Monkey D. Luffy siempre fue un espíritu totalmente libre, indomable y feroz, como una ola chocando contra la costa, pero había algo que lo limitaba, amor, él lo sacrificaría todo por amor.
Universo alterno. (Luffy Marine)
Contiene escenas violentas...
–¡Luffy!, ¿donde carajos estabas?, ¿que está pasando?–pregunto el pecoso.
Los dos hermanos seguían tratando de ir hacia él, estaba a tan solo unos cuantos pasos y no entendían el por qué el pequeño no los ayudaba, solo estaba de pie, viéndolos en silencio. –Ace, Sabo...necesito que me juren algo–hablo, con una voz baja y quebrada, como si su garganta estuviera lastimada. –Lo que sea, Lu, pero explícanos qué sucede, por que están estos idiotas aquí–dijo esta ves el rubio. –Prométanme que no morían, cumplirán su sueño y que navegarán por el mar como personas libres. –¿De que hablas? –Dinos qué pasa. –¡Solo háganlo!...por favor.
Los dos hermanos mayores miraron el rostro cansado del azabache y luego se observaron entre ambos para después asentir. –Lo prometemos–afirmaron al mismo tiempo.
El Monkey esbozó una sonrisa leve, casi imperceptible y poco habitual, pero reflejaba el mismo sentimiento cálido que les había echo tanta falta en esos meses. Pero aquel momento terminó cuando uno de los tantos soldados que parecían estar registrando la casa de árbol, habló. –¡Las encontramos!–grito desde arriba, en tanto mostraba la caja de madera en el que el menor guardaba sus cartas, ninguno de los dos mayores se había atrevido a tocarla, así que no tenían ni idea del por qué la Marina la querría.
En tan solo unos momentos todos los soldados se alejaron varios pasos, exceptuando el Contraalmirante que acompañaba a Luffy, este se acercó hasta el enorme árbol y colocó la palma de su mano sobre este, en segundos todo su brazo se transformó en una masa al rojo vivo, la cual, incendió el tronco. –¡Oye!, ¿¡que mierda te pasa?!–le grito el pecoso. –¡Detente!–exclamó el ex-noble.
Pocos minutos después, todo su hogar se consumía en llamas, miraban horrorizados su casa convirtiéndose en ceniza, voltearon su vista a su pequeño hermano, quien mantenía el rostro bajo y que al igual que todos los Marines, no hacía absolutamente nada. –Lu...has algo, allí dentro está toda nuestra maldita vida, ¡las copas con las que nos convertimos en hermanos!, ¡nuestra bandera pirata!
El Monkey solo se atrevió ver a los pies de Ace y Sabo, no tenía el valor de levantar la vista y encontrarse con miradas hostiles, no lo soportaría, pero en aquel ángulo, pudo percatarse del telescopio botado en el suelo, dio cuidadosos pasos para acercarse, como si tuviera miedo de ser notado y solo quisiera pasar desapercibido, lo tomó y volvió a su lugar. Cuando la casa del árbol estuvo totalmente destrozada, amarraron a los dos niños y se retiraron, pero el azabache menor, de la misma manera de caminar de antes, tomó entre los escombros que cayeron, la bandera pirata que simbolizaba aquel sueño, las comisuras de sus labios bajaron al ver cómo estaba casi intacta, exceptuando la "L", esta la había incinerado el fuego, quitándole y arrebatándole la única señal que quedaba de que alguna ves si tuvo una meta. –Idiota–llamó el Portgas, su tono pasó de la furia a la desilusión, sus palabras no parecían más que murmullos–Toma tú estupido sombrero–luego de decir eso, pateo aquel tesoro hacia él, sin cuidado alguno. –¡Vete de una maldita ves!–reclamo el rubio, furioso.
El menor solo lo recogió, quería arrodillarse y suplicarles su perdón, pero ni su cuerpo ni su voz reaccionaban, solo se quedó allí de pie unos segundos más, para después irse junto con los soldados, desde ese día, ninguno de los tres hermanos volvió a ser el mismo.
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Sabo calló en una gran depresión, contrario a Ace, quien se sumió en una enorme ira, los dos se sentían traicionados. Tuvieron que volver a donde los bandidos a regañadientes, tomaron la rutina que tenían antes, días después del accidente, se percataron de que también les habían confiscado su fondo para ser piratas, no hacía falta descubrir quien les había dicho donde estaba. Garp trató de hablar con ellos, pero se negaban a escuchar y solo huían de él cuando lo veían llegar, pero el punto de quiebre de ambos, fue en el momento en que un periódico llegó a sus manos, desde ese instante, la imagen de su pequeño e indefenso hermano, se calló a pedazos. "El hijo del Líder Revolucionario, Dragon, es encontrado en uno de los rincones del East Blue, yaciente en la isla Dawn, en esta habitaba Monkey D. Luffy, un niño de 7 años, un ladrón y mentiroso, vivía en una caseta y robaba constantemente a las personas de la zona, este mantenía un contacto activo con su monstruoso padre, pero pudo reivindicarse al admitir sus genes tan amargos, una gran fortaleza Revolucionaria ha sido descubierta y destruida gracias a su información, varios de sus soldados han sido capturados y ejecutados, se esperan muchos más avances para el bien. Se ha alistado en la Marina y tendrá un servicio completo para convertirse en un gran soldado, está claro que esta es una gran victoria para el gobierno."
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Luffy y Ace caminaban de la mano hacia aquella plataforma de ejecución, las lágrimas seguían recorriendo su rostro, terminando su camino en su uniforme, manchándolo, pero por primera ves en mucho tiempo, esto no le interesó. Ace miró por última ves a su hermanito y le dedicó una pequeña sonrisa, en tanto soltaba su mano y comenzaba a subir las escaleras, el de 17 se dirigió a su lugar, en uno de los cuatro tronos en donde los Almirantes se postraban, bajo la vista hasta los Shichibukai, específicamente a Jinbe, este le devolvía la mirada, era cierto que se había unido a su equipo, pero el gobierno no permitió que renunciara por completo a su puesto, no les beneficiaba el echo de perder a uno de los 7. El caos no tardó en llegar, como se era planeado, los piratas de Barbablanca se mostraron ante todos, observó los Den Den Mushi que transmitían al mundo entero y se memorizó sus ubicaciones, sabía exactamente en qué momento serían desconectados, cuando él y Akainu entraran en batalla, miró a Aokiji levantarse para congelar el mar y con él, el gran maremoto que había causado el del bigote, luego Kizaru salir a batalla para detener a todos los piratas que intentaban acercarse demasiado. Observó la bahía, notando como no solo había barcos aliados del Hombre Más Fuerte Del Mundo, si no que también de la Armada Revolucionaria, no le extrañó en lo absoluto y solo sacó su telescopio para tratar de buscar un rostro en específico en el campo de batalla, luego de poco tiempo lo diviso, era Sabo, corría en grupo junto con otros hombres los cuales le habrían pasó para aproximarse, al ya saber donde estaba, se levantó. –Aún no es tiempo, siéntate–ordenó el de gorra, con un tono grueso y demandante, que en otra ocasión, lo hubiera intimidado y asustado, pero ya no, no se detendría por unas simples palabras, mucho menos por unas pronunciadas por aquel hombre.