Las hojas volaban abandonando las copas de los árboles, dejándolos desnudos ante el reciente frío y los primeros copos de nieve. El otoño había quedado atrás junto a los niños temerosos que habían llegado hasta Dullahan y Hedas hacía ya casi tres meses.
Vanora Cadogan había abandonado su nombre por completo, quedado en el olvido para el resto del mundo, pero siempre guardado en un pequeño rincón de su memoria. Sus esfuerzos habían dado sus frutos, su entrenamiento con Dullahan había mejorado su cuerpo y su mente, pero no el control de su magia.
Aún recordaba los días y semanas en los que su maestro le había tenido golpeando los árboles de la zona, en la que le había obligado a correr junto a Hara, Zelik y Arterys por el riachuelo contra corriente para fortalecer sus piernas. En cómo, cuando le tocaba a Hedas mostrarles alguna habilidad que no dominaban, a los pocos días los dedos de sus manos sufrían las consecuencias.
Torturados. Secuestrados. Rotos y hundidos, pero a su vez renacidos. Esa era la historia del pequeño grupo que se había formado con aquellos salvajes entrenamientos.
Zelik se había convertido en un maestro de lo más particular en el combate cuerpo a cuerpo. Y sus conversaciones siempre resultaban divertidas y reconfortantes al caer la noche. Vanora, Novara no había podido evitar cogerle cierto cariño a aquel niño con el que no había empezado demasiado bien, pero que ahora era el primero en defenderla.
Después de todo, la rivalidad sana acababa uniendo a las personas.
Hara sin embargo se había centrado en ser la mejor curandera y a pesar de que aún era una niña, era la que más destacaba entre todos los pequeños que querían dedicarse a ello. Su sonrisa perfecta y sus ojos color miel, conseguían tranquilizar a Novara en cada momento en la que la pequeña se venía abajo por los recuerdos.
¿Y Arterys? Apenas había hablado con él. Un misterio andante, un vagabundo solitario.
No recordaba tan solo una conversación con la que hubiera podido hablar más allá de los entrenamientos o misiones. Mientras Zelik bromeaba en las hogueras, ganándose la tímida risa de las niñas, siempre se había asegurado de mantener a Art cerca, para involucrarlo con el resto. Un gesto que, a pesar de todo, el chico parecía agradecer en silencio.
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Los días helados pasaron y Novara supo entonces que su entrenamiento comenzaría a ser más intenso. No era extraño que, al pasar las estaciones, y apenas llevando dos con aquella gente, aprovechasen las condiciones meteorológicas para hacer unos entrenamientos u otros. El invierno comenzó hacerse notar en aquellos días, y para entonces Novara ya sabía lo que le esperaba.
Aquella mañana, la posición de Dullahan era firme, con las piernas separadas y los brazos cruzados frente a ella, indicaba que aguardaba por un golpe directo.
—No puedo invocar la magia, ya lo sabéis.
—Pudiste invocarla cuando te separé de Bugul, cuando te atacaron los Espectrals y cuando murió Zalnar.
Sus recuerdos le atizaron sin remordimientos y aunque aquello provocó que las lágrimas se agolpasen contra sus ojos, no se permitió derramar ninguna. Con dureza, tragó saliva para observar a su maestro que se mostraba como siempre, paciente y calmado. Frío y letal. Dullahan Somber era sin duda un hombre al que había comenzado a admirar.
—No fui consciente de ello, desconozco como lo hice. —Expresó la pequeña acariciándose la cicatriz que aún decoraba su pómulo izquierdo. Aquel corte que él mismo le había hecho el día que la cazó.
—¿Recuerdas los entrenamientos con Zelik al comienzo? e incluso, ¿el primero en el que Hedas se burló de tu debilidad? en tu interior comenzó a arder ese poder.
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Los Secretos del Rey ❘ Libro 0.1 Precuela ❘
Fantastik|Novela COMPLETA| Vanora Cadogan y Argel Gallander no tienen nada en común. Ella es la princesa de la Corte Norte, un lugar frio y desolado y él un príncipe pirata de la Corte Sur. Es entonces cuando sus destinos se ven unidos y todo cambia. Argel...