En la ciudad arácnida se escuchó una alarma que hizo que todos dejaran de hacer sus actividades para prestarle atención a las grandes pantallas que se mostraban enfrente de cada edificio.
Claro que era un universo moderno, incluso, unos que no desearon salir solo activaron su reloj para poder ver lo que se iba a trasmitir.
Miguel O'hara apareció y toda la ciudad guardó silencio.
—Ni siquiera tengo la hora para decirles "buenos días", "buenas tardes" o "buenas noches. —suspiró, ganándose varias miradas con miedo. —Y aunque la tuviera, no tiene nada de buenos.
Jessica estaba detrás de él, al igual que Luna, siendo acariciada por Stephen, dándole ligeros besos en su hombro.
—Podemos acabar con él. —Luna giró un poco su cabeza, para acercarse al oído de Stephen. —No hay que arriesgar a las arañas.
—Al menos Miguel tiene que ir. —murmuró. —Son las reglas arácnidas que tiene que respetar.
—Sigo sin entenderlo.
—El decidió tomar el cargo, mi amor. —dio otro beso, para mirar la mano de Miguel apretarse. —Él tiene que ir.
—Hace años tuvimos bajas... bajas causadas por Stephen Strange de 666. —alzó la voz, mirando fijamente la cámara. —Una y última de las nuestras fue capturada hace poco, pero les prometemos que ella regresará aquí y también a su universo.
Fueron pocos los aplausos, porque la otra mitad de la población sabía que lo había pasado. Las bajas que habían tenido. Los dolores que habían sentido en cada funeral que tuvieron.
—Este día me iré. —sonrió de lado, mirando de reojo a Luna y Stephen. —Pero no solo, sino con un buen equipo.
Apagó la cámara y la hizo a un lado, cayendo en una silla, restregando su cabeza con ambas manos. Luna iba acercarse, pero Jessica fue más rápida, palmeando su hombro.
—Tu dinos la señal, Miguel.
—Ya.
🕸️
El santuario había cambiado demasiado en 2 semanas. Incluso, nadie había tocado la puerta en Halloween, ni siquiera para pedir dulces o vender el periódico en las mañanas.
La extraña desaparición del hechicero causó algunas confusiones, pero él no iba aclararles nada.
¿Con que valor se atrevería a decir que estaba perdiendo todo razonamiento por una mujer que no era de su mismo mundo? O peor aún.
Su mismo universo.
¿Cómo había sucedido?
¿Cómo había pasado de buscar hechizos para regresarla, a buscar la manera para que ella se mantuviera a su lado?
—May, may. —murmuró en su habitación, acariciando el collar con sus manos.
Ni siquiera había tomado un vaso de agua. Estaba completamente perdido en cerrar sus ojos y sentir su tacto. En sentir su piel. En sentir sus besos.
—¿Qué me hiciste?
Él se sentó en el suelo, en forma de buda y abrió el darkhold frente a él.
—Dámelo todo. —alzó la voz, empezando a levitar.
Si alguien hubiera estado mirando a Stephen, era obvio que no era la misma persona. Ni siquiera podía compararse con el Stephen de hace un mes.
No podía entender a Stephen Strange de la 666.
Pero si entendería la razón por el que lo mataría.
En el suelo comenzó a verse diferentes símbolos y un humo negro salió de ahí. Entonces sonrió, cuando un portal se abrió.
—¿Biblioteca pérdida? —preguntó para sí mismo. —¿Por qué nunca me lo dijiste, ancestral?
🕸️
—¿No tienes planeado desayunar?
May no respondió y miró fijamente su plato. No tenía intenciones de hacer algo más, sino pensar en cómo salir de ahí.
Todo su universo estaba colapsado, podría verlo desde la ventana del santuario. El universo estaba oscuro e incluso ellos estaban en medio de un mar.
—No tengo hambre.
Alzó poco a poco sus ojos para mirarlo, con una pequeña sonrisa que ella no dudó en devolver.
—¿Qué quieres de comer?
—Nada.
Él se encontraba en el otro extremo de la mesa. A comparación de su Stephen, el tenía su santuario hecho su casa.
Se sentó a un lado de ella y cambió la comida por una hamburguesa que a su May le gustaba.
—Se que las hamburguesas te gustan.
No evitó sonreír, aunque quiso evitar que el la mirara, logró verla. Se veía hermosa. Su cabello castaño le quedaba bien con su piel, con sus ojos, con sus labios.
¿Por qué sentía la necesidad de besarla? Sus labios lo llamaban exageradamente, incluso manteniéndose cerrados.
Los abriría para él.
—Háblame sobre ti.
—Pensé que sabrías sobre mí. —arqueó las cejas. —Me robaste de otro universo, al menos...
—No empieces. —sonrió, levantándose para caminar de nuevo a su asiento. —Te dije háblame sobre ti.
Su voz fue más ronca, temible, le estaba dando una orden y ella apretó su pierna con su mano. Estaba nerviosa. Tenía miedo.
Stephen se dio cuenta de lo que había hecho y negó con su cabeza, pegándole en la mesa. Poco a poco alzó de nuevo su mirada y la apreció.
—Discúlpame, Eli. —sonrió. —No voy a obligarte a nada.
🕸️
El universo 199999 seguía estando tranquilo. ¿Cómo podía haber tanta tranquilidad con un hombre en un santuario deseando recuperar a una mujer que lo había enamorado?
Y lo peor era que el hombre ya no se encontraba ahí.
—¿Estos son todos los libros? —preguntó, dándose cuenta que el hombre que lo había guiado ya no se encontraba detrás de él. —Bueno... gracias.
El admiró cada uno de ellos e iba a empezar a tomarlos, cuando la biblioteca empezó a desaparecer.
El cerró sus ojos y trató de mantenerse ahí, pero la cosa que lo estaba consumiendo era más poderosa que él.
¿O era persona?
Y solo habían 2 personas más poderosa que el hechicero supremo.
Apareció en una habitación oscura. Lo único que podía ver era una pequeña antorcha que dirigía un sendero.
Había un trono al final de este lugar.
Una mujer de cabellos negros estaba sentada ahí, con sus piernas abiertas. Tenía una corona de 2 puntas en su frente.
Su traje era de pelea, pudo reconocerlo, aunque le extrañaba que sus botas de tacón pudieran permitirle correr en una batalla.
Ella no corría en las batallas.
Con unos dedos jugaba el descansabrazo y sus tacones sonaban cada 6 segundos.
—¿Por qué me trajiste aquí?
—Yo lo decidí. —respondió un hombre, saliendo detrás de él.
Stephen Supremo.
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Calling || Doctor Strange
Fiksi PenggemarDespués de la batalla final, Stephen Strange pensaba en un maravilloso y tranquilo plan de retiro. Eso hasta que un problema multiversal se presentó, dándose cuenta que esa teoría era cierta y no estaban completamente solos. ¿Qué tendría que hacer u...
