Creímos que tras la salida de Jade hace unos días, todo cesaría cuando nadie más fue expulsada.
Pero nos confiamos demasiado.
—Zafiro, estás fuera.—Azul da el comunicado.
Ella sorbe su nariz mientras solloza y se aleja de nosotras para ir a recoger las cosas a su dormitorio.
—¡Dios! Con ella van siete en solo ayer y hoy.—Rubí lleva el conteo.
—Que no se te olvide Jade.—opina Perla.
—Siento que sigo yo—Cristal mira hacia todos lados—. Antes me emocionaba cuando miraba a Azul cerca de todas, pero ahora me da un pánico tremendo cada vez que se aproxima.
Zafiro sale con todo lo que le pertenece y nos mira por última vez, hasta que Azul la lleva en dirección a su carruaje y lo siguiente que escuchamos es cuando arranca al alejarse.
—Necesito papel—Cristal se altera—. ¿Creen que pueda hacer mi testamento aquí mismo?
—No vas a morir, Cristal—aclaro—. Si te llegan a expulsar, solo irás a tu casa.
—¿Y cuál es la diferencia? Seré una deshonra.
—Me obligarán a casarme con ese viejo insolente.—Perla se cubre el rostro.
—¿Qué viejo?
—Si no consigo un matrimonio digno como el que podría tener acá, mi familia me casará con el dueño de la joyería del centro.
—¿Que no tiene como ochenta años?—pregunto.
—Setenta y nueve—me corrige—. Y ni siquiera tiene cabello.
A todas nos da un escalofrío y nos volvemos a poner en alerta cuando Azul se acerca.
—Cristal...—habla.
—Lo sé, lo sé. Estoy fuera—ella se levanta y da un suspiro mientras nos ve—. Nunca las olvidaré.
—No, Cristal. Solo te venía a devolver tu cepillo para el cabello. Zafiro se lo había llevado por error.—la tranquiliza Azul.
Cristal vuelve a recuperar el color y de la nada ríe de una forma exagerada que provoca que todos la miremos de manera extraña.
—Gracias a Dios—agarra el cepillo—. No lo decía en serio, mujeres. Las habría olvidado al cruzar la puerta.
Ágatha aparece en el salón en donde estamos y su entrecejo se frunce cuando nota que no estamos completas.
—¿Qué pasó con las demás?
—Ónix está limpiando el grupo, o es la única forma en que puedo decirlo sin que se escuche mal.—contesta Azul.
—¿Elle lo sabe?
—Mi tía no ha estado presente por estar al pendiente de la situación de tu reino. Supongo que está aprovechando la falta de vigilancia.
Cristal vuelve a reír por los nervios de hace poco, pero esta vez acompaña cada carcajada con un movimiento al cepillar su cabello.
—Creo que deberías calmarte, Cristal.—la aliento a sentarse.
—¿Y Ónix dónde está?—pregunta Ágatha.
—Haciendo llorar al guardia Albert.
—Oh.
Al estar en silencio, escuchamos los pasos apresurados de alguien y nos damos cuenta que se trata del guardia Albert cuando cruza la puerta con un gesto asustadizo.
—Albert.—Azul le da un asentimiento de cabeza como saludo.
—Me alegro de verlo, excelencia. Pero me temo que debo salir de aquí antes de que lo haga en un cajón.
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Amatista
RomanceElla, una ladrona buscada por los guardias del reino para ser sentenciada. Él, un príncipe frío y malhumorado al que le buscan esposa por obligación. Para el destino esto solo implica una unión.
