23. Asilo a los NO necesitados

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La quemadura de mi hombro me resulta más tolerable luego de que el ungüento se encargara de hacer la mayor parte del trabajo. Además, el vestido lila que utilizo el día de hoy, no tiene ningún contacto con mi piel sensible al ser descubierto.

—Huéspedes sin necesidad se quedarán a saber la verdad.—el canto de Pete se escucha desde el comedor.

—Pete—suspiro al mirarlo—, me da tanta calma verlo fuera de su habitación.

El nuevo rey que se opondrá a la ley.

—Anoche tuve una plática interesante con alguien a quien sé que usted conoce.—intento hablarle.

La corona que significa poder pasará a doler.

—Me refiero a mi hermana—bajo la voz, aunque no me escuche—. Dijo cosas que no comprendo.

Desmotivación por la falta de pasión.

—No sé qué papel juego en todo esto del destino, pero me gustaría saberlo.

Toques prohibidos que son concebidos.

—¡Pete!

Hasta ese instante, él parece caer en la realidad, por lo que pestañea con confusión y me observa como si se diera cuenta de mi existencia apenas.

—Señorita Amatista, ¿hace cuánto está acá?

—Eso no importa. Creí que usted se encontraba más estable luego de la última vez.

—Me desorienté un momento. ¿Ya han sepultado al rey?

—De escondidas hace algunas horas.

—Eso está hecho—lo medita—. El primer paso ha sido superado.

—¿Sí escuchó lo que le dije sobre mi hermana?

—Mis disculpas, señorita Amatista, pero no sé quién es su hermana.

Cierro los ojos con impaciencia e intento encontrar alguna forma de darme a entender.

—Alba Hila. Usted debe saber quién es.

—Quizá sí, o puede que no. Yo no...

—Recuerda muchas cosas, sí, me lo ha dicho. Pero el nombre debe sonarle.

—¿Qué le ha dicho la muchacha como para que tenga que recurrir a mí?

—Habló al respecto de la consumación del matrimonio con el príncipe.

—¿Lo han consumado ya?

—No se trata de eso, Pete. Sino que ella fue muy directa en el aspecto que no debe pasar.

Él se queda mirando fijamente el suelo, por lo que deduzco que algo se le debe cruzar por la mente o simplemente se volvió a distraer.

—No puede haber un heredero.—murmura.

—¿Cómo dijo?

—Lo veo... no puede haberlo.

—¿Por qué exactamente?

—Todo está confuso, pero si llega a haberlo, las cosas se complicarían.

—¿Usted le dijo eso a Ónix?—me acerco más— Porque anoche parecía saberlo.

—No lo recuerdo.

Quejas y murmullos nos quitan la secuencia de la plática, por lo que ambos nos quedamos callados hasta que al comedor ingresan Levi y Azul.

—Esto es una tontería.—Levi parece molesto.

—Sabes que no puedo hacer nada, Levi. Él dió esa orden.

AmatistaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora