44. Lo que está en contra

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Para todos es tan reconocido el típico chillido en el oído ante una situación tensa.

Sobre todo si dicha situación va ligada a una predicción futura y el papel que juegas en ella.

Mis ojos siguen centrados en las páginas que ahora conforman una especie de dibujo enorme al estar pegadas, mientras que las pequeñas llamas continúan temblando ante la oscuridad.

Los ojos sin vida de Ónix plasmados en aquel dibujo, seguidos de los míos llenos de lágrimas.

Lo único que me permito escuchar o al menos que logro percibir, es el sonido de mi respiración, tan profunda y lenta como nunca creí que se identificaría.

—Todo está coloreado con carbón—Rosa es la única que se atreve a hablar—. No se identifica siquiera qué vestimenta utilizarán, todo continúa tan incierto.

Ónix pestañea, sin levantar la mirada de donde la tiene fija.

Lo impactante es que ni siquiera visualiza su cuerpo desvivido, sino que más bien la silueta de mi persona luego de haberlo asesinado.

—¿Se encuentra bien, alteza?—Ian pregunta, sin obtener respuesta.

De repente, los ojos del príncipe se alzan y se centran en mí, con una mirada tan desconectada de la realidad que solo genera intriga.

Se deshará de todo aquello que esté en su contra.

Sus labios se separan como si quisiera decir algo, pero es como si fuera imposible que su voz lograra escapar.

Está en una especie de trance, lo que suele pasarle cuando tiene revelaciones.

La piedra en el cuello de Rosa comienza a encenderse y luego apagarse, de manera continua en lo que el príncipe no se moviliza.

Ella lleva sus dedos al objeto y frunce el ceño al no entender qué sucede, pero Ónix sigue sin movilizarse, como si solo estuviera de manera física y su alma anduviera en alguna otra parte.

Comienzo a sentirme mareada, llevando una mano a mi estómago al dificultarme respirar.

Sin pensarlo tanto, paso a su par para dirigirme a la salida, ignorando todo aquello que esté sucediendo dentro de él, pero estando convencida de algo.

No estoy a salvo aquí.

Cada paso que doy, choca en mi oído, de la misma forma en la que todo a mi alrededor me parece tan ficticio.

El príncipe no es de fiar.

Las palabras de Alba regresan a mi mente e intento despistarlas para intentar concentrarme en a donde sea que se dirige mi cuerpo.

—Amatista.

¿Por qué tenía que ser yo quien esté destinada a acabar con un soberano?

—¿Amatista?

Quizá las visiones de Ónix en donde se supone que seré condenada, no sean por haber sido una ladrona, sino que por matarlo a él.

—¡Oye!—una sacudida me hace poner los pies en la tierra.

Mi mirada vuelve a enfocarse en la cara preocupada de Azul en cuanto capta mi atención.

—¿Qué ocurre?—digo con más suavidad de la necesaria.

—¿Qué ocurre?—repite— Esa misma pregunta debería hacerte, estabas desorientada.

—Pensaba descansar un poco.

—Te dirigías directamente a la chimenea en llamas.

Hasta ese momento verifico que de hecho así era; pero intentando no revelar mi verdadero estado de ánimo, llevo una mano a mi frente.

AmatistaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora