Lo curioso de los rompecabezas es encontrar el espacio en donde cada pieza encaje, con la gran ventaja de que siempre lo harán al estar construídos especialmente para ello.
¿Cómo se puede armar un rompecabezas si las únicas piezas con las que se cuentan no están del todo destinadas a ese final?
—Cuando se tenían visiones a medias en relación a los grandes monárquicos, siempre se omitían detalles al no estar del todo metidos en su vida.—relata Rosa.
Onix la observa de reojo en lo que continúa coloreando con únicamente un carbón, el resto de un garabato a medias.
—¿Y eso qué significa?—pregunta.
—Que quienes solían tener esas visiones eran los videntes, utilizando únicamente algún que otro objeto valioso que podría servirles como guía. Sin embargo, jamás se había dado el caso de que el vidente fuera la persona a la que le pasará la predicción.
—¿Está dudando de mi capacidad, señora?
—Es un príncipe inexperto en este mundo, pueden haber muchas incoherencias.
—Estoy trazando un montón de rayas que no se parecen a nada más que ramas tiradas. ¿Le parece eso una incoherencia?
Volteo los ojos con cansancio al ser consciente de que llevan debatiendo un buen rato, mientras levanto cada página terminada por Ónix para intentar formar alguna pista sin éxito.
—Nada parece encajar.—aviso.
—Porque faltan cosas.—recalca la anciana.
—Si sigue hablando, lo que faltará será usted en esta vida.—amenaza el príncipe.
Rosa presiona la piedra en su cuello y Ónix cierra los ojos de manera adolorida, para luego abrirlos y dedicarle una mirada de enojo al finalizar su martirio.
—No me tiente, alteza. Podrá ser un futuro soberano, pero lo tengo a mi completa voluntad.
—Me caía mejor Pete como mi vidente. Me sacaba de quicio, pero se callaba comiendo.
Antes de que Rosa pueda atacarlo de nuevo, la puerta del despacho es tocada y nos sobresalta a los tres de manera alarmante.
—¿Onix?—se escucha la voz de Azul— ¿Estás ahí?
—No.
—¿Entonces puedo entrar?
—No.
—Entraré.
—Ponme a prueba e intenta empujar esa puerta.
—Bueno.
Azul empuja la puerta y mantiene los ojos cerrados como si temiera ser atacado de alguna manera, pero al no pasarle nada, vuelve a abrirlos y nos observa a los tres con confusión al no entender el porqué de todas las páginas encontradas sobre la mesa.
Rosa inmediatamente regresa a su papel de mucama y realiza una reverencia para los tres, pasando a la par de Azul para poder retirarse del despacho.
—No sabía que le permitieras a las mucamas estar en tu espacio personal.—dice Azul.
—Bueno, tampoco me gusta tener parientes aquí dentro, así que...
—Es urgente, ocurrió algo.
—Siempre ocurren cosas, Azul, así que si pudieras ser más directo te lo agradecería.
—Se trata de la iglesia. Fue atacada anoche y algunos testigos vivientes te señalan a ti como responsable.
Una sonrisa irónica se dibuja en el rostro del príncipe, regresando su atención a la página para continuar trazando sin detenerse o inmutarse.
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Amatista
RomanceElla, una ladrona buscada por los guardias del reino para ser sentenciada. Él, un príncipe frío y malhumorado al que le buscan esposa por obligación. Para el destino esto solo implica una unión.
