El sonido de varias campanas siendo tocadas al mismo tiempo me hacen despertar de mi sueño y darme cuenta que todo esto es real.
El sol se cuela por la ventana del dormitorio que fue escogido para mí anoche. Mientras que el dolor de mi rodilla ya es tolerable a causa de que la mucama me curó como se debía.
—Señorita Amatista—la mucama toca la puerta por fuera—. Debe prepararse para la primera reunión.
—Voy enseguida, Tere. Ya me alistaré.
—Tengo la orden de arreglarla yo, señorita. Por favor abra.
Me levanto con cuidado de la cama y cuando abro la puerta, Tere se cubre la boca al notar mi apariencia ahora que ya es de día.
Mi rostro y demás partes de mi cuerpo están cubiertas con suciedad debido a mi divertido escape y caos de ayer. Y mi cabello parece un nido lleno de nudos.
—Nos tardaremos más de lo necesario, pero puedo arreglarlo. —murmura Tere.
—Solo me daré un baño.
—Comenzaremos por eso—asiente—, desvístase.
—¿Qué?
—Quítese lo que anda puesto y siéntese desnuda en esa bañera.
Se me escapa una risa al creer que se trata de una broma, pero ella me mira con fijeza esperando a que le haga caso.
Me deshago de mi ropa con lentitud y siento algo de vergüenza por estar sin nada, por lo que coloco mis manos sobre mis pechos, hasta que Tere me sienta en la bañera y comienza a restregarme con una esponja, jabón y agua.
Luego de que transcurran unos minutos en lo mismo, ella comienza a vestirme.
—¡Oh! Casi me olvido del corsé. —lo agarra de la mesa en donde lo dejó.
—No es necesario que me lo ponga, Tere. Estoy más cómoda así.
La verdad es que nunca he usado uno, pero sé que son incómodos.
—Todas las señoritas lo utilizarán, y usted no puede ser la excepción.
Se coloca detrás de mí y comienza a atarlo, dejándolo de una forma tan apretada que hace que respirar se me dificulte por la falta de familiaridad.
Por el espejo, noto que mis pechos se resaltan más y casi se salen por completo.
Tere me termina de vestir y peinar, dejando mi cabello recogido y colocándome un traje blanco, que parece más un uniforme por la ocasión.
°°°
Todas nos encontramos en un salón, vestidas de la misma forma, con la diferencia que ellas sí parecen cómodas con el corsé.
—Solo espero que al fin se nos presente al príncipe. —dice Perla.
—¿Creen que de verdad venga? —pregunta Cristal.
—Y de no hacerlo, seguro que los reyes escogerán a la que consideren mejor.
—Y casarse con un auténtico desconocido, el sueño de mi vida. —me quejo.
—Tú también quieres ser la escogida, Amatista. Tus falsas quejas no sirven de nada. —me responde Rubí.
Niego de manera cansada y las puertas se abren, haciendo que todas nos levantemos de donde estamos.
Un hombre joven, de cabello oscuro, alto y genuinamente atractivo, se detiene frente a nosotras.
Sus ojos celestes nos observan a cada una, y cuando notamos que sus prendas son tan finas como las de los reyes, hacemos una reverencia.
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Amatista
RomanceElla, una ladrona buscada por los guardias del reino para ser sentenciada. Él, un príncipe frío y malhumorado al que le buscan esposa por obligación. Para el destino esto solo implica una unión.
