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Era desastrozo, lo golpeaba sin compasión. Bill temblaba pero no iba a detener a Tom, se sentía protegido de alguna manera, sabía que estaba mal pero no le importaba, el tan solo recordó la vez que Bushido lo acosó, ¡Quería obligarlo a tener intimidad!, ¡Iba a abusar de él si no se hubiese llenado de valor y se hubiese escapado!.

—¡Tom, detente!—. Gritó Mikel, quien había intentado tomar a Tom pero en eso recibió un fuerte golpe gracias a que Tom lo había empujado. Media hora había pasado, y el bartender no se quedó quieto, ya que el lugar no contaba con hombres de seguridad, se tomó el atrevimiento de llamar a la policía.

Bushido tenía la cara tan masacrada, la nariz rota, de su boca salía sangre y más por los golpes que Tom le propinaba en el estómago, lo hacían retorcerse en busca de aire. Y es que Tom estaba cegado por la ira de nuevo, el no permitiría que le faltasen el respeto a su chico, ni mucho menos que quisieran sobrepararse con él.

Para Tom, bill era como un muñeco de cristal, que solo podría admirarse más no tocarse por lo delicado que este era, que tan solo podría apreciarse por más que la tentación te ganara a querer tocarlo, con un simple roce. Para el trenzado, eso era Bill, un hermoso muñeco de cristal. Y no dejaría que nadie tocará ni siquiera que admirara a su tesoro.

—¡Abran paso!—. Gritó una voz grave, la música había sido apagada, toda la gente estaba amuñoñada en un círculo mientras veían como Tom le destrozaba el rostro al imbécil que se había atrevido a llamar a su novio. . .puta. . .lo quería matar.

Los oficiales llegaron a tiempo, tomando a Tom de los brazos, levantandolo mientras que otro avisaba por su boquitoqui la presencia de una ambulancia.

Tomaron a Tom fuertemente, esposandolo en el transcurso.

—¡No!—. Gritó Bill, al ver como se llevaban a Tom —¡Dejadlo!—. Exclamó mientras corría detrás del oficial que lo tenía, pero este al ver las intenciones del pelinegro se dio vuelta para mirarle con el ceño fruncido —por favor, el no ha hecho nada—. Dice, desviando su mirada del oficial hacía Tom quien tenía la cabeza gacha.

—ha agredido a alguien, pudo haberlo matado—. Responde el oficial con voz sumamente masculina ya que su edad sobrepasaba los treinta —lo llevaré a la comisaría, pasará la noche en una celda de retención, podrán pasar a por el cuando se cumplan las veinticuatro horas o si mejor le parece, también pueden pagar la multa para dejarlo salir antes. Ahora me retiro —. Eso fue lo último que dijo.

Tom eleva su mirada, encontrándose con la mirada preocupada de su chico —Tranquilo, pumpkin. Yo estaré bien—. Trata de calmarlo.

—Tendra derecho a hacer una llamada—. Musita el oficial cansino, pues no era la primera vez que intervenía con situaciones como estás.

Se encaminaron hacía el coche policial, adentraron a Tom allí Cadí tirándolo, Bill gruño por el trato que le daban, ¡Tom no había hecho nada malo!, y ahora el estaba desesperado, ¿Como se supone que pagaría la multa, para que dejasen salir a Tom?. Entre tantas preguntas mentales, Pipe se acercó tocándole el hombro, por lo que el azabache dio un leve salto.

—Vamos, podemos pagar la multa.

—¿No sería mejor avisar a sus padres?—. Preguntó él azabache. Mikel quien se acercaba le nego con la cabeza.

—No—. Dice —No es la primera vez que Tom queda detenido, en sus antiguos tiempos, por estar drogado o borracho se metía en este tipo de problemas—. Por eso estaba tan tranquilo; pensó el pelinegro —Sus padres no saben eso, nosotros siempre habíamos pagado la fianza para que lo soltasen, Tom nunca quiso que ellos se enterasen porque sabía que se decepcionarian y tampoco quería involucrarlos en su miserable vida—. Soltó sin más.

𝐀𝐃𝐃𝐈𝐂𝐓𝐈𝐎𝐍 | ᵀᴼᴸᴸ (𝑬𝒅𝒊𝒕𝒂𝒏𝒅𝒐)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora