Juan Cruz y Ezequiel son amigos desde pequeños. Su amistad es inquebrantable y se complementan a la perfección. Sin embargo, cuando una tarde de verano un camión de mudanza se detiene en su barrio, las cosas toman un drástico giro: Coni será la nuev...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Por dos horas, miro el techo de mi habitación.
Literalmente.
Las aspas del ventilador están inmóviles, como mi cuerpo.
La telaraña de la esquina se mantiene imperturbable. Debería pararme en una silla y limpiarla con el plumero pero ni siquiera esa tarea tan sencilla es capaz de motorizar mis extremidades.
Las preguntas no son distintas a las que hace tiempo vengo planteándome y aun así, no descubro las respuestas.
De las dos hermanas, siempre fui la más prudente, aunque mi naturaleza gritaba lo contrario. Eso forjó mi carácter; fui más paciente, menos "polvorita" y más cauta en mi toma de decisiones.
Tiendo a sobre analizar las cosas, a pensar en todos los pro y los contras antes de arriesgarme.
Eso no me eximió de quedar embarazada a una temprana edad, pero fue un error. Ya dejamos en claro cómo sucedió.
Años más tarde me sigo encontrando dividida por un debate que me ha tenido a maltraer, un debate que ni siquiera tendría que desvelarme.
¿Es posible amar a dos hombres?
Me siento sucia y tonta por planteármelo.
"Son amores distintos", me respondo, y de inmediato contrapongo a Ezequiel y a Juani como si fueran a enfrentarse a duelo o formaran partes de dos columnas en una planilla de Excel.
Giro sobre mi cuerpo y la lágrima atascada en mis ojo derecho se desliza por mi nariz y muere en la almohada. Sorbo mi nariz y no me es ajeno el sonido del teléfono, repetitivo y molesto.
Sé que es Eze el que intenta contactarme. Lo he visto en el identificador minutos atrás.
Le debo una respuesta, le debo explicaciones acerca de mi desaparición.
¿Pero qué le voy a decir? ¿Cómo lo voy a enfrentar?
Me siento en la cama, mirando el aparato que no deja de sonar y confirmándome quién es. Son las siete de la tarde y se suponía que nos volveríamos a ver por la noche.
Trago la bola de nervios y de disgusto que anuda mi garganta, arrastro las lágrimas que no dejaron de caer desde que Juani se marchó y limpio mis cuerdas vocales.
Merece explicaciones.
Merece a otra mujer.
Como Juani.
―Por Dios, Coni, estaba a punto de llamar a Interpol para que te ubique ―Argumenta Zeke apenas presiono "responder" a la llamada ―. Supuse que no sería buena idea cruzar a la casa de Josefina ―Celebro eso, hubiera sido una tragedia.
―Necesitaba...pensar...―Exhalo en un gemido.
―Ya lo creo que si ―detecto algo de pesar en su voz ―. ¿Qué pasó desde que te fuiste de casa hasta estas horas? ―Ninguno es ajeno al temor de perder lo que amamos en manos de la traición.