Estabas en la cocina, preparando la comida para Nora, cuando Merle entró, esperando su habitual plato servido en la mesa. Se acercó al refrigerador y lo cerro, mirando hacia ti con una sonrisa que no correspondías.
—¿Qué hay para cenar?—preguntó, esperando tu respuesta habitual.
Te giraste.
—No lo sé, ¿Qué hay?—respondiste con sarcasmo, sin apartar la vista de la comida que estabas preparando para Nora.
Merle frunció el ceño, sorprendido por tu tono.
—¿Qué pasa?—preguntó, tratando de mantener la calma—. ¿Por qué ese humor?
Dejaste el cuchillo en la mesa y te volviste hacia él.
—¿De verdad Merle?—dijiste, con voz gélida—No soy tu puto robot de cocina. No estoy aquí para servirte.
Merle parpadeó, asimilando tus palabras.
—¿A qué te refieres?—dijo, empezando a irritarse—¿Por qué estás sacando eso ahora?
—No lo sé—réplicaste, levantando la voz— "Un ojo morado a la primera que contesten", "robot de cocina y vagina portátil" ¿Recuerdas?
—Alejandra... No puedes decirme esas cosas y quedarte como si nada, no es justo.
Cruzaste los brazos, manteniéndote firme.
—¿Y por qué no?—respondiste— Ya me decías esas cosas cuando nos conocimos...
—¡Esas cosas no iban para ti!—exclamó— Y... hace mucho que no digo algo así.
Sacudiste la cabeza.
—¿De verdad Merle?—preguntaste—. ¿O solo estás fingiendo?— Si eso había sonado a loca, pero que se le iba a hacer.
Merle golpeó la mesa, haciendo que los utensilios saltaran.
—¡Te he demostrado una y otra vez que me importas!—Exclamo—. ¡No puedes seguir castigándome por algo así!
Lo miraste fijamente, analizando sus palabras.
—No estoy aquí para castigarte, Merle—dijiste en voz baja—Pero tampoco puedo hacer como si nada hubiera pasado. Esas actitudes...
Merle respiró hondo, tratando de calmarse.
—¿Qué necesitas de mí, Alejandra?—preguntó, su voz era más suave pero aún cargada de emoción—. ¿Qué tengo que hacer para que te olvides de eso?
Lo miraste, tus ojos llenos de tristeza.
—Empieza por respetarme—dijiste—. Por entender que no estoy aquí solo para servirte. Que soy más que un "robot de cocina".
Merle levantó una ceja, soltando una risa sarcástica.
—¿Respetarte?—repitió—. ¿De verdad crees que no te respeto porque dije esas tonterías hace años? ¡Vamos, Alejandra, ni siquiera eres capaz de ver lo ridículo que suena eso!
Te estremeciste, pero mantuviste la firmeza en tu voz.
—Ridículo o no, me da igual. Todo esto me molesta —respondiste— Y no puedo seguir ignorándolo.
Merle agitó la cabeza, claramente frustrado.
—¡Mierda, Alejandra!—exclamó—. ¡Todos tenemos un pasado! ¿Vas a seguir condenarme por algo que hice antes de conocerte? ¡Eso es una locura! ¿estas loca o que?
Te mordiste el labio, tratando de controlar tus emociones.
—No quiero condenarte—dijiste con esfuerzo— solo juzgo tus acciones
ESTÁS LEYENDO
Merle Dixon
RomansaAlejandra encuentra a Merle en la azotea antes de que se cortase la mano. Alejandra: Reader. -Aquí Merle nunca se corto la mano. -No morirá obviamente. -No se relaciona con El Gobernador. -Por obvias razones no tendra gonorrea. -Alto contenido +18...
