15. Está escrito

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—¿Qué quieres decir con que estás fuera?—Azul rompe el tenso silencio.

—Su alteza real me dió amablemente el aviso de forma personal.—respondo.

Azul voltea a ver al príncipe con desaprobación al no entenderlo.

—¿Hiciste eso, Ónix?

—Sí.

—¿Por qué razón?

—Porque sí.

—La corriste sin motivo alguno.

—Tengo mis motivos y no pienso discutirlos aquí frente a todos.

—Pues el anciano acaba de decir que ella debe ser tu esposa.—la reina se mete y me señala.

Ahora todos miramos al sabio Pete, quien parece estar en su propio mundo porque tiene la mirada perdida.

—Pete no sabe de lo que habla.

—Tengo hambre.—murmura.

—¿Lo ven?—Ónix niega— Dale algo de comer, Albert.

—¿Qué podría darle yo, alteza?

—Si no encuentras nada, entonces arranca tu propia piel y la fríes y ya está.

Se escuchan los pasos apresurados de alguien y al entrar al salón, se da a conocer que se trata de Ágatha, mirándonos a todos con horror.

—Gracias al cielo que estás aquí, Ónix—lo mira directamente—. Necesito hablar contigo.

—Estamos en algo importante ahora mismo, no hay tiempo para melancolía.—responde él.

—¿Qué puede ser tan importante como para no escucharme?

—Todo.—murmura Rubí.

—¿Quién dijo eso?—Ágatha arquea una ceja.

—Oh, fue Rubí.—Cristal la delata.

La pelirroja mira con odio a Cristal, quien se limita a sonreír, mostrando sus hoyuelos y llevándose un dedo a los labios para no seguir interrumpiendo a Ágatha.

—Al parecer Ónix contraerá matrimonio pronto—le aclara Azul—. ¿No es eso un evento feliz?

—No habrá tal unión. Además la señorita fue expulsada.—recalca.

—Usted me expulsó.—aclaro.

—Como dije, fue expulsada y no hay nada más que hacer.

Pete comienza a tararear una canción que parece ser infantil, al mismo tiempo que mueve su cabeza al ritmo de la melodía imaginaria.

—Se descompuso el viejo, alteza—Albert lo mira con extrañeza—. ¿Lo ejecutamos?

Antes de que Ónix le salga con una de sus típicas respuestas, Ágatha vuelve a insistir con hablar, pero esta vez lo toma del brazo.

—No sé de qué matrimonio hablan, pero lo que tengo que decirte es urgente.

—Háblalo con Azul, es mi portavoz.

—No me has asignado como portavoz.—Azul levanta la mano.

—Te asigno ahora.

—¡Escúchame, Ónix!—Ágatha eleva la voz— Quería decirte esto en privado para que no hayan preocupaciones, pero no me queda otro remedio.

—¿Qué cosa, Ágatha?—voltea a verla con impaciencia.

Ella suspira al finalmente sentirse escuchada, por lo que aclara su garganta y su expresión se transforma en una seria.

AmatistaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora