Capítulo 47 ❆

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Su llegada al campamento fue tal y como Dullahan Somber había mencionado, una auténtica festividad. Los gritos y aplausos la ensordecieron desde que entraron por la calle principal de su campamento, todo el mundo se encontraba en la plaza esperándola.

Los vítores contrastaban enormemente con las prendas de luto que muchos de ellos llevaban. A su alrededor todos los que habían combatido aquel día ahora lucían sus heridas y cicatrices con orgullo, como si para ellos implicase un bautismo como mercenarios. Pero era una prueba que no todos habían superado.

Al cruzar por la calle principal, un grupo bastante numeroso se acercó hasta el caballo de Novara, hablándole con demasiado entusiasmo para la tristeza que ella albergaba en su corazón. Pues, aunque todo el mundo la veía como la heroína que había derrumbado aquel castillo y casi acabado con el general que había provocado esa batalla y el enfrentamiento anterior hiriendo a muchos de los suyos, ella no podía dejar de pensar en las numerosas vidas que se habían perdido. Entre ellas, las de su amigo Zelik.

—¡Apartaos! Es una orden. —Gritó una voz masculina.

Novara tiró de las riendas de su caballo dejando que uno de los mercenarios más veteranos y que tenía una herida aún abierta en la mejilla, las tomara para que ella pudiera bajar. El hombre le dedicó un asentimiento a modo de saludo para agarrar las riendas de su caballo. Novara simplemente se lo devolvió con el rostro serio.

No era el momento para celebraciones, no lo era para que la nombraran finalmente una protectora de alto rango. No quería ver aquellos ojos llenos de admiración cuando no había ganado nada, solo había perdido. Aquella batalla había sido como lanzar una moneda al aire y esperar que saliera la cara buena, pero no fue así.

Pasó una pierna por encima del asiento de su montura y se deslizó hasta caer al suelo frente a los ojos de todo el mundo, que ahora se mantenían en silencio y abriéndole paso a Osrok que con los ojos cubiertos de ojeras, moratones y heridas le dio la bienvenida.

—No sabíamos si seguías viva después de que el castillo explotara. —Explicó el chico con voz ronca y tosca. El signo más claro de su agotamiento, como el de todos aquellos que habían participado en la batalla. —Muchos creían que te habíamos perdido junto a Zelik aquella tarde.

—Si ahora mismo puedo respirar y estar entre vosotros es por él, es por Zelik Omenak que ganamos esa batalla. —"Y que Dullahan consiguiera el pergamino que debió robarme cuando estaba inconsciente." Pero, aunque lo tuviera claro, nadie más sabía de aquello que había conseguido y le habían robado.

Los aplausos fueron fuertes, los gritos en el nombre de Zelik resonaron con fuerza al tiempo que el de otros compañeros caídos. Las lágrimas adornaron los ojos de algunos y la rabia brilló en los de otros, pero Osrok colocó su mano izquierda sobre su pecho en señal de respeto, de orgullo.

Para cuando los ojos de Novara se posaron sobre él, su gesto cambió a un puño en vez de mantenerse con la palma abierta como había estado haciendo hasta ahora, en señal de lealtad y admiración hacia ella.

—Si uno de los nuestros cae, el resto irá en su busca. Porque así somos, así es la Orden de Malak. —Su voz ronca y grave se alzó entre los murmullos de la gente. Pronunciando el lema de la Orden con todo el honor y la rabia que ahora rugían en sus palabras—. Somos los protectores de los Artefactos del Ayer, los jinetes de los cinco continentes, los Invocadores de las siete magias y los ladrones de los mil mundos. Si derraman nuestra sangre, nosotros derramaremos la suya. ¡Por la Orden! ¡Por Zelik Omenak! ¡Por Novara Ganodac y todos los caídos! ¡Por esta noche de luto y victoria, pero también por las que vendrán después!

La joven aun con los ojos rojos por las lágrimas que luchaban por salir de sus ojos, tragó saliva para golpearse el pecho en el mismo momento en el que todo el mundo lo hizo ante el nombre de las víctimas caídas. En lo que habían perdido aquella tarde, pero en la unidad como grupo que habían conseguido. Pues aquel día habían perdido amigos, soldados y héroes, pero habían ganado algo que Dullahan y Hedas habían mencionado el primer día.

Los Secretos del Rey ❘ Libro 0.1 Precuela ❘Donde viven las historias. Descúbrelo ahora