Miro expectante y con cierto pánico a Ónix a punto de comenzar otro alboroto igual o peor que lo sucedido con las antorchas.
Azul nota cómo su primo está por sacar su espada y le da una mirada de advertencia de que esto podría empeorar las cosas.
Por supuesto que los comentarios que los pueblerinos siguen lanzando no son de mucha ayuda para calmar la furia de la bestia, aunque en su mayoría son insultos dedicados a mí.
—Esto va a salir mal.—susurra Ágatha a mi par.
—¿Y qué crees que podemos hacer para impedirlo?
—¿Podemos?—bufa— Tú te metiste solita a este embrollo al haber provocado el desastre anterior. A mí no me metas.
Volteo a ver hacia atrás de donde estamos para conseguir algo de apoyo por parte del matrimonio Ener, pero éstos siguen sumergidos en alguna plática privada de la que parece que no podemos interrumpir.
—Esa mujer que usted tiene como esposa fue la responsable de pérdidas inigualables.—vuelve a quejarse otro.
—Sí, si jura no ser igual al rey Guille, déjenos acabar con la asesina.
Ágatha asiente a mi par, demostrando que está de acuerdo con todo lo dicho sobre mí.
—Bueno, si muero esta noche supongo que te veré más al rato en el infierno cuando Ónix te mate por envenenar a Nieve.—digo.
Ella me mira de reojo, dejando atrás toda tranquilidad que parecía tener hace apenas un momento.
—Él no me mataría.
—Claro, ¿crees que nos dejen llevar abanicos al más allá?—agito mi mano— Será un calor tremendo.
Volvemos a concentrarnos en ver hacia el otro lado y cada pequeño movimiento realizado por Ónix por más insignificante que sea.
—Señores, estoy intentando no alterarme, pero me resulta difícil si insultan a mi esposa.
—¿Llama esposa a una mujer que manipula todo a su alrededor? Debe ser el mismo demonio.
—Te juro, pueblerino ordinario, que el demonio es a quien tienes hablándote ahora mismo.—Ónix lo mira fijamente.
Todos se callan ante eso, poniendo un gesto de desacuerdo por la forma en la que su futuro soberano les habla.
Los insultos y quejas continúan apenas un rato después, son tantas las palabras desagradables y groserías que dicen que Ónix camina hacia en medio de todos para colocarse en el centro e intimidarlos.
—Suficiente.—interfiere de repente una voz que no escuchaba desde hace varios días.
La reina Elle hace su inesperada aparición, luciendo totalmente distinta a como debería hacerlo alguien perteneciente a la monarquía Leman.
Azul hace una reverencia, lo que incentiva a que los demás lo imiten como una forma de respeto, a excepción de Ónix, quien la observa con incredulidad.
—Mi familia y yo estamos de luto tras la muerte de mi esposo—su atención va hacia su hijo—. O al menos yo lo estoy.
El príncipe no se inmuta ante el reclamo de su madre, es más, no se mueve de su lugar para seguir lanzándole miradas furiosas a todos.
—No estoy enterada del porqué de la problemática, pero éstas no son maneras de arreglar las cosas.
—Hemos perdido gente, majestad—se anima a hablar una mujer—. Luego de que su alteza se haya presentado públicamente.
ESTÁS LEYENDO
Amatista
RomansaElla, una ladrona buscada por los guardias del reino para ser sentenciada. Él, un príncipe frío y malhumorado al que le buscan esposa por obligación. Para el destino esto solo implica una unión.
