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Agatha jadeaba mientras miraba al techo de su dormitorio, por su cara corrían gotas de sudor y parecía que sus ojos iban a salirse de sus órbitas.

Todo su cuerpo temblaba, estaba muy nerviosa, lo que había visto en ese libro la asombró tanto que no podía dar crédito.

Nunca se había sentido así, una mezcla de arrepentimiento, miedo, pero también curiosidad y ganas de seguir viendo más recorrían cada parte de su cuerpo.

Mantenía el libro abierto apoyado en su pecho.

Se incorporó de la cama dejándolo aún lado y se dirigió a la ventana para tomar aire fresco. Sin duda lo necesitaba, la luz de la luna iluminaba el paisaje con mayor intensidad que otras noches, la brisa era fresca y algo húmeda.

Tardó varios minutos en darse la vuelta y poner sus ojos en aquel montón de hojas que reposaba en su cama.

- qué estoy haciendo - se dijo a sí misma.

Agatha se sentía decepcionada, esperaba que el libro resolviera sus dudas, pero lejos de hacerlo, se sentía aún más confusa y con necesidad de saber más sobre el tema en cuestión. Desde la noche en la que se perdió en Marbella, meditó eso que dijeron las prostitutas sobre que 'le gustaban las niñas'. No le dio mucha importancia, pero tampoco lo olvidó.

Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo notaba que su comportamiento no era como el de las demás jóvenes, no sentía ninguna atracción por los hombres ni tampoco deseos de casarse, llegó a pensar en Maximiliano como su esposo y le repudió tanto la idea de condenar a su amigo a un futuro deprimente con alguien que no le ama como debería, que se obligó a no volver a pensarlo más.

Sin embargo, la cosa cambiaba en el caso del género femenino, las jóvenes, sus compañeras del internado, o mujeres de la calle. Le encantaba admirarlas e incluso se sonrojaba cuando interactuaba con ellas, se percató que le era más sencillo entablar una conversación con un hombre que con una mujer, todo lo contrario a lo que debía ser. Y ahora ese libro cuyo contenido toca temas tan prohibidos como misteriosos y que a Agatha le generaba tal curiosidad que no era capaz de dejar de leer.

Amor entre mujeres, lujuria femenina, con ilustraciones bien claras de ello en varias páginas. Una novela sobre el amor prohibido entre dos mujeres.

Suspiró de nuevo y volvió a la cama. Cerró el libro y lo escondió en el fondo de un cajón. Seguidamente se dispuso a dormir no sin la cabeza llena de dudas.

Con Maximiliano no hablaba del libro, agradecía que cumpliera su promesa de no preguntar, sin embargo, en sus ojos y sus silencios más frecuentes de lo normal podía notar su preocupación.

- Maxi

- dime

- gracias por conseguir el libro

El amigo emitió un leve sonido afirmativo, estaba claro que ese tema no le hacía ninguna gracia y casi que prefería no enterarse de nada relacionado con ello. Sin embargo, eso no significaba que no siguiera algo preocupado.

- ¿estás bien?

- sí, por qué lo preguntas - dijo su amigo algo malhumorado.

- pareces enfadado

Maximiliano resopló con fuerza expulsando parte del estrés y enfado que contenía.

- estoy algo nervioso

- ¿por la universidad?

- por todo en general - dijo con desánimo.

Agatha que estaba tumbada boca arriba en mitad de un prado cerca de las casas, rió.

Agatha conoce a Maxi.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora