Siempre jugué en su contra.
Imágenes del retrato reflejado en el suelo, indicando el cadáver de Ónix y a mí como única responsable.
Está escrito.
Ónix conociéndome por error al llegar al palacio y teniendo visiones de nuestra boda.
El viejo lo dijo.
Pete chocando conmigo esa noche en la que comenzó todo y avisándome sobre el conocer a mi esposo.
Abro los ojos y me siento en la cama con una sensación de angustia tras la pesadilla, llevando una mano a mi frente para limpiar el sudor frío.
—¿Ónix?—miro hacia el lado opuesto de la cama.
Me encuentro sola en la habitación, totalmente desnuda tras las acciones realizadas anteriormente en esta cama, con un leve dolor en ciertas áreas de mi cuerpo como un recordatorio de que he consumado el matrimonio del que no pensé formar parte.
Hago un esfuerzo por levantarme y cubrir lo revelado con una de las sábanas, al mismo tiempo que me encamino y me detengo al toparme con mi propio reflejo en el espejo del mostrador.
Mi cabello está hecho un desastre, mis labios más hinchados de lo habitual y algunas pequeñas marcas se notan en mi cuello por la leve presión que las manos de Ónix ejercieron sobre él.
—¿Cómo acabé en esto?—hablo para mí misma.
Me sorprendo por la pequeña sonrisa que se me dibuja, tras un recuerdo fugaz de lo que el espejo reflejó anteriormente cuando todo sucedía sin ninguna clase de pudor y remordimiento.
Entro al baño y dejo que algo de agua llene la tina para poder sumergirme en ella e intentar limpiarme.
—¿Amatista?—se escucha la voz de Ónix desde el lado de la habitación.
—Me estoy dando un baño.—aviso.
Sin tocar la puerta, simplemente la abre y se detiene al verme recostada sobre el material sin moverme un poco para intentar restregarme.
—¿Te encuentras bien?
—He aguantado toda clase de actividad riesgosa que pone en riesgo mi vida como si nada—hablo—. Pero ahora mi cuerpo se encuentra tan cansado que no puedo moverme.
Sus hombros se mueven tras soltar una pequeña risa ronca, por lo que se acerca con la intención de ayudarme y se lo impido.
—Ya estás vestido.
—¿Y eso qué?
—Te vas a mojar todo por mi culpa.
—Bueno, hace algunas horas también me mojaste pero de otra forma.
Entrecierro los ojos y muevo una de mis piernas para salpicarlo, lo que solo parece causarle gracia al agarrar esa misma pierna en el movimiento y arrodillarse para llevarla a su hombro y comenzar a limpiarla con una esponja.
—¿Crees que Rosa y el antiguo cura piensen que me asesinaste anoche?—pregunto.
La esponja se aproxima a mi muslo y luego la lleva a mi otra pierna para imitar lo anterior.
—Ian fue trasladado, y en cuanto a Rosa... puede que la piedra en su cuello me haya delatado.
—¿Dónde trasladaste a Ian?
—A un lugar en donde nadie de aquí pueda encontrarlo. ¿Se te olvida que se supone que lo estamos castigando ante los religiosos?
Cuando la esponja se dirige a mi cadera, Ónix procura pasar su dedo pulgar primero por las marcas que quedaron y eleva la mirada para verme.
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Amatista
Storie d'AmoreElla, una ladrona buscada por los guardias del reino para ser sentenciada. Él, un príncipe frío y malhumorado al que le buscan esposa por obligación. Para el destino esto solo implica una unión.
