- Agatha, Agatha...
Una voz extraña se oía de fondo, los ojos de Agatha comenzaban a abrirse, la luz cegadora del sol entrando por la ventana le molestó e hizo que tuviera que ponerse una mano a modo de sombrilla.
La voz era familiar, infantil y algo ruidosa, una vez se centró vio a su prima Ernesta encima de su cama mirándola y diciéndole algo que Agatha no comprendía pues todavía se estaba despertando de su profundo sueño.
- has dormido mucho, vamos a ver a Maxi, vamos - insistió la pequeña
Agatha ladeó la cabeza, y seguidamente emitió un gran bostezo sin vergüenza alguna.
- qué asco... - dijo la niña alejándose de ella
La joven recién despertada sonrió divertida e hizo el amago de levantarse de la cama, fue en ese instante cuando recordó que se había quedado dormida leyendo el libro, el cual no escondió de nuevo y se quedó encima suya.
Su cara se descompuso en cuestión de segundos y rápidamente volvió su cabeza hacia los lados buscando el libro mientras movía las sábanas con brusquedad y desesperación.
La pequeña niña la observaba confusa.
- Ernesta - Agatha la miró con miedo y se acercó a ella - ¿cuando entraste, viste un libro?
- ¿un libro?
- sí un libro - insistió con tono nervioso.
- es ese de ahí - la niña señaló el tocador de Agatha, sobre su superficie había un libro.
Agatha se acercó con miedo, le temblaba todo el cuerpo. Una vez llegó al tocador vió el libro postrado. ¿quién lo había dejado ahí?
Un intenso miedo inundó su pecho, cogió el libro y lo observó detalladamente mientras pensaba en las mil formas en las que su vida podría verse afectada si alguien descubre que tenía ese libro.
La joven Ernesta miraba a su prima con confusión.
- ¿es un libro de cuentos? - preguntó curiosa acercándose.
Inmediatamente Agatha se apartó con brusquedad y abrazó con fuerza el libro pegándolo a su pecho, su cara estaba pálida y su expresión daba pena.
- no, no es un cuento... eh, yo... mejor vamos a desayunar... corre
La niña obedeció sin decir nada, algo extraño en ella, estando ya por el umbral de la puerta Agatha le habló con una voz rota.
- Ernesta - la pequeña se giró hacia ella - ¿sabes si alguien más entró a mi dormitorio?
La más joven de las primas tardó unos segundos en contestar.
- no - se encogió de hombros y se marchó cerrando la puerta.
Agatha se quedó un buen rato mirando a la nada mientras rezaba porque nadie haya descubierto su secreto. Toda la emoción y felicidad que había sentido el día anterior se había esfumado.
Pensó en excusarse para no bajar a desayunar, pero sabía que haciendo eso solo empeoraría las cosas.
Tragó aire antes de cruzar el umbral de la puerta para entrar al comedor y hacer frente a lo que le esperaba.
Barajó las opciones, pudo no haber sido nadie de la familia quien se encontrara el libro, una ¿empleada? si tardaba en bajar a desayunar solían enviar a alguien del servicio a despertarla, pero fue su prima quien lo hizo no una empleada.
Su padre no podría ser, ¿Margot? ¿la señora Sabadell? a Agatha empezaba a dolerle la cabeza.
- qué haces ahí parada - dijo su tía la estirada sobresaltando a Agatha - ¿estás bien niña? tienes una cara horrible, seguro que has dormido poco, anda no te quedes ahí, te vendrá bien comer - dijo mientras entraba en el comedor
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Agatha conoce a Maxi.
RomanceAgatha y Maxi, dos amigos aristocráticos cuyo amor traspasará los muros de la sociedad de principios de siglo 19.
