Advertencia: Se habla de un tema sensible y de manera cruda. Discreción a los sensibles como yo.
¢¢¢¢¢¢¢¢¢¢¢¢¢¢¢¢¢¢¢¢¢¢¢¢¢¢¢¢¢¢¢¢¢¢¢
Los días pasaron más lentos de lo habitual. Aunque Merle estaba físicamente contigo y con Nora, era como si su mente estuviera en otro lugar. Al principio, intentaste ignorarlo, pensar que solo era el estrés del día a día, pero las señales eran demasiado claras para pasarlas por alto.
Lo notaste cuando apenas te respondía con esas bromas sarcásticas que tanto te gustaban. Cuando sus manos, siempre tan rápidas para buscarte, ahora parecían titubear. Y, sobre todo, cuando sus ojos, normalmente llenos de energía, ahora se perdían en la nada, dejando tras de sí un vacío que no podías entender.
No querías presionar. Con Merle nunca funcionaba. Si algo habías aprendido de él, era que necesitaba tiempo para procesar sus cosas, y lo último que quería era que te vieras como una intrusa en sus pensamientos. Así que te limitaste a observar, esperando que esa nube que lo seguía desapareciera por sí sola.
Pero una semana después, las cosas no habían mejorado. Si acaso, habían empeorado.
Esa noche, mientras te acostabas junto a él, te inclinaste para besarle el cuello, como siempre hacías antes de dormir. Tus labios apenas rozaron su piel cuando sentiste cómo su cuerpo se tensaba bajo tu toque.
-Merle... -murmuraste, apartándote ligeramente.
Él giró la cabeza hacia ti, sus ojos evitaban los tuyos.
-¿Qué pasa? -insististe, tratando de mantener la calma, aunque ya sentías ese nudo incómodo formándose en tu estómago.
-Nada, estoy cansado -respondió rápidamente, casi como si hubiera ensayado la respuesta.
Lo observaste en silencio mientras intentaba relajarse, obligándose a acariciar tu espalda con movimientos torpes, mecánicos. Sabías que no lo hacía de mala fe, pero no podías evitar sentirte rechazada. Te alejaste un poco, dándole su espacio, y decidiste no insistir. Mañana estará mejor, te dijiste, intentando tranquilizarte.
Pero no lo estuvo.
Los días siguientes fueron más de lo mismo. Cada vez que buscabas su atención, él parecía congelarse. Incluso cuando intentabas algo tan simple como un abrazo o un beso, Merle parecía... asustado. No era rechazo, no del todo. Parecía que luchaba consigo mismo para corresponderte, pero siempre terminaba huyendo, inventando cualquier excusa para evitar el momento.
Y entonces, esa idea horrible comenzó a instalarse en tu cabeza.
¿Es que ya no le gusto?
No querías creerlo. Sabías que Merle te quería, lo habías visto en sus ojos, en la forma en que protegía a Nora, en los pequeños gestos de cariño que tenía contigo, incluso cuando intentaba actuar como si no le importara. Pero esta distancia era nueva, y no podías evitar sentir que tal vez habías hecho algo mal.
Una tarde, mientras preparabas la comida, no pudiste más. Esto tiene que acabar.
Cuando escuchaste sus pasos entrando en la cocina, te giraste rápidamente hacia él.
-Merle, tenemos que hablar -dijiste, cruzándote de brazos para darle énfasis a tus palabras.
Él te miró sorprendido, como si no esperara esa confrontación.
-¿Sobre qué? -preguntó, fingiendo desinterés mientras tomaba una botella de agua de la encimera.
-No te hagas el tonto, sabes exactamente sobre qué.
ESTÁS LEYENDO
Merle Dixon
RomanceAlejandra encuentra a Merle en la azotea antes de que se cortase la mano. Alejandra: Reader. -Aquí Merle nunca se corto la mano. -No morirá obviamente. -No se relaciona con El Gobernador. -Por obvias razones no tendra gonorrea. -Alto contenido +18...
