Cap 40 - un break para tanto caos.

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May abrió poco a poco sus ojos y se dio cuenta que tenía un pijama con dibujos de arañas. Pensó en Peter de la 199999 y sonrió, hasta que se dio cuenta de su realidad.

Nada estaba bien.

Stephen estaba sentado en el suelo, con su cabeza pegada a la pared y sus codos recargados en su hombro, mirando fijamente la puerta.

—¿Strange? —preguntó, colocándose de pie.

Él se levantó de un brinco, mirándola fijamente. Sus ojos lo traicionaron y brillaron, dejando una salir una pequeña lagrima al verla bien.

May no dudó en correr para abrazarlo, empezando a llorar.

—Tranquila. —susurró. —Estamos bien.

—Todo es una pesadilla.

—Temo decirte que no. —dijo, tomándola de los cachetes para que lo mirara. —Pero estamos juntos en esto y juntos saldremos.

Ella bajó la mirada y quitó su mano, para sentarse en la cama. Stephen sintió su extrañes y se acercó, arrodillándose frente.

—¿Qué pasó?

—¿Por qué no me lo dijiste?

—¿Decirte qué?

—Lo de Stephen de ese universo. —sollozó, apretando sus puños. —Él te lo advirtió.

—Pensé que no llegaría ese día.

—¿No planeabas decirlo?

—No, para ser verdad. —suspiró, colocándose de pie. —Pensaba protegerte.

—No justifica que me lo hayas ocultado, Strange. —se levantó, quedando enfrente. —No tiene...

—Perdóname. —dio la vuelta, colocando ambas manos en la ventana alta.

Su espalda se veía grande y no sabía si era por la posición de sus brazos por encima de él, o porque su espalda siempre fue el rasgo físico que le fascinó a May, contando sus ojos.

—Pero ahora estamos aquí. —repitió. —Y si me disculpas y lo logramos.

—Stephen.

—Estoy dispuesto a todo por pasar momentos de mi vida contigo. —giró su cabeza, mirando sus labios. —Para sentir lo que se siente amarte.

May miró su traje colgado en un gancho en la puerta, junto a su mochila llena de cosas en la mesa. No iba a cuestionar cómo había llegado eso ahí, así que siguió recorriendo la mirada por todo el lugar.

Entendía con claridad las cosas, aunque igual eso la llegaba a confundir.

Sus ojos llegaron a Stephen y el agachó la cabeza, apretando su puño.

—Quédate conmigo, May. —susurró. —Voy a protegerte.

Ella tomó un buche de aire y no dudó en balancearse sobre él para comenzar a besarlo desesperadamente.

<3

Nunca había tomado a alguien con tanto deseo, como siempre lo hacía con May. Me encantaba la manera en que ella tenía confianza de abrirse completamente para mí.

Su alma era lo que me preocupaba. No quería que alguien más pudiera tener lo que ahora me pertenecía a mí.

No quería sonar un idiota que creía que una mujer era de mi propiedad ¿pero May? era completamente mía y yo suyo.

—Quédate conmigo. —susurré, tomándola de las piernas para cargarla.

Ella se separó un poco de mi boca y sonrió. Aún conservaba una lagrima en su ojo que derramó al verme.

Con cuidado la acosté en la cama y disfruté quitarle la ropa poco a poco, hasta poder apreciar su cicatriz. No quería dejar de apreciarla, de disfrutarla, quería hacerlo hasta el día en que ambos dejáramos de respirar.

No hice perder su tiempo tratando de quitarme el traje, sino lo hice desaparecer, quedando su piel con la mía.

Ella se giró, quedando arriba de mí. En su rostro pude ver cómo disfrutó pasar su humedad en mi erección, alzando su rostro.

La tomé de las caderas para tratar de llevar el control para lo siguiente, pero ella quitó las manos y las sostuvo por encima de mi cabeza.

—Me toca a mí primero. —sonrió.

Ella quitó sus manos y yo las bajé, dejándolas tiradas por a lado de nuestros cuerpos. Ella no tenía ningún tipo de ropa interior, pero yo sí.

Lo bajó con cuidado, cuidándome como si fuera lo más frágil del mundo. Sus ojos brillaron al ver mi erección.

No era la primera mujer con la que me encontraba, tampoco que viera mi cuerpo o me deseara.

¿Pero ella?

Ella me hacía sentir deseado y querido a la vez, cosa que no había sentido desde hace mucho tiempo.

Subió su mano a su boca y depositó baba. Me miró fijamente a los ojos mientras lo hacía y era jodidamente caliente tener esa imagen solo para mí.

No me interesaba cuántos hombres había tenido antes que yo. Me interesaba saber quiénes estarían después.

Y solamente quería estar yo.

Me perdí tanto mirarla a los ojos, que solo jadeé al sentir sus manos alrededor de mi erección. Lo masajeo lentamente haciendo que el líquido lo lubricara perfecto.

—¿Te gusta? —me preguntó, sentándose arriba de él.

No se preocupó en usar algún tipo de condón. Tampoco me preocupé en hacerlo, si ella se sentía cómoda y protegida, que siguiera.

Soltó un gemido al sentirlo, pero poco a poco comenzó a mover sus caderas, haciéndome perder el control.

Apreté las sábanas, mientras aumentaba la velocidad de sus caderas, escuchándose gemidos por la habitación y el sonido que nuestros cuerpos provocaban.

—Me encantas. —jadee, apretando las sábanas.

Sentí que la erección iba a explotar dentro de ella, pero me contuve esperando hacerlo al mismo tiempo que May.

Mi May.

Sus piernas comenzaron a temblar y entendí la señal. Me encantaba verla correrse frente a mí, pero era yo quien la haría acabar.

Tomé sus caderas con enorme deseo y la puse debajo de mí, abriendo sus piernas para que yo pudiera continuar penetrándola.

Mi pelvis ardía, pero no iba a parar. No quería acabar nunca, quería quedarme dentro de ella por siempre, aun así, nos pusiéramos en riesgo.

Alce mi mano para escupirle, bajándola rápido para acariciar su clítoris sin cuidado. Sus piernas temblaron más y tomó mi espalda, enterrando sus uñas en él.

Ardió, lo más seguro es que la marca me quedaría por unos días, pero no me molestaba que la marca me durara toda la vida. Venía de ella.

Venía de nosotros.

Me acerqué a darle un beso, tratando de reprimir los gemidos. Me encantaba verla gritar, gemir, retorcerse debajo, pero justo ahora estábamos en un universo donde lo más seguro es que todos sabían lo que estábamos haciendo.

Al diablo. Ella era mía.

—Stephen.

Apreté mis ojos al escucharla decir mi nombre y acabé dentro de ella. No pensé en algo más, ella tampoco.

Se que sentir mi semilla dentro de ella la hizo alucinar, porque después ella se corrió, empapando la cama junto conmigo.

Me dejé caer a un lado de ella, apreciando sus ojos cerrados tratando de estabilizar su respiración.

—¿Qué pasará con nosotros? —preguntó, derramando una lagrima.

—Se que encontraremos la manera.

—¿Por qué tan seguro?

—Porque quiero quedarme contigo. —levanté mi cabeza para darle un beso en sus labios. —Y quiero que tú te quedes conmigo.

Calling || Doctor StrangeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora