de la gran casa ignorando los toques de atención de la señora Sabadell.
· ¡bienvenida! - dijo Margot algo emocionada con los brazos abiertos hacía Agatha.
Se dieron un fuerte abrazo, la joven había echado mucho de menos su madrastra por muy extraño que aquello sonara. La tutora las miraba con una leve sonrisa agradable.
Comentaron el viaje y aquellos meses sin verse mientras se dirigían al gran salón.
El padre de Agatha se encontraba trabajando y no le vería hasta la cena.
Agatha le contó varías historias a su madrastra y a la señora Sabadell a la vez que tomaban el té.
Margot al ver algo impaciente a la joven sonrió con ternura.
· Puedes ir a verle si quieres
Agatha se sorprendió, era como si le hubiese leído la mente. No dijo nada, sonrió, asintió y se incorporó a darle un beso en la mejilla y salir corriendo.
Corrió con una gran sonrisa por el camino de tierra hacia la casa de su amigo, se moría de ganas de volver a verle.
Llegó.
Observó la casa, era como si nada hubiese cambiado, esto alegró a Agatha que entró corriendo a la gran entrada y se encontró con el mayordomo Matías, le recordó de la vez que llegó tarde a despedirse de Maxi.
· Señorita Rivera... qué sorpresa – dijo algo sorprendido por su entrada tan eufórica.
· Buenos días señor Matías - dijo mientras jadeaba y sonreía de felicidad – esto...
· Me extraña verla aquí ya que el señorito Maximiliano salió hace poco más de diez minutos con mucha prisa hacía su casa – dijo con una leve sonrisa divertida, pero manteniendo la compostura.
Agatha abrió los ojos con un gesto de confusión.
· Qué extraño que no se lo haya encontrado por el camino...
· Muchas gracias, me marcho – le cortó la joven a la vez que se ponía a correr de nuevo riendo en voz alta dejando al mayordomo sonreír con más fuerza mientras la miraba desaparecer.
Corrió de vuelta a casa. Al final del camino divisó una forma, entornó los ojos y a medida que se acercaba aquella forma se convertía en la figura de su buen amigo corriendo de igual modo que ella con el brazo levantado para ser visto.
· ¡Maxi!
· ¡Agatha!
La joven saltó a los brazos de él provocando que cayeran al suelo.
Maximiliano rio sin moverse del suelo a la vez que Agatha le abrazaba con fuerza. Sus temores de que algo pudiera haber cambiado se desvanecieron al segundo.
Durante el abrazo en el suelo, el joven sintió en su hombro una humedad extraña lo que le sorprendió e hizo que girara la cabeza a la cara de ella.
· Agatha, ¿estás llorando?
La joven gruñó y empujó aún más su cara al hombro de él.
Maximiliano le acarició el pelo y esperó a que ella se sintiera mejor.
· Te he echado de menos Agatha – dijo mirando al cielo azul con una gran y por fin, sincera sonrisa.
Pasearon por los jardines de la casa de él mientras se ponían al día y contaban anécdotas e historias vividas en aquellos largos meses sin verse.
ESTÁS LEYENDO
Agatha conoce a Maxi.
RomanceAgatha y Maxi, dos amigos aristocráticos cuyo amor traspasará los muros de la sociedad de principios de siglo 19.
