Caminar se había vuelto lo único que podía calmarla. Agotarse parecía ser la mejor opción para no arrancarle la cabeza a Arterys, ni a Zelik. ¿Por qué no le había sido sincero desde un comienzo? Claro, porque seguía sin confiar en ella. No al menos como ella esperaba, o deseaba.
No iba a rogarle por su atención, no lo haría, ni tan poco por su amistad. Ya había caído en el más humillante de los ridículos al abrazarse a él y mostrarle esa debilidad suya, solo con la esperanza de que él se abriera a ella de vuelta. De, por fin, formar aquel vínculo que Dullahan tanto le había insistido. En que juntos podrían formar un equipo, un dúo letal.
Pero Arterys seguía tan encerrado en sí mismo que no lo lograrían nunca.
Y para qué mentir, ella sabía muy bien que tampoco estaba preparada. Novara Ganodac seguía siendo la misma niña que el día en el que llegó. Incapaz de enfrentarse y comprender el comportamiento de un chico que decía ser su amigo y luego no actuaba como tal. Tal vez ninguno de los dos estuviera listo para ser los soldados que el resto esperaba. Ni tampoco los aliados que soñaban.
Cuando el sol comenzó a brillar en el horizonte, Novara comprendió que en tan solo unas horas se haría de día. Debía volver al campamento y ponerse a salvo antes de que algún guardia diera con ella en mitad del bosque y la arrastrase a ese castillo.
Entonces, una sonrisa fue asomando por sus labios al mismo tiempo que sus sombras, la extraña magia que ahora bailaba a su alrededor, se internaba en cada uno de sus poros como si absorbieran la oscuridad.
—Con que querías entrar al castillo y encontrar ese pergamino, ¿no, Arty? —Murmuró al aire, sabiendo que estaba sola y tan solo el frío viento de la noche la rodeaba. —Bien, veamos quien lo consigue antes.
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Su capucha se sacudía violentamente contra el viento que la azotaba al lanzarse desde uno de los muros colindantes al castillo. Aterrizó con los pies y las rodillas flexionadas para amortiguar el golpe en el resto del cuerpo, tal y como Dullahan le había enseñado.
Ante el sonido sordo de la caída sobre la gravilla, se vio obligada a esconderse tras unas cajas de mercancía con la esperanza de que el soldado no se acercase demasiado a ella. No quería tener que matar a alguien más, no deseaba cargar con la muerte de otra persona a sus espaldas, no después de la última vez.
Todavía recordaba la primera vida que había quitado en la misión de hacía seis meses. Era una mujer que había tomado demasiado Antícora, una especie de veneno alucinógeno que provenía de una de las criaturas más peligrosas de los cinco continentes, y la cuál su veneno estaba considerado como una droga de las más adictivas del mundo. Esa mujer había intentado matarla a ella, también a Hara. Cuando hirió a su amiga, Novara comprendió que no había final para alguien como ella. Lo único que podría darle paz a aquella mujer era la muerte, y así fue. Después de aquello, sus manos quedaron manchadas de sangre para siempre.
Se negaba a volver a sentir el calor de la sangre sobre sus dedos, el color rojizo que se ceñía sobre su piel cubriéndola hasta el último rincón y que después costaba tanto de limpiar. Odiaba la sensación pegajosa sobre sus manos y ver como al arrebatar una vida, los ojos de aquella persona se apagaban de forma definitiva.
Esperó con paciencia a que el soldado pasara, pero este parecía ser más listo de lo que esperaba. Novara rodeó las cajas mientras el hombre se acercaba a ellas e iba en busca de alguien o algo que hubiera creado aquellos surcos en la gravilla. No quería hacerlo...No quería tener que acabar con él, así que salió por el lado contrario y se colocó tras él como una sombra.
Sus manos se movieron muy rápido, al tiempo que una cubría la boca del soldado la otra presionaba en aquellos puntos que Dullahan le había insistido tanto en aprender durante el último año. Simplemente dejaría al hombre inconsciente, si lo hacía bien, claro, durante al menos unas horas.
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Los Secretos del Rey ❘ Libro 0.1 Precuela ❘
Fantasía|Novela COMPLETA| Vanora Cadogan y Argel Gallander no tienen nada en común. Ella es la princesa de la Corte Norte, un lugar frio y desolado y él un príncipe pirata de la Corte Sur. Es entonces cuando sus destinos se ven unidos y todo cambia. Argel...