Toda la mañana se ha resumido a el movimiento continuo de cada empleado del palacio, en la preparación de la reunión a la que Ónix convocó a todo Diamond al anochecer frente a la casa del reloj.
Gia casi choca con una mucama cuando viene caminando, y se lleva una mano al pecho cuando termina impactando contra la espalda de un guardia sin querer.
—Para que el evento no sea en el palacio, veo mayor labor aquí del que podría haber en el centro de Diamond.—exclama.
Las refugiadas se mantienen de pie en una esquina, mirando con curiosidad cada cosa que la servidumbre carga consigo para llevarlo a donde pertenece.
—Su alteza ha ordenado la movilización de los carruajes reales para quienes los requieran.—le dice una sirvienta a uno de los conductores.
Cada vez que uno de ellos habla, lo hace mencionando al príncipe, seguido de la orden que ha dado, pero Ónix no se ha aparecido por aquí desde hace horas.
Probablemente él también está intentando evitarme como lo pidió.
Veo a lo lejos a Azul, conversando con a quien reconozco como el portavoz real. Luego de terminar su charla, se acerca hacia nosotras y llama a las refugiadas.
—Esta puede ser su oportunidad de contraer un matrimonio.—les avisa.
—¿De verdad?—Cristal mira a las demás — ¿Y con quién?
—Mi primo convocó al reino entero, lo que significa que habrán caballeros de la alta sociedad y solteros a los que podrían conocer.
—Pero sí serán de la alta sociedad, ¿cierto?—Rubí especifica— Necesito asegurar mi estatus.
—Es una pena que con Levi no se te pudo dar—murmura Gia—. Igualmente lo único que tiene es un reino a punto de destruirse por completo.
Rubí ignora la indirecta para regresar su atención a Azul, esperando a que éste le dé una respuesta afirmativa a su interrogante.
—Sí, lo serán, Rubí.—le confirma.
—¡Excelente! Finalmente se nos da prioridad luego de que Amatista nos dejara a nuestra suerte.
Suelto una risa irónica, decidiendo no responderle para mantener la paz por lo que queda del día.
—¿Es obligatorio que consigamos un esposo hoy mismo?—le pregunta Perla a Azul.
—Bueno... Es lo que se espera, Perla.
—¿Y qué pasa si no?
—Ay, Perla, no pongas trabas ahora—la pelirroja se irrita—. ¿Es que piensas vivir como una solterona toda tu vida?
—Solo digo que no conoceremos a ninguno de estos hombres. No sé si el compromiso con alguno sea algo que anhelo.
Cristal asiente y le coloca una mano en el hombro en señal de apoyo, mientras que Rubí niega con incredulidad, al pensar que ellas también debieron mostrar la misma emoción.
—Sé que el miedo está presente—habla Azul—, pero a veces solo hay que arriesgarse.
—¿Por qué no contraes tú matrimonio con alguna de ellas?—cuetiona Gia.
Él se limita a formar una línea recta con los labios y encogerse de hombros, para caminar hacia otro pasillo y disimular que va a ayudar con los preparativos, dejando la pregunta en el aire sin darle una respuesta a la morena.
Escuchamos a una de las cocineras quejarse cuando Pete agarra una de las naranjas que ella llevaba sobre su charola, haciendo caso omiso al reclamo de ella.
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Amatista
RomansaElla, una ladrona buscada por los guardias del reino para ser sentenciada. Él, un príncipe frío y malhumorado al que le buscan esposa por obligación. Para el destino esto solo implica una unión.
