A Ónix no le tomó mucho tiempo el conseguir ayuda; probablemente el miedo que las personas suelen tenerle las hizo actuar con rapidez para auxiliar a Nieve.
Lo curioso es que pese a haberse mostrado desesperado tras lo sucedido con su caballo, el príncipe no volvió a aparecer por el establo aunque le hayan avisado que todo estaría bien.
—¿Pero qué clases de hierbas eran?—pregunta Azul, mirando a la distancia lo sucedido.
—No lo sé, tenían unas manchas rojas.
—¿Y dónde está Ónix?—lo busca con la mirada.
—No tengo idea.
—Esto es el colmo, ¿ni siquiera le preocupa el estado de su caballo?
Dejo de mirar el panorama para darle mi mayor gesto de molestia a Azul, porque aunque esté ajeno a lo extraño que actuó Ónix, no puede deducir el cómo se siente realmente.
—Todo lo contrario—defiendo—. Se fue porque no quería ver a su caballo sufrir.
—¿Pero le avisaron que está estable?
—Al parecer, pero no se volvió a acercar.
Los pasos de Ágatha aproximándose nos cortan el hilo de la conversación.
Ella se lleva una mano a la boca al notar la debilidad de Nieve, por lo que no duda en atacarme a mí directamente.
—¿Te das cuenta de lo que provocas, Amatista?
—Aclárame, que no podré dormir con la duda si no.
—Por tu desobediencia han atacado a un pobre animalito y herido al guardia Albert.
Arrugo la nariz con confusión por no comprender en qué estaría conectado el hecho de que hayan envenenado a Nieve y que Ónix hiriera la mejilla de Albert.
—No te entiendo, Ágatha.
—Claro, como si no supieras que todos estamos enterados que fuiste la causante del alboroto de las antorchas.
Azul niega al no estar de acuerdo con la forma nada sutil en la que me responsabiliza de todo, pero al no contradecirla en lo que dice, me hace creer que él también piensa la mismo.
—Yo no causé el alboroto.—me justifico.
—Eso no es lo importante ahora—Azul recalca—. La cuestión acá es que algunos de los afectados están buscando vengarse.
—Pero no tendrían que atacar a seres inocentes—se mete Ágatha—. En todo caso, solo a Amatista.
—Ágatha, basta.—la corta él.
—¿Por qué? Amatista solo le ha causado problemas a Ónix desde mucho antes de su tonto matrimonio. Lo mejor es librarnos de ella de una vez.
—Podrías librarte de mí yéndote a Tadora—sugiero—. Te aseguro que ni siquiera pensarías en nosotros si huyes por tu vida en tu hogar.
Ella da un paso hacia mí con la intención de intimidarme, en su lugar alzo la cabeza y le muestro una sonrisa al ser consciente de que soy un poco más alta que ella.
—Vas a arruinar a Ónix—dice—. Deberían terminar con esto de una vez y separarse.
—¿Para así poder casarte con él?
—Yo creo que este no es el mejor lugar para discutir.—Azul mira hacia todos lados con vergüenza.
—Él y yo nos amamos.—lo ignora Ágatha.
—Tan fuerte es su amor por ti que no dudó en aceptar este matrimonio, ¿no es así?
—¡Te metiste en medio de nosotros!
ESTÁS LEYENDO
Amatista
Любовные романыElla, una ladrona buscada por los guardias del reino para ser sentenciada. Él, un príncipe frío y malhumorado al que le buscan esposa por obligación. Para el destino esto solo implica una unión.
