27. Procedencia desconocida

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Le relato a Ónix un poco acerca de cómo me encontré con mi hermana esa noche, sin entrar mucho a detalle en otros aspectos para no delatarme por completo.

Él se encuentra sentado, asintiendo con uno de sus puños colocado sobre su barbilla para que le sirva de apoyo al sujetarse.

Todavía continuamos un poco alterados tras intentar matarnos hace poco, pero se ha colocado su camisa nuevamente, dejando los primeros dos botones abiertos para exponer un poco la piel de su pecho y la solidez que se nota al ser un príncipe entrenado durante años.

—Déjame ver si comprendo, Amatista—eleva un dedo—. Me dijiste que desconocías la ubicación de tu hermana pero aún así, ella vino esa noche para hablar contigo.

—Exacto.

—Si según tú no tenían la más mínima comunicación, ¿cómo sabía en dónde estabas?

—Al parecer mi nombre resuena en todo Diamond al ser tu esposa. Así que seguramente así dió con mi ubicación.—miento.

Él entrecierra los ojos, no muy convencido de que así haya dado conmigo.

Intento ver a otro lado que no sea su rostro para no delatar mi mentira, fijándome en la hoja de papel en la que estaba dibujando hace poco y el contenido de garabatos que había hecho con carbón durante estuvo con Pete.

Ramas.

Aunque no miro a detalle con claridad, se distinguen las dos ramas que Pete mencionaba con tanta insistencia.

Ramas en el suelo, esparcidas de una forma desconocida.

—¿Cómo se llama tu hermana?—me regresa a la realidad.

—¿Acaso eso es importante?

—Si fue la responsable de tal alboroto, considero que lo es.

—Ella solo necesitaba hablar conmigo.

—Habían formas, señorita Hill. Otra manera en la que no hubieran muertes para poder conversar.

—Se miró acorralada. ¿Cómo podría hablar conmigo si no me tenías permitido moverme de mi lugar?

—Y aún así lo hiciste. No es excusa.

—Lo hice cuando se presentó la oportunidad en medio de tanto caos—me cruzo de brazos—. De lo contrario no me habrías permitido acercarme a ella.

—¿Y cómo hacerlo? Una pueblerina desconocida queriendo hablar a solas con la esposa del próximo rey, ¿no te habría parecido cuestionable incluso a ti?

Niego con tal de no darle gusto en que tiene cierta razón de desconfiar, pero me enderezo para seguir manteniendo mi aire de confianza en mí misma.

—A ti todo se te hace cuestionable, alteza. Cualquier persona que merodee cerca puede significar un peligro según tú.

—Porque lo es. Y más una muchacha que provocó un incendio y se llevó a mi esposa a las afueras del palacio.

—No me llevó, yo la seguí, y si algo me hubiera pasado ¿qué más da?

—Puede que tu vida te importe muy poco, pero a mí no, Amatista.

—¿Y por qué, Ónix?—alzo ambas cejas— ¿porque te sirvo para algo desconocido?

—No sé qué papel juegas exactamente en la predicción de Pete. Pero debo mantenerte a salvo.

Suelto una risa burlesca, que solo provoca que Ónix se ponga más serio desde su asiento.

—¿Y qué tal si el papel que juego aquí sea en tu contra?—cuestiono.

—No lo sé.

—Te estás arriesgando si me mantienes aquí.

AmatistaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora