Monkey D. Luffy siempre fue un espíritu totalmente libre, indomable y feroz, como una ola chocando contra la costa, pero había algo que lo limitaba, amor, él lo sacrificaría todo por amor.
Universo alterno. (Luffy Marine)
Contiene escenas violentas...
Estaban en el gran hogar de la Emperatriz, charlaban de cosas coloquiales, en un intento de la mayor por averiguar más cosas del chico. –¿Y por que te uniste a la Marina? –No fue una decisión propia, había sido más una necesidad. –¿Como? –¿En serio no sabes?–la mujer negó con la cabeza–Descubrieron quien era mi padre. –¿Era un pirata? –Revolucionario–corrigió–Monkey D. Dragon.
Hancock se sorprendió y desconcertó al oír eso, claro que conocía ese hombre, era el criminal más buscado por todo el mundo. –¿Y por que te uniste a la Marina? ¿traicionaste a tu papá? –Jamás lo conocí, así que yo no diría "traicionar", de todas formas, era ser Marine o morir, planeaban una ejecución pública para darle algún tipo de mensaje a los revolucionarios, pero logramos un acuerdo y aquí estoy. –Debe de ser duro estar en un puesto tan alto de algo que tú no querías–el azabache asintió, sin muchas ganas de continuar con el tema–Dijiste que desertarás después de esto, ¿por que recién ahora? –No creo que debas saberlo. –Claro–hubo un silencio y la pirata notó la fatiga del contrario–Por cierto, prepare una habitación para ti, si quieres puedo llevarte. –No será necesario, solo dime dónde está.
La emperatriz le dio las indicaciones de cómo moverse por la inmensa estructura y luego, el menor se retiró con una pequeña reverencia, agradeciendo su hospitalidad.
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Se acosto en la cama y sin acomodarse, ni cambiarse de ropa, se durmió, soñó con momentos dulces, que con el tiempo se convirtieron en recuerdos amargos. Estaban los 3 descansando en las ramas de uno de los grandes árboles que había en la selva de la montaña Colubo, hasta que el menor se fijó en el gran oso que estaba abajo de ellos. –Oigan, ¿por que no lo casamos?, estoy seguro de que su carne nos duraría por días–sugirió al observar el gran tamaño. –Será agotador pelear con él ahora–respondió el rubio. –Si quieres inténtalo tú solo, pero si te pasa algo no planeamos rescatarte–concedió el pecoso.
El Monkey sonrió y sin dudarlo, tomó su tubería para abalanzarse sobre la bestia, siendo observado desde lejos por sus hermanos, pero al pasar los minutos, se dio cuenta de la mala decisión que tomó, cuando comenzó a hacerse muy pesado el luchar contra él, solo. –¡Oigan!, ¡no se queden mirando!, ¡ayúdenme! –No, te dijimos que no te salvariam–el Portgas no llego a terminar su frase, cuando él y Sabo vieron que por un mal movimiento del pequeño, una de las garras del oso fue mucho más rápida, dejándole una gran y profunda herida en su pecho. –¡LUFFY!–gritaron ambos, espantados por la escena.
No dudaron en saltar de su lugar e ir con su hermanito, Ace lo cargo en su espalda y miró a Sabo, en busca de que él supiera que hacer. –¡Debemos de ir con Dadan!–inquirió el de azul.
Sin perder más tiempo, comenzaron a correr, Ace sentía la sangre del Monkey correr por su espalda y las lágrimas que tenía, caer en su hombro, estaba inmensamente horrorizado y era obvio que el pánico los sucumbía a ambos. Fue un camino eterno, en el que por fin llegaron a la casa de los bandidos, tocaron la puerta, pensando en destrozarla si nadie les abría, hasta que se asomo Magra, sorprendido de verlos allí, no dudó en dejarlos pasar. –¿Que pasó? –A Luffy lo atacó un oso, esta herido, ¿donde esta la bruja?–pregunto el pecoso. –Está en su habitación, vayan a buscarla–dijo el pelirrojo, mientras tomaba al pequeño y lo llevaba al antiguo cuarto de los hermanos.
Dogra y Dadan no tardaron en aparecer para atender al menor, mientras que los otros 2 niños no se despegaban de su lado, en tanto sostenían su mano. Limpiaron y vendaron la herida, les hicieron unas cuantas preguntas a los dos mayores, que ninguno quiso responder. –Vaya, si esto fuera un centímetro más profundo, lo más probable es que no hubiera sobrevivido–comentó Magra. –Pero...Lu estará bien, ¿verdad?–inquirió el ex-noble. –Tal ves, hay que verlo con el paso de los días, será mejor que se queden aquí un tiempo.
Ninguno dijo nada, viendo preocupados al azabache, que hacía muecas de dolor y se retorcía levemente. Al hacerse más tarde, los adultos se retiraron, dejando al trío de hermanos solo. –¿Me voy a morir?–balbuceo el pequeño, quien apenas podía mantenerse despierto, gracias a los medicamentos que le proporcionó la bandida para el dolor. –Jamás dejaríamos que eso te pasara, idiota–le respondió Ace.
Los dos mayores estaban acostados a su lado, dejándolo al medio, ambos lo abrazaban, con mucho cuidado de no rozar los cortes de las garras. –Lo sentimos–se disculpó Sabo. –Nunca más te dejaremos pelear solo. –¿Lo prometen? –Lo juramos–afirmaron ambos.
Los siguientes días, los dos lo estuvieron consintiendo mucho, le robaban dulces, leían los cuentos que él quería para dormir y lo abrazaban seguido, hasta que se recuperó y pudieron irse de la casa de los bandidos, para recuperar nuevamente la vida libre que poseían en el bosque con su escondite.
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Comía el desayuno que le había enviado la emperatriz, mientras leía el periódico, pero una noticia lo hizo casi escupir su té, dejo de lado todo, para llamar a Aokiji. –Hola, Lu–saludó desde el otro lado. –¡¿Por que carajos no me dijiste que seria en una semana?! –¿Que cosa?, ¿la ejecución?, perdón, no creí que sería necesario que lo supieras. –Maldita sea, ¿crees que pueda ver a Ace antes de todo? –Lo siento chico, pero será difícil en este punto, ¿por que estas tan alterado? –A-Ah...ya no importa, te hablo después.
Colgó y se derrumbó en una de las esquinas de la habitación, comenzó a llorar, sentía que en este último tiempo, solo se había dedicado a eso, era patético, pero trató de detenerse al notar la nueva presencia en la habitación, Hancock. –Yo...lamento interrumpir, ¿puedo preguntar por qué estás así?–al momento de hablar, el Marine se levantó y trató de mantener la compostura. –No es nada, no me pasa nada. –¿Es por la ejecución del pirata? –Con todo respeto, a usted no le concierne saber el motivo de mi estado. –Oye, tranquilo, soy una buena confidente, no le dire nada a nadie–el azabache suspiro, ya cansado de todo. –Puño de fuego...es mi hermano. –¿E-En serio? –Bueno, o al menos lo era, la última ves que nos vimos no fue un gran encuentro que digamos...a quien engaño, me odia. –Entonces debes de estar feliz de que haya sido capturado. –¿Que?, por supuesto que no, si te soy sincero, lo daría todo por hablar con él una última ves, pero jamás me lo permitirían.