Un mes después. Merle seguía igual, no empeoraba, pero tampoco mejoraba. Era frustrante y te estaba arrastrando a ti con su tristeza.
Hoy era un día tranquilo, bueno, al menos eso querías pensar. Merle estaba encerrado en la habitación que compartían, solo esperabas que no volviera a consumir nada raro. Optaste por seguir dándole su espacio, sea lo que sea que le pasara era demasiado complicado para que lo hablara conmigo fácilmente.
Quería pensar eso, era mejor que pensar que ya se había aburrido de nuestro matrimonio y se estaba distanciando porque le salía del culo.
Hacías un puzzle tratando de distraerme pero no funcionaba, no lograba concentrarme, no podía dejar de sobre pensar todo y rayarme la cabeza.
Miraste a Nora, como no, dormida entre los cojines de su espacio. Ni siquiera podías céntrate en ella para dejar de pensar. Te levantaste decidida hasta la habitación donde estaba Merle para confrontarlo de una vez, otra vez...
•••
Merle estaba sentado al borde de la cama, encorvado, los codos apoyados en las rodillas y la mirada perdida en el suelo. Ni siquiera alzó la vista cuando entraste. La habitación estaba en penumbra, con las cortinas apenas abiertas dejando entrar la luz grisácea del día nublado. Olía a tabaco, a cuero viejo, y a esa tristeza que se había pegado a él como una sombra.
—¿Qué coño te pasa, Merle? —disparaste sin rodeos, cerrando la puerta detrás de ti.
Nada. Silencio. Solo el suspiro largo, casi derrotado, que salió de él.
—Mírame —insististe, dando un paso más cerca—. Llevas semanas así. Te hablo y apenas respondes, duermes pero no descansas, comes solo porque te obligo. ¿Qué te está pasando?
—No quiero joderte con mis mierdas, Ale —murmuró finalmente, con la voz ronca de no haber hablado en horas.
—Ya lo estás haciendo —respondiste con una mezcla de dolor y enojo. Te cruzaste de brazos, las manos apretadas—. Estás aquí, pero no estás. Estoy empezando a sentirme sola contigo a mi lado. Y eso no puede ser.
Merle alzó la cabeza por fin. Tenía las ojeras marcadas, los ojos opacos, como si llevara días peleando contra algo invisible.
—Es que... no sé cómo estar bien —admitió, y fue como una confesión arrancada de su interior a la fuerza—. Me acuerdo de cosas, Alejandra. De mierdas que ni siquiera debería seguir arrastrando. Cosas que tuve hacer... cosas que me hicieron.
Te acercaste despacio, sentándote a su lado. No lo tocaste aún. Él bajó la cabeza otra vez, como si le diera vergüenza que lo vieras así de roto.
—¿Por qué no me lo contaste antes? —preguntaste con suavidad—. ¿Por qué aguantas solo si ya no tienes que hacerlo? Estoy aquí... somos un equipo, ¿no?.
—Porque me da miedo. Miedo que me mires distinto si te cuento quién fui de verdad. Todo lo que me tragué para sobrevivir. Miedo que pienses que no merezco todo esto... tú, Nora, la casa.
—Merle... —susurraste, ahora sí posando la mano sobre su rodilla—. No hay nada en este mundo que pueda hacerme pensar que no mereces estar aquí. Ni siquiera lo peor de ti. Porque lo peor de ti ya lo conozco... y aún así te amo con cada parte de mi alma.
Merle te miró entonces. Con esos ojos que siempre escondían un huracán.
—Te necesito, Ale. Más de lo que me atrevo a decir. Pero cuando me siento así... siento que si me tocas, me deshago.
Lo abrazaste sin pedir permiso, como si tu calor pudiera sellar las grietas invisibles. Él se dejó ir por primera vez en semanas. Apoyó la frente en tu cuello, sus brazos te rodearon con fuerza, desesperados, como si fueras el único refugio que le quedaba.
—No te vayas —susurró contra tu piel—No me dejes hundirme más en mi miseria.
—Nunca —prometiste—. Aquí estoy, Merle. Siempre. Aunque estés hecho polvo, aunque no tengas fuerzas, aunque el pasado te quiera arrastrar. Aquí estoy.
Y se quedó contigo así, por fin permitiéndose estar mal... solo porque tú estabas ahí para sostenerlo.
No se esperaba que reaccionases así, porque no se esperaba que reaccionaras bien, ahora ya se empezaba a sentirse él de nuevo. Al final esto no había ido tan mal como se esperaba.
•••
Merle se aferró a ti como si el mundo entero se estuviera desmoronando afuera y tú fueras lo único que quedaba en pie. No hablaba, solo respiraba contra tu cuello, profundamente, como si intentara inhalar suficiente de ti para sentirse completo otra vez.
—Perdóname —murmuró después de un largo silencio, con voz temblorosa, seca—. No sé cómo manejar esto... ni cómo decírtelo sin sonar como un maldito cobarde.
—No tienes que manejarlo solo —respondiste sin dudar— Puedes venirte abajo, lo que te haga falta. No me voy a mover de aquí en ningún momento.
Él asintió contra tu piel, como si esas palabras fueran demasiado, como si no se creyera aún que las merecía. Alzó la cabeza, sus ojos estaban rojos, brillantes.
—A veces... todavía tengo miedo de no saber cómo querer bien. De arruinarlo. De arruinarte.
—Tarde —susurraste con una sonrisa triste, y le acariciaste la barba con cariño—. Ya me arruinaste. Me arruinaste para cualquiera que no seas tú.
Merle soltó una risa ronca, quebrada, y te besó de repente. Fue un beso lento, necesitado, que decía más que todas las palabras que no encontraba. Sus manos subieron por tu espalda, queriendo memorizarte otra vez, aferrándose como si pudieras salvarlo de todo.
—Gracias, mi amor —dijo contra tus labios— Por no rendirte. Por seguir creyendo que valgo algo... incluso cuando yo no lo creo.
—lo vales todo para mí —le dijiste con sinceridad total—. Tú me salvaste primero, ¿recuerdas?. Me cuidaste, Ahora es mi turno.
Se dejó caer contigo en la cama, abrazándote con fuerza. No hubo más palabras por un rato. Solo el calor compartido, los dedos entrelazados, los cuerpos juntos en silencio.
Cuando finalmente habló otra vez, fue en un susurro.
—Necesito que me tengas paciencia...
—La tengo —le aseguraste— y mucho amor.
Merle te besó la frente, largo y profundo. Y aunque todavía le dolía, aunque los fantasmas no se habían ido, por primera vez en mucho tiempo... se sintió que pertenecía a algo. Contigo. Donde siempre perteneció.
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Merle Dixon
RomansaAlejandra encuentra a Merle en la azotea antes de que se cortase la mano. Alejandra: Reader. -Aquí Merle nunca se corto la mano. -No morirá obviamente. -No se relaciona con El Gobernador. -Por obvias razones no tendra gonorrea. -Alto contenido +18...
