Juan Cruz y Ezequiel son amigos desde pequeños. Su amistad es inquebrantable y se complementan a la perfección. Sin embargo, cuando una tarde de verano un camión de mudanza se detiene en su barrio, las cosas toman un drástico giro: Coni será la nuev...
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Tres días después del test
―¿Estás bien? ―pregunta mamá al salir del consultorio de la Dra. Silvana García.
―Sí, fue muy fuerte ver ese latidito en la pantalla ―Entramos al auto casi al mismo momento. Me cruzo el cinto y prendo el Stereo.
La música bajita de fondo tiene el efecto de relajarme.
―Tenemos que pasar por la farmacia y comprar todo esto.
―Lo siento mucho, má ―mi pecho se desinfla y las lágrimas comienzan a correr sobre mis mejillas, a borbotones.
Ella me mira por un segundo y me frota la rodilla. Niega con la cabeza suavemente y aprovecha a darme un abrazo cuando nos detenemos frente a un semáforo.
―Shhh, ya está. Ahora tenés que comer bien y cuidarte vos y al bebé. ¿Estamos? ―puedo ver su emoción en sus ojos. No ha salido ni un solo felicidades de sus labios aunque la entiendo. Yo tampoco estaría a gusto con una situación así.
Miro la imagen difusa que el nuevo aparato de la clínica adonde atiende mi doctora emitió y no puedo creer que esté embarazada de 7 semanas. En un mes, tendré que regresar a un segundo control y ella me aseguró que podré tener una visión más clara del bebé.
Mamá estaciona el auto en la avenida, frente a la farmacia. No quiero bajar y ella tampoco me fuerza a hacerlo. Estamos lejos de casa y supongo que no insiste porque no quiere que el barrio esté enterado de cada uno de mis pasos como futura mamá.
Tarareo las canciones que pasan en la radio, pero continúo desconcentrada. Bajo la ventanilla porque hace mucho calor acá adentro sin imaginar que vería a Ezequiel caminando de la mano con una chica. Entrecierro mis ojos, tratando de convencerme de que es un espejismo.
Van tomando un helado y él le lleva la mochila colgando del hombro. Cierro los párpados, cayendo en la cuenta de que estamos solo a una cuadra de su colegio.
Trago, molesta. ¿Los motivos? Los desconozco. Deben ser las hormonas.
Resigo su andar mirándolos como una chusma por el espejito retrovisor. Desaparecen en la esquina para cuando mamá sube al auto.
―¿Todo bien?
―Sí, con calor.
―¿Querés que pare en un kiosco y compramos una botella de agua?
―No, prefiero ir a casa y dormir. Tengo un poco de dolor de ovarios.
―Silvana te dijo que eran normales.
Asiento. Silvana dijo que es común sentir algo de dolor pélvico los primeros días.
También me dijo que, probablemente, quedé embarazada aun cuidándome con la píldora anticonceptiva porque estuve tomando antibióticos para mi infección urinaria. Parece que hay un algunos componentes que inhiben su eficacia y blablá.