Capítulo 37

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Dejaste al caballito en su establo muy a tu pesar y volviste adentro junto a Merle.

—Yo podía enseñarte a montar— Desde que te vio montada con Jonh no había parado de decirlo.

—Lo sé, pero no quería molestarte con eso.

—¿No querías molestarme? Pero sí querías que ese imbécil se sentará detrás tuya restregándote la polla ¿O qué?.

—¡Merle!— Le gritaste. ¿Como podía tergiversar tanto una simple acción?—¿Cómo voy a querer eso? ¡Maldito idiota!— Ya empezabas a estar harta.

—Yo que sé, acabo de decirte que no lo quería cerca tuya y a las horas estás pegada a él— Bueno eso era verdad. Aún así no querías prohibir te el interactuar con nadie por mucho que se pusiera tonto.

—Eso es verdad, perdona— Dijiste más calmada.— Pero eso que me pides sería muy feo de mi parte, ¿Acaso no estás agradecido por todo lo que ha hecho por nosotros?

—No, lo hizo porque quiso, y aún se queda porque quiere, aún no sé porque diablos no se marcha— Respondió, Bufaste.

—Solo quiere echarnos una mano.— Intentaste que entrara en razón. Pero para Merle que lo defendieras era peor.

—¡A lo único que quiere echarle una mano es a tí! Alejandra, ¿No te das cuenta?— Dijo obvió y fastidiado.

Ladeaste la cabeza sin entender, no veías a Jonh de esa forma.

—¡Quieres dejarlo ya!, eso es ridículo, sabe de sobra que estoy contigo.

—A ese imbécil no parece que le importe— Susurro abriéndote la puerta de casa para que entrases. Entraste seguía de él.

—Lo que tú digas—Terminaste la discusión— Voy a darme un baño, por cierto ¿donde está Nora? ¿Dormida?

—No, está con Daryl— Recordó Merle y echó un vistazo a su reloj— Es la hora de su siesta— Recordó— Bueno, tú ve a ducharte, yo me encargo— Te dio un fugaz beso en los labios y salió de tu campo de visión.

Te cosquillearon los labios unos segundos y se te escapó una sonrisa. Subiste hacia la ducha.

•••

Mientras te enjabonabas sentiste un liguero toque de exitacion. Observaste la alcachofa de la ducha para quitarte el jabón, está era como una manguera pero al final tenía una regadera. Recorriste tú cuerpo limpiandote el jabón de la cabeza a los pies. Pero te detuviste al llegar a tu intimidad, manteniéndola ahí, sentiste esas cosquillas junto a la excitación que volvía. Hacia mucho, pero mucho tiempo no que explorabas tu cuerpo por tu cuenta.

Saliste de baño envuelta en una toalla con la cara colorada. Entraste en tú habitación con los pelos de punta, necesitabas descargar esa necesidad. Pensaste en Merle pero estaría ocupado con Nora.

Te mordiste ansiosa las uñas, te decidiste de la toalla y entraste a la cama. Empezando a tocarte gentilmente, se te hacia raro, hacia tanto tiempo que no lo hacías. Hasta sentías que estabas haciendo algo malo, eso solo pudo darte más morbo. Se te escapó un gemido y sí, nadie conoce mejor su cuerpo que uno mismo, pensaste.

•••  

Al conseguir que la pequeña se durmiera, decidió dejarla con una manta y almohadilla dentro de su pequeño espacio de juegos. Asi tendría un momento para ir a ver si aún seguías en la ducha.


Subió a las escaleras y el baño estaba abierto, ahí no estas. Merle entonces se dirigió a vuestra habitación pero se detuvo al poner la mano en el pomo.

Había escuchado algo.

Pero no estaba seguro. Pego la oreja a la puerta y en efecto, era un gemido, tuyo. El hombre se aparto sorprendido y las ideas llegaron solas. Entro, pensó qué así despejaría esas ideas, pero lo que vio solo lo empeoró.

—¿Alejandra?— Se estuvo un momento ha observar tus hombros desnudos , tu pelo alborotado y mejillas ardiendo—¿Qué haces en la cama?— Su pregunta no fue para nada pasiva, de hecho fue casi como una acusación.

—¿Eh?— Tú cara de susto podría significar muchas cosas y que presionaras las sábanas contra tu pecho también. Aún estabas en ese lapsus de aturdimiento post orgasmo.

Es, bajo lo que cabe, entendible. Ahí estabas como si acabarás de tener sexo con alguien en su propia cama, insultándolo. Entrecerró los ojos y se dirigió hacia tí.

—Merle, es que...— No terminaste de hablar cuanto te arrancó la sábana.

—¿Qué haces desduda?— No espero una respuesta, te tiro la sabana otra vez y miro con una velocidad admirable debajo de la cama—¿DONDE ESTÁ?— Se levantó gritándote directamente.

Apretujastee las sábana otra vez y entonces, entendiste lo que estaba pensando.

—Solo estab...—Te quedaste muda al ver su cara.

—¡CALLATE!— Volvio a cortarte mirando en el armario, detrás de las cortinas. Nada. Y finalmente volteo hacia la ventana, abierta.

Maldita sea, pensaste, ¿Porqué la dejarías abierta?

Él fue hasta esta y por maldita casualidad Jonh estaba justo debajo de esta.

—¡TÚ!— Le grito, el chico palideció. No era la primera vez que Merle le gritaba e iba a por él. Pero Jonh no sabía que Merle pensaba que acababa de saltar por esa ventana y tirarse a su mujer.—estas muerto— Merle susurro y salió corriendo de la habitación, ignorandote por completo.

Saliste de la cama, no había tiempo de vestirse, te pusiste una bata y fuiste detrás de él. Debías detenerle en lo que sea que pensaba hacer, ¡por dios! Pensate ¿No te podías ni masturbar en paz?

Merle DixonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora