Similitud de alma

1.4K 168 3
                                        

Fueron tres largas semanas, el Monkey estaba más que ansioso, no sabía cómo reaccionaría la Villa Foosha o los bandidos a su regreso tan repentino, sin contar que la Marina aún no revelaba si tan siquiera seguía con vida.
El azabache estaba en su habitación cuando alguien tocó a la puerta, estaba sin cerrojo así que solo alzó un poco la voz para que quien sea que estuviera afuera, pasara.
–Luffy, ¿podemos hablar?–pregunto Zoro y el contrario asintió.

El capitán se sentó en su cama y el espadachín en la silla del escritorio que había en el cuarto de su amigo.
–¿Que sucede?–indagó el menor.
–¿Que pasará con nosotros cuando tu..?–se tomó unos breves segundos de silencio para después terminar la pregunta–Te vayas.
–¿Te refieres al rango?–el de cabello verde asintió–Bueno, en ese instante yo ya no formaré parte de ustedes, así que supongo que tendrán que organizarse sin mi, para ver quien queda al mando.

Zoro frunció el ceño, seguía sin agradarle la idea de que su capitán desertara, lo conocía desde hace siete años y desde el momento en que decidió confiar en él, lo hicieron todo juntos.
El Monkey llegó a su vida dos años después del fallecimiento de su amiga, en ese tiempo apenas era un cadete cuando se conocieron.

El Roronoa entrenaba en el bosque con el mismo rigor con el que lo hacía siempre, hasta que escucho pequeños pasos acercarse, dejo lo que estaba haciendo y se volteó en dirección al sonido, esperando encontrar a los otros chicos de su Dojo, pero s...

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

El Roronoa entrenaba en el bosque con el mismo rigor con el que lo hacía siempre, hasta que escucho pequeños pasos acercarse, dejo lo que estaba haciendo y se volteó en dirección al sonido, esperando encontrar a los otros chicos de su Dojo, pero se sorprendió al solo ver a un niño uniformado, se notaba bastante que era más pequeño que él.
–¿Eres Zoro?
–¿Quien pregunta?
–Me llamó Luffy, soy parte de la Marina y actualmente postulo para la división del Vicealmirante Aokiji.
–¿Que quieres conmigo?
–Tu maestro dijo que viniera a conocerte, pensó que nos llevaríamos bien.
–¿Koushirou?, no le hagas caso, no estoy interesado en tener un amigo, lárgate.
–Pero te ves...ya sabes, solo.

Aquella frase pareció enfurecerlo, porque no dudó en acercársele de manera amenazante y colocar una de sus espadas en su cuello, en ese último tiempo había optado por practicar más con katanas con verdadero filo.
–¡Juro que si no te callas te cortaré el cuello!–grito con fuerza, queriendo que aquel mocoso se fuera de su vista de una ves. Pero el pequeño no pareció tenerle miedo, simplemente lo miró tranquilo y luego le entregó lo que tenía en sus manos desde que llegó.
–Me dijeron que no habías comido nada desde ayer así que ten, me lo dio mi abuelo.

Zoro pareció tranquilizarse y solo se lo arrebató de las manos para irse a sentar en el pasto, apoyando su espalda contra un árbol, siendo seguido por el menor, quien se sentó a su lado.
–¿Y qué se supone que hace la Marina aquí?
–Varios piratas comenzaron a frecuentar la isla y a hacer unos cuantos desastres, así que nos quedaremos aquí por unas cuatro semanas para regular eso.
–Es bastante tiempo para alguien como tu, ¿tus padres están de acuerdo que te quedes lejos de casa por esos plazos?
–No tengo padres, así que supongo que está bien, no hay ningún lugar para mi exceptuando mi puesto–el de cabello verde lo volteó a ver, el azabache no se veía deprimido en lo absoluto por su situación.
–¿Murieron?
–Me abandonaron.
–¿Y los recuerdas?
–No se que habrá pasado con mi madre, pero recuerdo a papá, incluso traté de comunicarme con él, pero todo salió mal, de todas formas ya pasó, dime ¿qué hay de ti?
–Mis padres murieron, mi mamá cuando yo era bebé y mi papá tres años después, no tengo más familia así que solo me entregaron al Dojo y crecí ahí, ahora solo me enfoco en hacerme más fuerte.
–Parece que no somos tan diferentes.
–Cállate, no me compares contigo–el menor ignoro totalmente el reproche y siguió con la conversación.
–¿Y tienes algún objetivo en específico?
–Obviamente si, me convertiré en el mejor espadachín de todo el mundo–Luffy sonrió levemente.
–Te ves determinado, estoy seguro que lo lograrás.
–¿Y qué hay de ti?, ¿tienes un sueño?–el Monkey tardó varios momentos en responder.
–No–dijo, pareciendo que sus palabras sólo escapaban en un suspiro.

El tiempo transcurrió y ambos se hicieron cercanos, eran polos totalmente opuestos, pero de alguna forma encajaban, Luffy le iba a traer comida todos los días y la compartían en tanto charlaban de todo lo que les pasaba, hasta que llegó un momento en que faltaban pocos días para que el menor se vaya de la isla.
–Oye, Zoro.
–¿Mh?
–¿Quieres unirte a la Marina conmigo?–el de cabello verde escupió el agua que estaba bebiendo y lo miro sorprendido.
–¿Hablas en serio?
–Por supuesto que si.
–Estas loco, no me uniré al maldito ejército, solo tengo 12 años.
–Por favor, no hay nada que te ate a esta isla y si vas conmigo recibirás un entrenamiento mucho más pesado para cumplir tu sueño.
–Luffy, me agradas, pero ni siquiera eres mi amigo y no sacrificaré la vida que he formado aquí, por ti.

El azabache admitió decepcionare, pero comprendía, aunque eso no significaba que dejaría de insistir.
Zoro fue rechazándolo cada ves que se lo proponía, hasta que una noche, decidió ir donde él, encontrándoselo en uno de los tantos campos abiertos que poseía la isla, este al percatarse de su presencia, dejó de practicar con sus espadas y le prestó atención.
–¿Que sucede, Lu?
–Te propongo un trato, si yo te gano en una batalla, te vas conmigo y si pierdo, dejo de molestarte con el tema.
–Te iras en ya dos días, no vale la pena.
–¿Entonces crees que perderás?–incitó, sabiendo el gran orgullo que poseía el contrario.
–Solo no quiero lastimarte, pero es obvio que soy muy superior a ti respecto a combate.
–Entonces demuéstralo–el Roronoa frunció el ceño y tomó sus katanas.
–Bien–aceptó, utilizando un tono seco.

La luna brillaba sobre la hierba, en tanto los dos se preparaban, Zoro fue el primero en atacar, se lanzó hacia el menor para cortar superficialmente su piel, pero este lo esquivó en un movimiento increíblemente rápido, sorprendiéndolo.
Había una gran diferencia de altura entre ellos, aunque no parecía intimidar en lo absoluto al pequeño, quien mostraba una agilidad sorprendente, el Roronoa no se quedaba atrás con sus movimientos, pero seguía sin ser lo suficientemente veloz como para alcanzar a su oponente. Todo el encuentro terminó cuando el azabache dio su primer golpe, fue algo rápido e inesperado, aprovechando uno de los momentos de distracción del espadachín, golpeó su estómago, causando que cayera de rodillas y soltara sus katanas, había perdido.
Luffy por su parte estaba orgulloso, le avergonzaba decir que aquella era su primera pelea real, siendo que el resto que había tenido, habían sido solo entrenamientos con su abuelo, Kuzan o Kizaru, quienes se esforzaban todo el tiempo para hacerlo más fuerte.

Vida bajo cargoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora