Ónix de alguna forma se las ingenió para que todos permanecieran en calma, escuchando las palabras que solo un próximo rey sería capaz de decir.
Mis ojos siguen puestos en Alba, y cuando ella mira en mi dirección, sé que está aquí por mí.
Su cabello café, más claro que el mío, adquiere tonalidades doradas en algunas hebras debido a la antorcha que también sostiene consigo.
—Están aterrorizados, el miedo es algo que seguirá presente—continúa Ónix—. Y la única forma de dejarlo atrás, es centrándonos en superarlo y no en atacarnos entre nosotros.
—Para ser su primera vez en esto, lo está llevando muy bien.—susurra Azul por detrás.
—Sí, pero las antorchas me siguen asustando.—contesta Ágatha.
Alba mantiene una compostura seria y finge prestarle atención al príncipe, pero seguidamente vuelve a centrarse en mí y tras un pestañeo de su parte, percibo que me indica que busque alguna forma de acercarme.
—No puedes moverte, Amatista.—me advierte Azul, al verme dar un paso.
—Solo quiero asegurarme que mi esposo está bien.
—Nadie debe acercarse—Albert alza un dedo—. La población está sensible, con solo una pequeña falla en este momento, todos se alterarán.
—Ah, ¿Ahora sí eres un guardia maduro?—me cruzo de brazos.
—Desde que mi vida depende de un príncipe que ha querido matarme en cada mínima oportunidad, y muchas personas con fuego, sí.
Alba se mueve con inquietud cuando se da cuenta que no puedo ir a donde ella.
Y de repente, la veo bajar la mirada como si pensara en algo relacionado con la antorcha que tiene en su mano.
Oh, no.
No mira mis señales de advertencia, cuando acerca lo que tiene en su mano a quien está delante de ella, haciendo que la capa de la persona comience a quemarse.
Nadie sabe el momento exacto en el que comienza el caos.
Personas empujándose unas con otras, gritos, peleas, y el fuego de las antorchas amenazando con incendiar todo aquello a su paso.
—¡Guardias!—el grito fuerte de Ónix termina de desatar todo.
Aprovechando que no estoy bajo vigilancia cuando cada quien intenta buscar alguna forma de detener esto, me alejo de donde debía estar.
Noto que Alba se aparta del relajo y sale por el mismo portón en donde entró, como si no hubiera sido la responsable de alterar la tranquilidad de hace un rato.
Corro tras de ella y un hombre con una de las antorchas se interpone en mi camino.
—No, niña bonita. Aunque seas de la realeza por tu vestimenta, vas a quemarte como uno de nosotros.
Acerca la antorcha a la piel de mi hombro y al sentir el ardor de inmediato, actúo por instinto y lo empujo con todas mis fuerzas al césped.
La hierba verde se ilumina con el fuego, pero no puedo hacer nada al respecto o Alba se habrá ido sin volver a saber de ella.
Cierro los ojos y decido confiar en que alguien se dará cuenta del fuego para poder detenerlo a tiempo. Por lo que sin pensarlo más, salgo de las instalaciones del palacio.
—¡Alba!
El aire fresco golpea mi rostro y tengo que mantener mis manos firmes en la falda de mi vestido para que no se eleve.
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Amatista
RomanceElla, una ladrona buscada por los guardias del reino para ser sentenciada. Él, un príncipe frío y malhumorado al que le buscan esposa por obligación. Para el destino esto solo implica una unión.
