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La tensión había ido creciendo entre Ron y Hermione durante días, alimentada por el estrés, el cansancio y, sobre todo, por la influencia del guardapelo. Aquella noche, bajo la tenue luz de la tienda, una discusión aparentemente trivial estalló con una intensidad que ninguno de los dos esperaba.

¡No podemos simplemente sentarnos aquí y esperar a que algo pase! —gritó Ron, su voz temblando de frustración. El guardapelo brillaba débilmente en su cuello, como si estuviera alimentando su ira.

¡No estamos esperando! ¡Estamos planeando, buscando la forma más segura de encontrar la espada! Pero tú... ¡tú solo te quejas y no haces nada útil!- le respondió Hermione, levantándose del lugar donde estaba sentada con su libro abierto. Sus ojos estaban llenos de lágrimas contenidas. Siempre tan lógica, tan metódica, pero esta vez su voz estaba cargada de emociones.

¿No hago nada útil? ¡Claro, porque todo es tan fácil para ustedes dos! ¡Harry, el elegido! ¡Tú, la más lista de todos! ¿Y yo? ¿Qué soy yo aquí?- Las palabras de Hermione golpearon a Ron como un hechizo. Frunció el ceño, su rostro rojo de furia.

¡Eres nuestro amigo, Ron! ¿Por qué no puedes verlo?- Hermione lo miró con desesperación.

¡Ron! —Harry intentó intervenir, levantándose del otro lado de la tienda

Pero Ron ya estaba agarrando su mochila, movido por una mezcla de rabia, tristeza y la insidiosa voz que susurraba desde el guardapelo.

No puedo seguir haciendo esto. Si ustedes creen que pueden hacerlo sin mí, entonces adelante.- dijo, su voz ahora baja, casi quebrada.

¡Ron, no te vayas! —Hermione dio un paso hacia él, pero él ya había cruzado la entrada de la tienda.

El frío de la noche lo envolvió al instante, pero Ron no miró atrás. Caminó sin rumbo fijo, su corazón latiendo con fuerza mientras las palabras de Hermione y Harry resonaban en su cabeza, mezcladas con los crueles susurros de Tom Riddle desde el guardapelo.

"Nunca te necesitaron realmente. Nunca lo hicieron."

A lo lejos, Hermione lloraba, y Harry intentaba consolarla mientras veía la silueta de su amigo desvanecerse en la oscuridad.

Volverá. Tiene que volver.- dijo Harry, aunque no estaba seguro de creerlo

Ron caminaba solo por la fría oscuridad del bosque, su mente completamente nublada por el dolor y las voces que resonaban en su cabeza. El guardapelo colgaba de su cuello, como una carga insoportable que no podía dejar atrás, pero que tampoco podía quitar. Cada vez que intentaba liberarse de él, sentía un peso mayor, como si la maldición del objeto lo estuviera absorbiendo poco a poco, debilitando su cuerpo y su mente.

"Nunca serás suficiente. "Tu madre no te quiere, tu familia te ignora... El amor de Sirius no era real. ¿Qué haces aquí, Ron? No eres nada sin ellos."- susurraba la voz de Tom Riddle, suave, como un eco que recorría su conciencia.

Sus pasos se volvían cada vez más lentos, su respiración más agitada. No podía dejar de pensar en Sirius, en lo que había perdido, y sobre todo, en cómo él mismo había fallado. La pelea con Hermione lo había herido profundamente, aunque no lo admitiría en voz alta. Se sentía solo, atrapado en una oscuridad que parecía infinita.

A lo lejos, pudo escuchar voces. Rápidamente se escondió entre los árboles, agachándose para evitar que lo detectaran. Mortífagos. Por un momento, estuvo tentado de enfrentarlos, pero las fuerzas lo abandonaban. El guardapelo le quemaba el pecho, su peso se hacía más insoportable. Estaba perdiendo el control.

Unos pasos acercándose lo hicieron saltar. No quería ser visto, no ahora. Miró hacia su cuello, sintiendo el guardapelo como si fuera una cadena de hierro que lo ataba al pasado, al sufrimiento. Si pudiera arrancárselo, podría recuperar un poco de paz, pensó. Pero todo en él le decía que no era tan sencillo.

Los mortífagos pasaron cerca, pero no lo detectaron. Cuando estuvieron lo suficientemente lejos, Ron continuó caminando, sin rumbo fijo. Algo dentro de él le decía que debía regresar, que debía volver con Harry y Hermione. Pero otra parte, la más oscura, la que lo dominaba por momentos, lo convencía de que seguir adelante era lo único que podía hacer. No merecía estar con ellos. No merecía su ayuda.

La voz de Tom Riddle se alzaba más fuerte, recordándole cada fracaso, cada debilidad, y con cada palabra, sentía cómo su corazón se hundía un poco más en el abismo.

No puedes escapar de ti mismo, Ron Weasley.

El frío le calaba los huesos, pero lo que más lo torturaba era la sensación de estar perdiendo todo lo que había sido, todo lo que había significado para él. Sabía que si no encontraba una forma de quitarse el guardapelo de encima, pronto sería demasiado tarde.

Entonces, de repente, en medio de la oscuridad, una figura apareció frente a él. La silueta de un hombre lo miraba fijamente. Ron levantó la cabeza, apenas pudiendo enfocarse. El rostro de la figura le era familiar, y aunque su mente estaba nublada, su corazón saltó en un instante.

Sirius... —murió un susurro entre sus labios.

Pero era imposible. Sirius ya no estaba, y sabía que era solo su mente jugando con él. Sin embargo, la imagen seguía allí, mirando fijamente a Ron.

Ron, no dejes que te consuman las sombras. Tienes que ser más fuerte que esto.

La voz era suave y cálida, una que Ron conocía bien. La misma que había escuchado durante aquellos pocos momentos felices, aquellos días en que todo parecía estar bien.

Con esfuerzo, Ron cerró los ojos y apretó los dientes. El guardapelo seguía quemándole el pecho, pero las palabras de Sirius, aunque distorsionadas, lo alcanzaron, dándole un impulso de determinación. Tenía que regresar. Tenía que hacerlo por él mismo, por sus amigos, por todo lo que había perdido.

Con el alma cargada de dolor y su cuerpo exhausto, Ron comenzó a caminar de vuelta hacia el campamento, hacia el lugar donde sus amigos lo esperaban. Sabía que no podría hacerlo solo, pero también sabía que, si no lo intentaba, seguiría hundiéndose en la oscuridad.

Los mortífagos aún rondaban, pero ahora Ron ya no tenía miedo de enfrentarlos. Lo único que le importaba era dejar atrás esa sombra que lo perseguía y, aunque no sabía cómo, regresar a donde su familia y amigos lo necesitaban.

Sin embargo, la voz de Riddle siguió susurrando en su mente "Nunca serás suficiente..."

Pero ahora, por primera vez en mucho tiempo, Ron no lo escuchó.

Continuara...

Me enamore de un criminal (SIRIUS X RON)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora