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La noche es serena, y un leve susurro de viento acaricia la cima de la colina donde tú y Ben han encontrado el lugar perfecto para su cita. Están en un mirador natural, un pequeño claro rodeado de árboles que se abren justo en el borde del acantilado, ofreciendo una vista impresionante del valle que se extiende debajo. Desde allí, se pueden ver las luces parpadeantes de la ciudad a lo lejos, como estrellas reflejadas en la tierra.

Se sientan sobre una manta extendida en el suelo, con algunos bocadillos de un lado y un termo de café caliente al otro. El sonido de los grillos y el susurro de las hojas son la única banda sonora, creando una atmósfera de paz y soledad. Arriba, el cielo está despejado, y las estrellas titilan en una vasta extensión de terciopelo negro. La luna llena ilumina suavemente sus rostros, creando un resplandor plateado en sus ojos.

Te acurrucas más cerca de él, apoyando tu cabeza en su hombro, mientras él rodea tu espalda con un brazo protector. En silencio, ambos contemplan la inmensidad del universo, perdiéndose en la danza de las constelaciones.

El frío de la noche los envuelve, pero no lo sienten; la calidez de estar juntos los mantiene a salvo. La noche avanza, pero ustedes no tienen prisa. Por ahora, el cielo estrellado es todo lo que necesitan, un telón perfecto para una cita que ambos recordarán por mucho tiempo.

De repente comienzas a hablar, señalando algunas constelaciones que reconoces en el cielo.

—Esa es la constelación de Andrómeda, es una de las pocas que puede verse todo el año —dices con una voz suave, señalando una agrupación brillante de estrellas.

—No era eso una leyenda de los griegos? —pregunta Ben intrigado.

Algo así, era la princesa de Etiopia —comenzaste a relatar —Su madre Casiopea había cometido hybris al presumir que su belleza era mayor a las de las Nereidas, y Poseidón quien era el protector de estas se enojo tanto que decidió inundar la tierra y liberar al ceto, un monstruo marino para acabar con los hombres —mirabas las estrellas mientras lo contabas, captando la atención de tu acompañante quien no despegaba la mirada de ti —La única forma de evitar esa destrucción era entregando a la princesa al monstruo, antes de que la mataran el héroe Perseo, con la cabeza de Medusa lo detuvo y la salvo

—Dicen que incluso peleo con el ejercito del príncipe con el que estaba prometida para poder casarse con ella, cuando murieron la diosa Atenea la coloco en el cielo junto a la constelación de su esposo y de su madre —sonreíste al recordarlo, habías leído algunos poemas de esa historia, y quedaste fascinada al saber de su romance a primera vista —En esa época decidieron subir al cielo algunas de las famosas leyendas, algunos cuentan que los mismos dioses lo hacían como un regalo para que su existencia nunca fuera olvidada, aunque también era un castigo para algunos. Como un...

—Como un homenaje —finalizo por ti Ben, tú asentiste, creíste que lo habías aburrido con tu historia pero te sorprendió ver que te había escuchado atentamente, no a todos les agradaba la mitología pero al parecer a él si, mientras viniera de ti.

—Exacto —te quedaste callada un momento, pensando lo tranquilo que era ese momento, podías escuchar la suave melodía que hacía el viento y sentir esa brisa fresca en tu rostro —Ojala las estrellas jamás se fueran —confesaste.

—Por qué? —pregunto curioso al ver tu mirada.

—Porque cuando mueren se van apagando poco a poco desapareciendo y nosotros apenas nos damos cuenta, no es sino hasta que se va que notamos su ausencia. Me da miedo terminar así... —era una sensación extraña que tenías de ser olvidada.

—Créeme que el día que tú faltes yo escribiré sobre todo el cielo tu nombre para que nadie te olvide, no existen ya constelaciones con nombres? Investigare las estrellas para poder escribir tu nombre en una —dijo tan seguro que no estabas segura de si lo decía enserio, pero en su mirada solo había claridad.

—Eso parece algo imposible —murmuraste, siendo escuchada por él.

—Junto a ti he podido conocer lo que es el amor, créeme que eso solo sería una pequeña muestra —mencionó mientras tomaba tu mano suavemente, deposito una pequeña pulsera de tonos plateados en ella, con dijes de estrellas y algunas perlas, brillaba bajo el resplandor que hacia la luna. La coloco cuidadosamente en tu muñeca para volver a tomar tu mano y entrelazarlas.

Siguieron conversando durante mucho más tiempo del que parecía, tú le señalabas algunas estrellas mientras que le platicabas su historia. Él no podía dejar de mirarte, como si estuviera hechizado, perdido en tu explicación, en tus ojos brillando. En ese momento a pesar de escucharte tú le pareciste más deslumbrante que todas las estrellas del firmamento.

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♡ᴡɪᴛʜ ʏᴏᴜ...ɪɴ ᴀɴᴏᴛʜᴇʀ ʟɪғᴇ°࿐Donde viven las historias. Descúbrelo ahora