—La necesidad de un soberano es persistente.—la reina deja un montón de papeles sobre una mesa.
El gran conjunto de cartas y volantes emitidos desde la imprenta de Diamond es lo que destaca de entre todas las hojas.
Palabras como: riesgo, inseguridad y clamor son las que capturan la atención del príncipe una vez las mira.
—El peligro ha estado presente mucho antes de la muerte de Guille.—defiende.
—Tu padre.—lo corrige.
—Claro.
—Ónix, sé lo que mencioné antes sobre lo precipitado que sería que tomaras el mando demasiado rápido, pero sin un soberano, Diamond corre riesgo de ser un punto vulnerable para todo aquel con sed de poder.
A pesar del pánico con el que su madre parece hablar, Ónix la ignora de manera indiscreta mientras raya una página arrugada con una tranquilidad desesperante.
—¿No tienes nada que decir?—la reina se agota.
—Sí, pásame el carbón que tengo por allá.
—Esto no es un juego.
—No, es un dibujo.
—Si no tomas medidas apresuradas con lo que te he mencionado, te juro que no me opondré si alguien intenta destronarte.
Ónix eleva la mirada y deja de dibujar, para seguidamente darle la vuelta a la página de tal modo que no se pueda ver lo que estaba trazando.
—¿Por qué me subestimas tanto? De hecho, tomé medidas hace un tiempo.
—¿Qué clase de medidas?
—Lo destacable de un rey es no saber su próximo movimiento, así que espero que entiendas que no puedo decirte lo que haga.
La reina Elle deja escapar un suspiro en una especie de resignación al saber que no puede debatir con Ónix, ya que significaría perder.
—Bien, supongo que tendré que confiar en que harás las cosas de manera sensata.—hace un leve movimiento de cabeza y se aproxima a la puerta para salir.
Estoy pensando en hablar, pero Ónix alza un dedo y se lo lleva a los labios, haciendo una espera a que su madre no esté cerca.
—No tengo ninguna medida tomada.—reconoce.
—¿Y por qué hacerle creer que sí?
—Necesito despistar en lo que mis visiones cobran sentido.
Vuelve a voltear la página en la que estaba dibujando y hace una mueca de inconformidad, para luego abrir una de las gavetas de la mesa y ponerla dentro bajo seguridad.
—¿Por qué crees que no debes tomar el papel de rey ahora?
—Sé que debe ser cuanto antes, pero de manera repentina. Algo de lo que estoy seguro es que cuando desempeñe el mandato, vendrán cosas feas.
—¿Qué cosas, Ónix?
—Te aseguro que riquezas y celebración están descartadas. Veamos... ¿sabes lo que es que estén detrás de tu cabeza?
Es gracioso que lo pregunte cuando mi cabeza tiene un valor considerado por todo Diamond.
—No, pero me hago una idea.
—Entonces podrás deducir que tengo el presentimiento en que me querrán muerto por alguna razón, lo que es ilógico porque siempre intento evitar problemas.
—No estás hablando en serio.
—De verdad, no doy lugar a una discusión mayor porque existe la ejecución.
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Amatista
RomanceElla, una ladrona buscada por los guardias del reino para ser sentenciada. Él, un príncipe frío y malhumorado al que le buscan esposa por obligación. Para el destino esto solo implica una unión.
